Pujas online para pioneros digitales

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 28 de abril de 2014 – Entrada original en EL PAÍS

“Vernacular of File Formats” una serie de autorretratos corruptos de Rosa Menkam.

Quedan sólo tres días pero aun hay tiempo suficiente para hacerse con algunas de las obras más significativas de la historia del arte digital. Born Digital, concebida por los críticos y comisarios italianos Domenico Quaranta y Fabio Paris para el portal de subastas online Paddle8, ofrece a todo el mundo la posibilidad de conseguir por un precio que varía entre los 100 y los 15 mil euros, algunas de las piezas más emblemáticas del new media art europeo. Con obras de pioneros como Vera Molnar y Herbert W. Franke, clásicos del net.art como JODI, Heath Bunting o Alexei Shulgin, y jóvenes promesas, se trata de la subasta de arte digital más importante organizada hasta ahora en Europa y, aunque esté abierta a todos los públicos, se dirige principalmente a los museos y centros de arte contemporáneo.

Born Digital, que mantendrá abiertas las pujas hasta el miércoles 30 de abril, en realidad es una subasta organizada por Quaranta y Fabris para recaudar fondos por el centro que fundaron en Brescia (Italia) en 2011 y dirigen desde entonces. Se trata del Link Center for the Arts of the Information Age (Link Art Center), un centro multifuncional, que promueve la investigación artística basada en las nuevas tecnologías y la reflexión crítica sobre los temas cruciales de la era de la información. “Born Digital es a la vez una exposición online y una subasta para financiar nuestras iniciativas. Nació como una apuesta arriesgada, pero los artistas que hemos contactado han participado en masa, de modo que conseguimos organizar un evento de cierta importancia con 33 creadores de diferentes generaciones y más de 50 trabajos”, explica Quaranta, que ha impuesto como única condición que los artistas fueran europeos.

El “386 DX” de Alexei Shulgin, la “primera banda de rock ciberpunk”. Foto: Rosa Menkman.

Entre las obras por las que se puede pujar se encuentran trabajos inolvidables como una copia del célebre 386 DX, un viejo PC, protagonista de un genial experimento de reciclaje creativo, que su creador, el pionero del net.artista ruso Alexei Shulgin, definió la “primera banda de rock ciberpunk”. Imposible olvidar las irónicas performances de este estrafalario ordenador que interpretaba live los clásicos del rock, mediante un software para la vocalización de textos, mientras Shulgin se mantenía en un discreto segundo plano. La puja para conseguir el ordenador cantante empieza de 8.000 euros.

Al principio el 386 DX se exhibió como si fuera un mendigo, pidiendo limosnas en las equinas de las calles al ritmo de California Dreaming de The Mamas & The Papas. Sin embargo pronto, vistas sus potencialidades, el proyecto se convirtió en un concierto performance, protagonista de una gira que llevó el histriónico creador ruso por medio mundo a lo largo de casi una década.

A partir de los 15 mil euros, “Scrollbar Composition” de Jan Robert Leegte es la instalación más cara que se subasta en “Born Digital”.

Entre los demás trabajos hay propuestas para todos los gustos: impresiones digitales, instalaciones, vídeos, GIFS animados, net.art, esculturas y archivos para imprimir en 3D. Los precios son variables y van desde los 15.000 euros de Scrollbar Composition, una instalación del holandés Jan Robert Leegte a los muy asequibles 100 euros de los ViBo del italiano Carlo Zanni. Para el mundo del arte los ViBo o Video Books resultan un formado novedoso, que Zanni ha importado desde el marketing donde estas publicaciones publicitarias suelen llamarse video in print o video greeting cards. Carlo Zanni se ha apropiado de este formato, que suele llevar incorporado un vídeo para la presentación de un producto, convirtiéndolo en los ViBo, unos objetos artísticos de precio contenido, que incluyen obras audiovisuales, como el reciente The Sandman de Zanni, y constituyen una original alternativa para la difusión del vídeo arte.

ViBo o Video Books de Carlo Zanni, una original alternativa para la difusión del vídeo arte.

En Born Digital además de los pioneros Vera Molnar y Herbert W. Franke y de muchos clásicos del net.art como JODI o Heath Bunting encontramos también algunos de los nombres más relevantes de la actual escena digital como Aram Bartholl, Janez Janša, Evan Roth y Constant Dullaart.

España está representada por el reconocido artista catalán Joan Leandre, fundador con Toni Serra de OVNI, la célebre muestra de video alternativo de Barcelona. Leandre participa con The Wild Life Permutations set 1, una investigación sobre arquitecturas y geometrías en 3D, coleccionadas por el propio artista a través de la red y almacenadas en una tarjeta de memoria SD. Le acompaña el valenciano afincado en Londres Emilio Gomariz, que ofrece dos obras: el GIF animado SPH3R3 y Fluids, un loop abstracto e hipnótico que se reproduce al infinito.

“El Link Art Center se quedará con el 20% de la recaudación, el 8% será para la plataforma Paddle8 y los artistas obtendrán el 72%”, indica Domenico Quaranta, que se ha visto obligado a organizar el evento por la necesitad de recaudar fondos para su centro de arte, institución independiente y minoritaria, que no dispone del apoyo de un mecenas empresarial como muchas otras entidades sin ánimo de lucro italianas. “La mayoría del trabajo realizado hasta ahora ha sido financiado por patrocinadores privados nacionales o internacionales, aunque a menudo se ha podido realizar únicamente gracias a la buena voluntad y las colaboraciones gratuitas”, asegura Quaranta, destacando las numerosas iniciativas organizadas por el Link Art Center a nivel local, internacional y en la red, desde exposiciones y producciones de proyectos hasta la publicación de libros, a través del sello editorial Link Editions.
Entre las nuevas propuestas destaca el Link Cabinet, una galería online comisariada por Matteo Cremonesi, que se inaugura este mes con un nuevo proyecto de Jonas Lund.

“Sin duda, la subasta es una manera de comprobar si existe una alternativa a esta situación, pero es sobretodo un experimento que queríamos llevar a cabo, siendo ante todo personas a las que nos gusta experimentar”, concluyen Quaranta y Fabris, invitando también todos aquellos que en principio no tienen intención de adquirir nada a seguir el desarrollo de las pujas en Born Digital.

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Montxo Algora, el hombre que vino del futuro

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 03 de febrero de 2014 – Entrada original en EL PAÍS

Montxo Algora, director de ArtFutura, revela los secretos del festival que inaugura su 24ª edición el proximo jueves en Medialab-Prado.

Cuando se habla de pioneros del arte electrónico muchos se olvidan de alguien que ha desempeñado un papel fundamental en nuestro país. Un olvido cuyas razones probablemente se encuentren en las características mismas de un personaje que se suele ver poco por España. Cada año Montxo Algora aparece casi de la nada con su creatura, el festival ArtFutura, consiguiendo generar un gran revuelo, sobre todo mediático (ArtFutura sigue siendo uno de los eventos del sector que cosecha más repercusión en los medios nacionales), para desaparecer de pronto como ha llegado. De origen madrileño, Algora vive entre Estados Unidos, Inglaterra, España y Brasil y nunca se sabe exactamente en que país del mundo organizará la próxima edición de su festival, lo cual alimenta el misterio a su alrededor. Creador de una fórmula única, que a finales de 2014 celebrará los 25 años, Algora puede presumir la paternidad de uno de los pocos productos españoles en el ámbito del arte electrónico que se ha exportado con éxito internacionalmente.

Cada edición de ArtFutura es un mundo aparte y tiene diversos momentos clave. Este año, después de su estreno el pasado mes de noviembre en Barcelona, llega a Madrid donde presentará su 24ª edición del 6 al 8 de febrero, después de un largo periplo internacional por ciudades como Tenerife, Turín (Italia), Santiago de Chile y Buenos Aires, entre otras. La gira terminará en México DF, el próximo mes de marzo.

Presentación de ArtFutura en Barcelona (1990): con Rebecca Allen y Timothy Leary a la derecha.

Surgido en los albores del arte electrónico, ArtFutura se gestó a finales de la década de 1980. La primera edición, que se inauguró en 1990, desplegó un sorprendente programa que permitió al público de Barcelona disfrutar de artistas y teóricos de la talla de Timothy Leary, Rebecca Allen o William Gibson, reconocidos pioneros de una época en la que aún no existía Internet. En ellos Algora vislumbró el germen de las vanguardias del arte electrónico y desde entonces nunca les dejó. Para ArtFutura, 1990 fue un año clave que estableció el camino a seguir, estructurando el festival entre exposiciones y presentaciones de artistas de primera fila como Stelarc, Laurie Anderson, Peter Gabriel, Zush (Evru), La Fura dels Baus, Brian Eno y David Byrne, solo para citar algunos de los muchos que animaron las ediciones de la época dorada.

Stelarc en Barcelona (ArtFutura 1993).

Desde el principio Algora impuso al festival un matiz muy especial, ajeno a modas y tendencias y alejado del conceptualismo y de los gurús de sector, renovando la red de colaboradores, a menudo que el formato evolucionaba. En 2008, esta actitud le permitió celebrar los 20 años del certamen, organizando la exposición Máquinas y Almas nada menos que en el buque insignia del arte contemporáneo español el Museo Reina Sofía de Madrid. Con obras de Daniel Canogar, John Maeda, Rafael Lozano-Hemmer, Sachiko Kodama y Chico MacMurtrie, Máquinas y Almas, realizada con la colaboración técnica de la productora madrileña LaAgencia, fue una muestra atípica e inolvidable por diversos motivos.

Tuvimos la suerte de vivir ArtFutura desde dentro en 2001 y 2002, comisariando en sendas ediciones las exposiciones Digital Jam y Web as Canvas (La Red como Lienzo) y nos dimos cuenta de que ArtFutura es el reflejo tangible de Montxo Algora y su especial vinculación con el arte basado en las nuevas tecnologías. Su fascinación por lo no convencional le empuja a involucrar el público en una experiencia sin límites de edad, tal y como lo demuestran las salas abarrotadas de público, jóvenes y no, en vibrante expectativa por encontrarse con los creadores de los efectos especiales de sus películas preferidas.

A la espera de las celebraciones para el 25º aniversario nos quedamos con la presente edición que el próximo jueves, bajo el lema Feeding the Web, desplegará gratuitamente en el Medialab-Prado de Madrid el programa audiovisual completo de ArtFutura. Este año nada de exposiciones, sino una apuesta reducida, conservadora y respetuosa de las circunstancias económicas del momento, para enfocar una edición de transición comprometida y sostenible.

Como adelanto de todo esto, el Silicio ha hablado con Montxo Algora para intentar descubrir el secreto de un festival único no solo en España.

El Arte en la Edad del Silicio. En breve ArtFutura cumplirá 25 años y continúa conservando ciertas peculiaridades que le diferencian de lo que hoy en día definimos new media art. ¿Puede que las características de ArtFutura dependan de que haya nacido en una época en la que el concepto de nuevos medios no estaba todavía definido?

Montxo Algora. Yo creo en el concepto de cultura digital. Creo que es la cultura de nuestro tiempo. Puede ser muy generalista, pero existe ciertamente una ‘sensibilidad digital’. Algo que une a varias generaciones que han contado con estas herramientas digitales para experimentar con sus vidas.
No es ni mejor ni peor. Cada tiempo tiene sus características y el nuestro viene definido por la tecnología de los unos y los ceros. Dentro de mil años, si todavía existimos como humanos, habrá otras. Sin embargo, hoy por hoy el poder procesar información y comunicarnos de una forma tan poderosa es lo que marca nuestro tiempo.
Cuando comenzamos ArtFutura estábamos al inicio de este proceso de transformación digital y ni existía la World Wide Web ni el concepto de new media. Era la época de la Realidad Virtual. Cuando algo era cool, se decía que era realidad virtual. Ahora el concepto está casi en desuso. Como el del ciberespacio y es porqué ya están asumidos. Los peces de la pecera son totalmente inconscientes del agua en la que flotan.

Montxo Algora y ArtFutura 1993: “…cuando algo era cool, se decía que era realidad virtual”.

El Arte en la Edad del Silicio. ArtFutura tiene una estrecha relación con el binomio hombre/máquina, la estética cyborg y la realidad virtual. ¿Crees que el arte basado en las nuevas tecnologías haya alimentado la fascinación por los arquetipos históricos, hibridizándose entre ciencia ficción e investigación sobre la vida?

Montxo Algora. Internet es el perfecto ejemplo de cyborg. Hemos creado un nuevo ser, mitad humanidad y mitad máquina inteligente. Y nosotros somos las extremidades de este nuevo ente y nuestros pensamientos discurren por las redes, como la sangre por nuestro cuerpo. Lo que llamamos ‘imaginario colectivo’ es más relevante ahora que nunca. Está formado por millones de imágenes y sonidos que vienen del cine, de la literatura, del arte… Y tendrán una incidencia crucial en definir nuestro futuro. Por eso el arte es tan importante. Sobre todo en un mundo que crece exponencialmente.
Desde los años 60 hay algo que se cumple regularmente: la Ley de Moore. Aproximadamente cada dos años se duplica el número de transistores de un circuito integrado y, a medida que los componentes de las plataformas con base de silicio crecen en capacidad, se vuelven más económicos, poderosos e integrados en nuestras vidas diarias.
En otras palabras, vivimos un proceso exponencial donde los microprocesadores están en todas partes, desde los juguetes de nuestros hijos a los semáforos que marcan el ritmo de las ciudades. Esto nos llevará a unos próximos 20 años vertiginosos.
Marshall McLuhan escribió que nos dirigíamos hacia el futuro a cien por hora mirando el espejo retrovisor. Bien, eso era en los 60, porque ahora vamos a mil por hora y no sólo seguimos con la nariz pegada al retrovisor, sino que vamos directos contra un muro.
El caso es que todas estas capacidades nos permitirían crear un futuro infinitamente más humano, sin pobreza, sin injusticias y enormemente creativo, pero seguimos obsesionados con el espejo retrovisor. Un espejo que nos retrotrae a ese imaginario colectivo que hemos creado a lo largo de cientos de años, basado en la codicia y plagado de imágenes violentas.
Y una de dos: o cambiamos de dirección, o acabaremos en un mundo exponencialmente más egoísta, codicioso e injusto. En definitiva, más inhumano. No precisamente el que quiero para mi hijo. Esa es la realidad, no se trata de ciencia ficción.

David Byrne (a la derecha) y el robot Julio (Hanson Robotics) en la exposición “Máquinas y Almas”. Museo Reina Sofía (2008).

El Arte en la Edad del Silicio. Has vivido una época de pioneros, en estrecho contacto con personajes de la talla de Timothy Leary, Zush, Rebecca Allen o William Gibson. Desde aquel primer ArtFutura en 1990 ¿cómo consideras que ha cambiado la seducción y la sensibilidad del público por la tecnología?

Montxo Algora. En los 90 era algo muy minoritario y experimental y ahora todo está generalizado y asumido. Recuerdo vivamente el primer ArtFutura. Todavía vivía en California y volví de una visita a Barcelona con una oferta para montar un evento sobre arte y tecnología. Tuvimos una reunión en casa de Timothy Leary en Beverly. Era un fin de semana soleado. Debía ser septiembre de 1989, el año que aparece la Realidad Virtual. Y Timothy estaba encantado de ir a Barcelona, así que comenzó a llamar por teléfono a William Gibson, a Scott Fisher, a Gullichsen… y todos se apuntaron como en una excursión de amigos. Yo, por mi parte, convencí a Rebecca Allen para que trabajara con la Fura dels Baus de Marcel.lí Antúnez, que nunca antes habían trabajado con tecnología.
Así que me trasladé a Barcelona y mantuvimos el contacto a través de cartas. Cartas de correo que tardaban diez días en llegar. No teníamos ni fax y las llamadas telefónicas internacionales eran prohibitivas. Aún recuerdo llamando, justo antes del festival, de madrugada, para que resultara más barato.
Ahora todo ha cambiado. Puedo estar en Sao Paulo chateando con alguien en México DF. O puedo subir una foto al Facebook desde Bangkok y la ven todos mis amigos de California. O puedo contestarte desde Abu Dhabi a través de un Google Doc, tal como estoy haciendo con esta entrevista, y tú visionarlo desde Barcelona en tiempo real.

El Arte en la Edad del Silicio. ArtFutura nunca ha seguido las modas. Coquetea con la vertiente comercial de los audiovisuales y 3D, pero no es abanderado de ninguna tendencia: net.art, software art, robótica u open source, que sea. En nuestra opinión ArtFutura ha sido y será siempre sinónimo de Montxo Algora…

Montxo Algora. Creo que la vida pasa muy rápida. A mí al menos se me ha pasado a toda velocidad. He intentado que sea un viaje interesante. Y todos los grandes viajes son compartidos. No puedo decir que haya sido un gran negocio, pero como viaje vital ha sido fascinante. Y hemos participado un montón de gente. Gente como José Luis de Vicente, Pau Waelder, Rebecca Allen, Vicente Matallana, Clara Doucet, Santi Fort, Xavier Berenguer, Dani Sánchez Crespo, Antonio Mayo… y un montón de colaboradores en Barcelona, Madrid, Sevilla, Buenos Aires, Montevideo… Cientos de personas sin cuya ayuda no hubiera sido posible. También un montón de espectadores, cerca de dos millones, contando las exposiciones, a los cuales espero que ArtFutura haya aportado algo en sus vidas. Me alegraría si así fuese.

Obra de Paul Friedlander en la exposición “Máquinas y Almas”. Museo Reina Sofía (2008).

El Arte en la Edad del Silicio. A pesar de no ser un referente de las vanguardias digitales, ArtFutura sigue siendo probablemente el único evento de sector totalmente Made in Spain, que se ha exportado en el extranjero, convirtiéndose en una realidad reconocida en medio mundo. ¿Cómo lo has conseguido?

Montxo Algora. ¿Que no somos vanguardia? ¡Vaya desilusión..! Tampoco es que seamos los únicos que viajan, hay otros: el Sónar, el OFFF… Aunque imagino que tampoco son vanguardia 🙂 En cualquier caso yo siempre he vivido entre varios países: Estados Unidos, Inglaterra, España, Brasil… Y ahora tenemos bastantes proyectos en los Emiratos Árabes. Siempre he tenido la actitud del superviviente. Si en un sitio no te va bien, no te quejas, te mudas.

El Arte en la Edad del Silicio. Siempre hemos encontrado muy atrevido hablar de arte del futuro. Finalmente los nuevos medios son el arte del presente, más que del futuro. ¿Puede que el nombre del festival haya aspirado a capturar sectores de público más fascinados por los efectos especiales que por el arte en sí?

Montxo Algora. ArtFutura es un buen nombre, nada más. El arte que define su tiempo siempre tiene un pie en el presente y otro en el futuro. The Shock of the New de Robert Hughes es un gran título y explica como el arte necesita de estímulos nuevos.. que es una mutación constante.
Y que el presente nos reclama constantemente nuevas formas de sentir, de confirmar que estamos vivos. Lo fascinante de Rembrandt o de Vermeer es que en un momento dado fueron presentes y rompían totalmente con el pasado inmediato. Pero ya no lo son. Y necesitamos más. Siempre más.
Es el impulso vital que nos lleva a generar nuevas formas y nuevas experiencias. Aquí y ahora. Nuestras almas anhelan nuevas formas y nuevas experiencias.

“Tecura” una instalación interactiva de Evru en la exposición “Máquinas y Almas”.

El Arte en la Edad del Silicio. Uno de los puntos de fuerza de ArtFutura ha sido llegar al público a través del entretenimiento y el disfrute de la creatividad, sin necesidad de tener conocimientos previos sobre el arte. Tiene además una enorme difusión en los medios de comunicación. ¿Qué pasa? ¿ArtFutura ha conseguido el Santo Grial o la fórmula que los museos no consiguen alcanzar?

Montxo Algora. El auténtico arte debe ser entendido. O sentido. O experimentado. No creo en el arte críptico ni en el que necesita de elementos externos para llegar a entenderse. Aunque el arte puede tener muchos niveles de comprensión y todos son válidos. Y, por supuesto, siempre que haya una persona al que una obra de arte le diga algo, esa obra cobra sentido.
Lo que a mí me llega es lo que me emociona, me hace pensar, ensancha mi visión del mundo o me hace sonreír. Y puede ser tan diverso como Miró, Vermeer, Sachiko Kodama, Duchamp, Dalí o Robert Crumb. Todos ellos me dicen cosas. Mi vida es más gracias a ellos.

El Arte en la Edad del Silicio. ¿Qué está cocinando Montxo Algora para la celebración de los 25 años de ArtFutura? ¿Algo parecido a Máquinas y Almas, la exposición conmemorativa para el 20º aniversario que tuvo lugar en el Reina Sofía?

Montxo Algora. Ya me gustaría. De momento estamos preparando un documental con José Manuel Pinillo sobre estos 25 años. El subtítulo es “La Promesa Digital” y entrevistará a una serie de gente destacada sobre lo que fue y lo que puede ser la promesa digital. De momento han hecho una lista interesante: Clay Shirky, William Gibson, Sherry Turkle, Kevin Kelly, David Byrne, Rebecca Allen, Remo Balcells
También estamos negociando en Emiratos algún evento especial. Pero son tiempos difíciles. Con una crisis financiera que, además, ha sido causada directamente por la transformación digital. Así que sigo mi regla de que hay que ajustarse a las posibilidades de tu presente. No hay otro. Cuando Dios te cierra una puerta, es que te abre una ventana. Y la vida siempre te sorprende.

El Arte en la Edad del Silicio. Ahora de veras: ¿Cómo crees que será el arte en el futuro? 😉

Montxo Algora. Ni idea.

Escuchar la música con los dientes

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 13 de enero de 2014 – Entrada original en EL PAÍS

El público experimentando la conducción ósea en el Museo Universitario del Chopo en Ciudad de México.

La escena es memorable. En la Galería Rampas del Museo Universitario del Chopo en la Ciudad de México, un grupo de individuos ensimismados delante de una estructura hexagonal de madera y aislados por unos auriculares, muerden con los dientes una oblea de acrílico.
La estructura hexagonal es lo más parecido a un dispositivo de reproducción musical, dotado de seis brazos que sostienen otros tantos tocadiscos, unas componentes electrónicas y, en la extremidades superiores, seis bobinas acopladas a unos reproductores de audio MP3. Sin embargo, pese a que en los tocadiscos ruedan unos LP de vinilos, en el ambiente no se oye ningún sonido, porque la música llega al oído del público directamente por conducción ósea.

La oblea que el público muerde tiene un alambre conectado a un dispositivo dotado de una aguja de tocadiscos y un imán de neodimio. Al colocar la aguja de acero sobre el vinilo, el sonido generado en los surcos es transmitido a los dientes por el alambre, que hace vibrar la oblea permitiendo la conducción ósea del sonido. Asimismo al acercar el dispositivo a la bobina, un campo electromagnético hace vibrar el imán transmitiendo el sonido por el alambre a los dientes, los huesos del cráneo y el tímpano”, explica al Silicio Arcángel Constantini, para definir el funcionamiento de Surcos de campo, una de las seis obras producidas por el Museo Universitario del Chopo para la muestra Sonorama. Arte y tecnología del Hi-fi al MP3.

“Surcos de Campo” de Arcángel Constantini en “Sonorama. Arte y tecnología del Hi-fi al MP3”.

Surcos de Campo se enmarca en una línea de investigación que el artista y comisario de Ciudad de México Arcángel Constantini lleva trabajando desde hace dos décadas, entremezclando experimentos artísticos e investigación científica con el objetivo de plasmar nuevas hipótesis y aproximaciones a la naturaleza de los dispositivos electrónicos y a los medios de comunicación. Surcos de Campo plantea al mismo tiempo un diálogo entre soportes de diferentes épocas (tocadiscos y reproductores de MP3) y dos procesos físicos: la propagación sonora como fenómeno vibratorio que se irradia por ondas elásticas en el medio sólido y se genera cuando el público apoya la aguja en el vinilo y la propagación electromagnética, que se verifica al acercar el dispositivo dotado de un imán a las bobinas.
“Poner la aguja en el vinilo implica una presión física, que genera una propagación del sonido debido a la interacción con los surcos. Al acercar la aguja a las bobinas, las vibraciones se perciben sin contacto físico, a través del campo electromagnético que se propaga en el aire, ya que esta fuerza hace vibrar un imán que está colocado cerca de la aguja”, continúa Constantini, esgrimiendo una oblea conductora mordisqueada y tranquilizando el público de que no hará falta lamer todos el mismo dispositivo, ya que se prepararon quinientos que se desinfectan tras cada uso.

La conducción ósea del sonido tiene sus peculiaridades. Es un fenómeno que se viene estudiando desde hace siglos y de hecho es parte normal del proceso de la escucha”, indica Constantini. “Cuando grabamos nuestra voz en un medio analógico o digital, al reproducirla nuevamente, no nos reconocemos, aunque los demás nos reconocen, porque sólo quedan registrados los sonidos medios y los agudos. Al pasar el aire por la tráquea y las cuerdas vocales, las frecuencias graves hacen oscilar nuestros dientes y lo que percibimos de nuestra voz es la mezcla de lo que capta el oído del aire y lo que se escucha por conducción ósea”, asegura al Silicio Constantini, explicando así por qué nuestra voz grabada siempre nos suena muy rara.

No hay que subestimar el tema de la conducción ósea. A pesar de que el propio Beethoven, afectado por la falta de capacidad auditiva, pegaba el cráneo al piano para percibir las sonoridades, esto no es un campo de investigación que interesa sólo el ámbito médico y la ayuda a personas con trastornos de la escucha.
Es bien conocido que las nuevísimas gafas inteligentes de Google (Google Glass) no disponen de auriculares y utilizan la conducción ósea para llevar el sonido al oído. Como hemos visto en el pasado, en muchas ocasiones la investigación artística en el campo de las nuevas tecnologías se mezcla con la investigación científica y, aunque en la actualidad la calidad del sonido ofrecida por la propagación ósea no es comparable a la que proporcionan los auriculares, estamos sólo al principio del estudio de una tecnología tan antigua como innovadora.

Como es habitual en todo trabajo de Arcángel Constantini, que fue comisario de nuevos medios del Museo Tamayo de Ciudad de México hasta 2010 y actualmente forma parte del Sistema Nacional de Creadores Artísticos FONCA, Surcos de Campo se completa con una amplia documentación sobre la historia de la conducción del sonido y la evolución de los dispositivos para reproducir música a partir de 1550, cuando el matemático italiano Girolamo Cardano planteó la transmisión del sonido a través de unas láminas de metal que debían ser apretadas entre los dientes.

Detalle de la instalación “Comunidad Hi-Fi” de Tania Candiani en “Sonorama”

La obra de Constantini es una de las más destacadas entre las propuestas que se presentan en Sonorama. Arte y tecnología del Hi-fi al MP3, una muestra colectiva comisariada por Daniel Garza-Usabiaga y Esteban King Álvarez, que permanecerá abierta al público en el Museo Universitario del Chopo hasta el mes de marzo. Bajo el lema “Revisión sobre tecnología, cultura y arte contemporáneo”, los dos comisarios han reunido una selección de más de 20 artistas, con obras que ponen de manifiesto el vertiginoso desarrollo de las tecnologías para la reproducción y el consumo doméstico de la música. “La exposición explora algunos temas relacionados con los cambios culturales favorecidos por la llegada de las nuevas tecnologías de reproducción musical desde mediados del siglo XX hasta nuestros días. Se trata de una muestra de tecnología, una investigación sobre cultura visual y un ejercicio crítico que involucra al arte contemporáneo”, explican Daniel Garza-Usabiaga y Esteban King Álvarez.

“Audio Structure 2” de Quirarte + Ornelas en “Sonorama. Arte y tecnología del Hi-fi al MP3”.

Los dos comisarios han seleccionados obras que reinterpretan el funcionamiento de aparatos tan comunes y ahora casi olvidados como tocadiscos y reproductores de cintas magnéticas. También hay esculturas de casetes ensambladas por lápices (Quirarte y Ornelas), unos utensilios que en la década de 1980 se convirtieron en el método más barato para rebobinar y buscar el tema deseado. Además de la poesía sonora y experimental de Ulises Carrión, creada a partir de textos de Shakespeare, se exhiben seis piezas que otros tanto artistas, Tania Candiani, Gerardo García de la Garza, Juan Pablo Villegas, Paola de Anda, Lauro López-Sánchez y el propio Constantini, han producido ex profeso para la ocasión.

Comunidad Hi-Fi – Tania Candiani

Comunidad Hi-Fi de Tania Candiani revisa la entrada en el hogar de los grandes muebles modulares que nacieron junto con la alta fidelidad. El proyecto, realizado en colaboración con Pepe Mogt y Christopher Galicia, recurre a la tecnología de los años cincuenta para realizar uno de estos grandes aparatos, que funciona con bulbos y reproduce una pista de audio original desde dos tocadiscos”, indican los comisarios.
La obra de Gerardo García de la Garza se puede definir un instrumento de diapasones controlado por sensores de proximidad ultrasónicos, mientras Juan Pablo Villegas presenta unos vídeos sobre los procesos sonoros y la percepción del espacio y el tiempo.

Artefactos sonoros y sonidos de vanguardia desde México DF

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 12 de diciembre de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

Los “Magnetófonos” de Iván Puig, unos de los artefactos sonoros que se presentarán en los jardines del CNART (México DF).

Puede que en las últimas décadas la investigación sobre instrumentos musicales se haya estancado, para centrarse en el desarrollo científico y tecnológico, pero esto no significa que no se estén creando nuevos artefactos sonoros, sobretodo en ámbito artístico. Lo demuestra el evento que tendrá lugar este sábado día 14 de diciembre, en México DF. De las 13 a las 17 horas en los jardines del Centro Nacional de las Artes (CNART) se celebrará la primera edición de FACTO, un Festival de Artefactos Sonoros, concebido por el artista y comisario mexicano Arcángel Constantini, que se enmarca en el Festival Luces de Invierno, organizado por el Consejo Nacional por la Cultura y las Artes (CONACULTA) y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA).
Se trata una ocasión única para que nuestros lectores en el DF conozcan el trabajo de 15 artistas, estrechamente vinculados con la tecnología, que presentarán al público sus instrumentos sonoros, experimentarán con ellos y realizarán una jam session colectiva.

Performance de Arcángel Constantini con el “8 X 8 Ω 1 bit”.

“Se establecerán 15 espacios y desde cada uno de ellos se emitirán sonidos amplificados simultáneamente, generando un flujo sonoro que inundará los jardines del Centro Nacional de las Artes”, explica Constantini al Silicio. El artista comisario ha diseñado un programa planteado como una improvisación musical, donde el público está invitado a deambular entre en los jardines del CNART, disfrutando de las tesituras sonoras y descubriendo lo último en tecnología de vanguardia.

Las piezas de los 15 artistas bien representan la exuberante creatividad de la escena contemporánea latino americana, que desde hace unos años se está imponiendo sobre la creación electrónica occidental con obras muy originales y bien resueltas desde el punto de vista formal y tecnológico. En particular el panorama mexicano destaca por obras de corte low tech, con dispositivos que no desprecian el uso de componentes talladas en madera. Estas piezas, que parecen surgidas de un laboratorio artesanal de antaño, representan una respuesta alternativa a una década de instrumentos casi industriales, como los que se realizan en muchos laboratorios artísticos occidentales, que en nuestra opinión se han estancado demasiado en el paradigma formal del open source.

Un ejemplo de todo esto son los Magnetófonos de madera, que su creador Iván Puig define unos “instrumentos de exploración sonora y a la vez una serie en proceso”, que emplean como materia prima las cintas magnéticas de viejos estudios de grabación. “Los fragmentos de cinta son colocados en los artefactos de manera aleatoria. En la recuperación de sonidos desechados, se deconstruyen segmentos de historia audible. El reciclaje generado indaga en los procesos cognitivos sonoros y su permanencia en la memoria”, indica Puig, cuyo trabajo se centra en reciclar y alargar la vida de los objetos obsoletos, inventando otras formas posibles. “Me gusta que la gente se sonría cuando la pieza detona en su interior. Me gusta pensar que el arte tiene una fuerza transformadora, política y creativa, con resultados concretos y tangibles y también con efectos sublimes y sutiles”, explica Puig que conocimos en las páginas del Silicio con SEFT-1, una extraordinaria Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada, realizada en colaboración con Andrés Padilla Domene.

“ÜberSonic” de Leslie García, un artefacto sonoro que permite interactuar con formas intangibles.

Tiene un corte artesanal también ÜberSonic de Leslie García, otra creadora que reseñamos anteriormente en el Silicio por sus experimentaciones sonoras con las plantas. “ÜberSonic es una serie de piezas open-hardware, que utilizan señales residuales de radio frecuencia para producir procesos de síntesis de sonido. La intención principal es desarrollar unas esculturas sonoras capaces de comunicarse como una red, utilizando la información física proveniente de distintos sensores”, explica García para describir un proceso que materializa los señales residuales, imperceptibles para nuestros sentidos y permite interactuar con formas intangibles.
Leslie García presentará en los jardines del CNART también Kupa, una investigación en proceso realizada en colaboración con Cinthia Mendoça, que aborda la transformación de la actividad bioeléctrica cerebral y sus posibles materializaciones.

8 X 8 Ω / 1 bit. Un artefacto sonoro electromagnético de Arcángel Constantini.

No necesita presentación Arcángel Constantini, creador multimedia y comisario, del que a menudo hablamos en el Silicio. Punta de diamante de toda una generación de artistas mexicanos y pionero de la escena internacional del arte electrónico, Constantini participa en el festival con 8 X 8 Ω / 1 bit, por definición un “hacking electromagnético”. Se trata de un dispositivo electrónico único, que utiliza ocho bobinas con micro controladores programados con un bit, un valor binario que controla el voltaje que circula en el dispositivo. Los sonidos que esta obra produce, se generan a través de la conversión de la corriente eléctrica a través del fenómeno de la inducción electromagnética.

Imposible describir aquí todos los artefactos sonoros que se presentarán el sábado en el DF. La única solución es acercarse a los jardines del CNART (o a las webs de los artistas) para disfrutar de una tarde única en compañía de Leslie García, Iván Puig, Marcela Armas, Yair López, Hugo Solís García, Gilberto Esparza, Yurián Zerón, Víctor Hugo Rodríguez, Bárbara Lázara, Juan Pablo Villegas, Juan Jose Rivas, Taniel Morales, Iván Abreu, Daniel Lara Ballesteros y Arcángel Constantini.

Nosotros cerramos nuestra panorámica con Gilberto Esparza, cuya obra investiga las relaciones entre tecnología y naturaleza. Este artista mexicano utiliza la biotecnología y la robótica para crear piezas que exploran el impacto de la tecnología en diversos aspectos de la vida cotidiana. En los jardines de CNART presentará BioSoNor, el segundo prototipo de un instrumento musical, que funciona alimentado por la actividad eléctrica de unos microorganismos.

“Cada uno de los participantes ha estado desarrollando una práctica artística significativa, en la que constantemente se vinculan los procesos de la tecnología con las poéticas del arte, produciendo artefactos sonoros, que dialogan con distintos modelos de producción”, concluye Constantini.

Mil sueños que me despertarán

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 09 de diciembre de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

“Velvet-Transcode” de Néstor Lizalde en Etopia, el nuevo Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza.

La vida es demasiado corta para concentrarme en el pasado, prefiero mirar hacia el futuro”, aseguraba el icono del rock intelectual Lou Reed, fundador junto con John Cale de The Velvet Underground. Han pasado casi 50 años de la publicación del mítico álbum The Velvet Underground & Nico y su legado sigue proyectado en el futuro, convirtiéndose en una inagotable fuente de inspiración para músicos y artistas de todo el mundo.
Lo demuestra la instalación interactiva del creador zaragozano Néstor Lizalde, Velvet-Transcode, algo así como una mesa de remezcla donde sumergirse en las sonoridades oníricas de la inolvidable banda neoyorquina. La pieza, que actualmente se exhibe en Zaragoza, permite explorar un icono de la contracultura: el famoso disco The Velvet Underground & Nico, producido por Andy Warhol en 1967, que ha sido digitalizado en todas sus dimensiones visuales y sonoras, para ser reconstruido sobre un nuevo soporte, una máquina que le otorga nuevas capacidades ligadas al mundo digital.

En realidad no se trata de ningún oportuno intento de aprovechar el interés mediático surgido a raíz del reciente y triste fallecimiento de Lou Reed. “Se trata de una invitación a amplificar el sentido de la obra para crear un nuevo prisma de visión”, explica al Silicio Lizalde, hablando de un proyecto que tiene ya un largo recorrido. Velvet-Transcode empezó a gestarse en 2010, en el marco del Máster en Artes Visuales y Multimedia de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y tras una primera versión, el artista ha desarrollado la instalación que se está exponiendo, renovada y actualizada, en la muestra Pasarela Media, organizada por Etopia, el nuevo Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza.

Velvet-Transcode es un dispositivo bastante alejado del tradicional formato instalativo. Se parece casi a un conjunto barroco, formado por una mesita, unos taburetes y una pequeña lámpara de pie con aire vintage, que remite a un típico ambiente interior de la década de 1960.  “Este objeto de estudio, que metafóricamente ha sido desintegrado y reconstituido como un objeto digital, se muestra ahora como un holograma que flota atrapado en el dispositivo”, explica Lizalde, para definir un sistema visual basado en la holografía, que genera en tiempo real música e imágenes. Este sistema es controlado por el público, a través de una interfaz de 49 pulsadores que permiten descomponer, modular y reorganizar el disco, de una forma variable y abstracta, recombinando más de mil archivos de audio y vídeo.
“El usuario puede explorar tanto los diferentes niveles visuales del disco como su dimensión sonora, que se visualiza sobre los pulsadores mediante formas luminosas. Cada vez que se carga una nueva pista de audio, esta modifica el resto de las pistas activas en un proceso de retroalimentación, que deriva en la mutación conjunta de las formas audiovisuales”, indica Lizalde. La principal novedad de esta versión de Velvet-Transcode reside en que los dos ordenadores, que controlan audio y vídeo, funcionando como cerebro de la obra, ahora están interconectados y pueden modularse mutuamente. “En esta versión cada pista de audio modula en tiempo real la generación gráfica que desarrollan las otras, a la vez que modula los canales de vídeo ligados a las pistas que se muestran en el dispositivo de imagen”, concluye Lizalde.

“Velvet-Transcode” de Néstor Lizalde. Detalle del dispositivo holografíco.

Velvet-Transcode se presenta en el marco de la exposición Pasarela Media, un proyecto de la Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento y de ProyectAragón para Etopia, comisariado por Mariano Salvador. La muestra, que se mantendrá abierta hasta el próximo 13 de enero, reúne artistas aragoneses que abordan la creación audiovisual a través de los nuevos medios. “La selección incluye recreaciones virtuales con claro acento divulgativo como El Foro Romano de Caesaraugusta en el Siglo II de Alfonso Sánchez y animaciones digitales con intenciones más artísticas como Nature by Numbers de Cristóbal Vila. Junto a abstracciones minimalistas de estética aleatoria como la obra del artista y músico Inane, Nuestro alrededor, se exhiben aventuras paisajísticas realizadas con técnicas estereoscópicas como Aragón 3D de Sergio de Uña y Vicenç Turmo. También hay un hueco para la intervención del espectador en la selección de contenidos. El público puede participar en un relato expansivo y transmedia como Plot 28 de Agustín Serra y Hernán Ruiz o entregarse a la vertiente más lúdica de la interactividad, como propone el equipo Arctic en La noche en vela”, explica al Silicio Mariano Salvador que, además de comisario de la muestra, es coordinador de las iniciativas y los premios Paseo Project.

“Gran Amarillo” de Enrique Radigales en el patio exterior de Etopia.

También destaca la participación de Enrique Radigales, un artista de Zaragoza con una amplia trayectoria en los nuevos medios, que exhibe en el patio exterior de Etopia, Gran Amarillo, una pieza que investiga las fisuras entre lo analógico y lo digital.
La grande mancha de color amarillo, una escultura pictórica realizada con lona de plástico que parece extenderse verticalmente, conecta idealmente el espacio físico del centro con el espacio virtual de Internet, que acoge su versión digital. La mancha virtual, que en esta ocasión estará online en la web provisional de Etopia porque el flamante centro aún no dispone de una página web propia, es una entidad cambiante que al ser intervenida con el ratón se amplía hasta ocupar toda la pantalla, mostrando el código de programación HTML utilizado.

Pasarela Media es uno de los numerosos eventos organizados para inaugurar el Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza Etopia. Además del V Congreso Iberoamericano de cultura digital que acaba de clausurarse, destaca la presencia de la exposición itinerante Desmontajes, Re/apropiaciones e Intrusiones, una producción de Acción Cultural Española y el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) de Badajoz, comisariada por Gustavo Romano. Hasta finales de enero el centro acoge también Quiero un millón de amigos, un proyecto realizado con el apoyo de José Carlos Arnal, director de la Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento y Juan Pradas del Ayuntamiento de Zaragoza, gestor de proyectos de Milla Digital.

Entre otras propuestas Quiero un millón de amigos, una exposición que trata de redes sociales, despliega tres trabajos de Néstor Lizalde que experimentan con la generación de formas audiovisuales a partir de estructuras en red, desde un punto de vista algo más antropológico. Francamente lograda, Gallinero es una nueva instalación protagonizada por ocho huevos que mantienen una conversación chispeante, alimentada por un software basado en un algoritmo diseñado para que puedan escucharse y responderse. Se genera así una escenografía audiovisual variable, donde cada huevo desarrolla una personalidad distinta a partir de sus propias bases de vídeo independientes y de la interacción con los demás huevos. “El resultado es un trabajo muy divertido, que simula en parte los comportamientos humanos colectivos en determinadas situaciones y genera conversaciones que a veces rozan lo surrealista”, indica el artista.

Néstor Lizalde participa en Quiero un millón de amigos también con Torre de cabezas, una escultura audiovisual que genera formas de vídeo holográficas, empleadas con intención escultórica y Boca en la red, basada en el desarrollo de un sistema de vídeo variable y no narrativo, con un cariz plástico y casi pictórico, que se genera a partir del ritmo de circulación de la información a través de Internet.

“Suelo alejarme de las formas narrativas tradicionales que han imperado a lo largo del siglo XX. Todos mis trabajos se basan en el desarrollo de sistemas audiovisuales, que emplean las estructuras de los nuevos medios para crear formas no lineales, poniendo de manifiesto las capacidades intrínsecas de estas tecnologías”, asegura Lizalde. El artista ha estado trabajando también en el desarrollo del software y la interfaz de control para poner en marcha la doble pantalla de unos 600 m2, que convierte la fachada de Etopia en un espacio para experimentar de forma creativa. Gracias a este dispositivo el Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza entrará a formar parte de la red internacionales de pantallas interactivas en áreas urbanas, a la que ya pertenece el Medialab Prado de Madrid. “Durante el Congreso hemos lanzado esta herramienta con la intervención de diez artistas latino americanos, invitados para experimentando con esta tecnología y sus posibilidades”, concluye Lizalde.

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