Arte cinético para las redes sociales

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 12 de mayo de 2014 – Entrada original en EL PAÍS

“Hungry Birds” de Voldemars Dudums fueron los primeros “pajaros tuiteros”.

Es bien conocido que el término anglosajón tweet, cada vez más omnipresente, es una onomatopeya vinculada a la afinidad sonora con el gorjeo de un pájaro. No por nada Tweety (Piolín) es el nombre del canario más célebre de la historia. Sin embargo, valga la redundancia, ¿pueden los pájaros tuitear? ¡Pueden! A pesar del juego de palabras las aves también tuitean en el sentido más contemporáneo del término, es decir envían mensajes de 140 caracteres a través de la red de Twitter. Y como los pájaros, también las moscas y las plantas, a través de perfiles controlados por robot informáticos (bots), automatizan la tarea de difundir mensajes, no necesariamente comprensibles, en el marco de proyectos artísticos experimentales.

En la red social de Twitter podemos encontrar numerosos casos de robots tuiteros. Estas ‘aves 2.0’ se remontan a una iniciativa de Voldemars Dudums, un creador de Letonia que activó un perfil muy locuaz, asociado a un teclado al aire libre con pedacitos de tocino el lugar de teclas. A pesar de que a lo largo de casi dos años los pájaros silvestres que se acercaban para picotear difundieron involuntariamente algo como cuatro mil mensajes incomprensibles a través del perfil Hungry Birds, actualmente la página oficial es inoperativa. A la espera de que Dudums regrese con su esperado nuevo proyecto, es posible bucear por la memoria de la iniciativa gracias al mega archivo online Archive.org.

¿Pero qué tiene que ver todo esto con el arte? Nos lo preguntaron muchos lectores cuando publicamos Twitter Art y la pregunta se volvió obsesiva cuando el año pasado descubrimos que también el medio ambiente tuitea, que existen numerosas plantas activas en las redes sociales (Y ahora las plantas tuitean) y que también las moscas (Una colonia de moscas mantiene en vilo los twitteros) hacen lo propio, a través de una instalación de David Bowen, que le valió incluso uno de los prestigiosos premios que reparte el Ars Electronica Center de Linz, durante el festival homónimo.
Volviendo a la pregunta, de qué es lo que relaciona todo esto con el arte, no hay que olvidar el contexto de la creatividad relacionada con las nuevas tecnologías, así como las connotaciones metafóricas y la aproximación crítica que se desprende de unas creaciones de estas características. El arte no debería ser sólo un producto comercial. El proceso creativo surge como una reacción y una aproximación estética a realidades culturales y sociales a partir de soportes reales y también virtuales, ya que “el Arte es la adaptación por el hombre de la materia sensible o inteligible para un fin estético”, tal y como afirmaba el joven Stephen Dedalus, en el Retrato del artista adolescente de James Joyce.

Ahora mismo entre los artistas que investigan las posibilidades creativas de Twitter se encuentra Anthony Prestia de San Francisco, que ha creado cuatro diferentes perfiles para llevar a cabo otras tantas tareas creativas. Great Artist es un artista totalmente automatizado, que utiliza la aplicación Become a Great Artist in Just 10 Seconds programada por Michael Brough y Andi McClure, para crear cuatro veces al día un nuevo lienzo digital que difunde a través del perfil @greatartbot. Casi un juego de estrategia, Lights Out! es en palabras del propio Prestia, el primer juego gráfico en la plataforma de Twitter.

“Cloud tweets” de David Bowen y su peculiar investigación sobre el arte cinético.

Además de las moscas de Fly Colony, David Bowen dispone de una interesantísima instalación que transmite Tuits desde el cielo, ya que su Cloud Tweets convierte la bóveda celeste en un teclado virtual que hasta el momento ha llegado a difundir más de 85 mil mensajes.

ReCAPCHAT, un proyecto del artista francés Jimpunk es una irónica y minimalista performance participativa online a través de una simple interfaz Captcha, una de las ya populares herramientas que se utilizan como sistema de control para el spam. En reCAPCHAT, cuando el usuario teclea la palabra indicada por el programa, si no ha cometido errores, verá como su contribución textual se convierte ipso facto en un mensaje que el proyecto difunde en la homónima cuenta @reCAPCHAT, una ironía que apunta al alud de contenidos redundantes e innecesarios que circula hoy en día en las redes sociales.
Una reflexión que comparten también Joan Heemskerk y Dirk Paesmans, la pareja belga holandés pionera de la escena del net.art, mejor conocida como JODI, con su SK8MONKEYS ON TWITTER. Se trata de una instalación que permite al público practicar skating sobre planchas producidas a partir teclados inalámbricos que, conectados al respectivo perfil en la red de Twitter, envían al ciberespacio mensajes incomprensibles, siempre y cuando el skater, performer o visitante que sea, apriete inadvertidamente con el zapato la tecla ‘envío’.

Una reflexión sobre este tipo de proyectos artísticos no puede no sugerir el concepto de automatismo, acciones que se repiten en el tiempo de manera más menos regular o aleatorias, y se pueden también clasificar como respuestas cinéticas que toman forma en las redes sociales. Son proyectos que enlazan idealmente con el arte cinético, una disciplina que se remonta a los futuristas de comienzo del siglo pasado y a nombres célebres como Duchamp o Calder. Estos artistas tenían mucho que ver con la relación entre la obra y el espectador. En el arte cinético la búsqueda del movimiento utiliza todo tipo de recurso, desde la acción del viento o del agua a motores e impulsos electromagnéticos. A pesar de lo que digan los escépticos, tenemos la sensación de que Duchamp habría apreciado la relación formal y el resultado final de la interacción automatizada que se genera entre un lugar lejano y su reflejo a través de las redes sociales.

“William S. Burroughs at Brion Gysin’s, Paris”, October 1979 – photo © Udo Breger en la expo “The name is BURROUGHS – expanded media” ZKM (Karlsrhue).

Twitter está plagado de robots. Sin embargo no se trata de las tradicionales figuras antropomórficas, los bots son autómatas virtuales cuya naturaleza se compone de bits y funcionan como pequeños programas que automatizan sencillas tareas como enviar mensajes.
Cuando el ZKM de Karlsrhue (Alemania) realizó The name is BURROUGHS – expanded media, una muestra monográfica dedicada a Burroughs, tuvo una cierta popularidad en la red el @BurroughsBot, algo así como una presencia activa en Twitter en homenaje al padre de la beat generation. Con su presencia @BurroughsBot mantiene viva en la red la memoria del mítico escritor retwitteando inexorablemente todo mensaje que lleve en el cuerpo del texto la palabra Burroughs.

En la misma línea existen en Twitter muchos otros bots más o menos enigmáticos como el Art Critic Bot del creador francés Éric Maillet. Por definición un “generador de criticismo artístico”, este perfil de Twitter es un programa de inteligencia artificial que realiza bajo pedido un enunciado crítico aleatorio, mediante un software que analiza los diferentes estilos y autores y los remezcla para producir un texto que oscila entre lo probable y lo paródico. Disponible también como instalación, el Art Critic Bot se presenta en el marco de una muestra de obras de arte, donde sirve a los visitantes como guía y herramienta para la reflexión.

Enunciados entre lo probable y lo paródico de “Art Critic Bot”, Éric Maillet.

Para cerrar entre los bots más inquietantes hay que mencionar On Kawara, un homenaje al homónimo artista conceptual japonés. Se trata de un bot que desde el 15 de enero de 2009 repite inexorablemente una vez al día “I AM STILL ALIVE”, un mensaje que el verdadero artista japonés solía enviar a sus conocidos a través de un telegrama.

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Una colección de arte electrónico en el despacho

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 10 de febrero de 2014 – Entrada original en EL PAÍS

“Expanded Eye” de Anaïsa Franco, premio ARCOMadrid/BEEP de Arte Electrónico 2011.

Quizás no todos sepan que probablemente la más importante colección de arte electrónico de España se encuentra en Cataluña y precisamente en las oficinas de la sede central del grupo empresarial Ticnova de Reus (Tarragona). La Colección BEEP, que reúne obras de artistas tan destacados como Eduardo Kac, José Manuel Berenguer o Marcela Armas, está dirigida por Vicente Matallana, fundador de la productora madrileña LaAgencia y su patrocinador es el empresario Andreu Rodríguez, presidente de Ticnova. Hace casi diez años que Rodríguez lleva forjando su colección a través del galardón ARCOmadrid/BEEP de Arte Electrónico, un premio de adquisición, dotado con 15.000 euros, que este año celebra su novena edición en la feria ARCOmadrid (del 16 al 23 de febrero).

“Nuestra implicación con el arte digital tuvo un punto de no retorno cuando creamos junto con Arco el premio adquisición ARCOMadrid/BEEP”, explica al Silicio, Rodríguez. En estos años su iniciativa, pionera en España, ha dado lugar a uno de los premios más destacados del circuito internacional, que además constituye una importante oportunidad para una generación de artistas y un sector que todavía queda al margen de los verdaderos intereses del mercado del arte. Al galardón pueden optar todas las obras que se exponen en el marco de ARCOmadrid y que implican el uso de nuevas tecnologías o arte electrónico de forma significativa, lo cual favorece la presencia de este tipo de obras en la feria madrileña. A pesar de que muchos tachan el evento de conservador, apuntando a la ausencia de arte digital y electrónico, no deja de sorprender que en la pasada edición el jurado tuvo que elegir el ganador entre más de 80 candidaturas.

Actualmente las obras de la Colección BEEP se exponen en la sede central del grupo empresarial Ticnova de Reus aunque desafortunadamente el espacio no está acondicionado para recibir visitantes. “La colección está abierta al público en la medida en que lo está una empresa privada”, confirma al Silicio, Vicente Matallana asegurando también que el próximo año y con motivo del 10º aniversario se desarrollará un plan para instalar todas las obras y realizar visitas guiadas del fondo. “Esto es un gran reto ya que no todas las piezas son fáciles de instalar e integrar en el espacio de la empresa”, asegura Matallana. Se refiere a instalaciones como Brainloop de Janez Janaša y Independent Robotic Community de Ricardo Iglesias y Gerard Kogler, aunque destaca que ahora mismo se pueden ver cinco obras maestras del arte electrónico: The Ekmrz Triology de Ubermorgen, Fascinum de Christophe Bruno, Nature Morte de Charles Sandison, Expanded Eye de Anaïsa Franco y The Perpetual Storytelling Apparatus de Julius Von Bismark y Benjamin Maus.

“Time Capsule” de Eduardo Kac, Premio ARCOmadrid/BEEP 2006.

La historia de la Colección BEEP empezó en 2006 cuando Eduardo Kac ganó la primera edición del premio con Time Capsule. “Es una instalación que reúne fotografías, radiografías y vídeos de cuando el artista brasileño se implantó quirúrgicamente un microchip en la pierna”, recuerda Rodríguez, hablando de la memoria histórica de aquella acción, pionera en el campo del bioarte. Time Capsule tomó forma en noviembre de 1997 en el centro cultural Casa das Rosas de São Paulo (Brasil) donde en directo, emitido por televisión y por Internet, Kac se implantó en una pierna un microchip digital. El artista, que todavía conserva el artefacto en su cuerpo, se convirtió así en el primer ser humano portador de un implante electrónico que contiene parte de su memoria histórica y fotografías que documentan la vida de su familia en la Europa de los años previos a 1939.

La última obra, galardonada en la edición 2013 de la feria ARCOmadrid, fue Nature morte, una lograda reinterpretación de una vanitas barroca desde la mirada de las nuevas tecnologías, firmada por el artista escocés Charles Sandison. Nature morte, presentada por la Galería Max Estrella de Madrid, forma parte de un conjunto de piezas que reflexionan sobre el lenguaje como producto de la evolución. Convencido de que el idioma es nuestra interfaz con la realidad, Sandison trabaja con programas informáticos, creados por él mismo y controlados por algoritmos de dinámica molecular, que generan palabras y las dotan de vida. En el caso de la obra premiada, el artista utiliza un cuarteto de Byron, que hace referencia al carpe diem, el disfrute del instante, en una escultura audiovisual generativa, y por lo tanto siempre distinta, que incluye elementos de la literatura, el romanticismo y la textualidad, además de una profunda reflexión sobre los nuevos medios.

Premio ARCOmadrid BEEP 2008, “Luci” de José Manuel Berenguer en la expo “banquete_08” LABoral. Foto: Marcos Morilla.

Evidentemente estamos hablando de obras que representan una viva imagen de la escena electrónica contemporánea, así que en base a los criterios de adquisición estipulados tienen que ser cedidas cuando son requeridas para alguna exposición internacional. “Nos piden préstamos continuamente. Por ejemplo, Luci del catalán José Manuel Berenguer es una pieza muy solicitada”, admite Rodríguez, que ha decidido dar mayor impulso a su proyecto creando la New Art Foundation, una fundación dedicada al arte tecnológico. La iniciativa, aún más valiosa por el momento de crisis en que se produce, tiene el respaldo del Colegio Oficial de Ingenieros Informáticos de Cataluña, las universidades Oberta de Cataluña, Politécnica de Cataluña y Ramón Llull, además del laboratorio de investigación ASCAMM de Barcelona.

“Más que nunca necesitamos que en Cataluña surjan iniciativas con vocación de convertirse en referentes internacionales”, asegura Rodríguez destacando como la Fundación concentrará su campo de actuación en el fomento de la creatividad y la producción de obras, así como en la investigación y difusión de las problemáticas y peculiaridades del arte tecnológico. “Además la Fundación se encargará de facilitar los contactos y las infraestructuras para que el área económica y de desarrollo pueda llevar a cabo sus objetivos, garantizando la sostenibilidad del proyecto a través de la exhibición de obras y contribuyendo a la creación de un mercado”, continúa el empresario, que descubrió su pasión por el arte gracias a su esposa, la artista multidisciplinar francesa Marie-France Veyrat. “Nos acercamos a la creación a partir de nuestro entorno más próximo y empezamos a adquirir obras abstractas, sobretodo de artistas catalanes. Sin embargo, muy rápidamente el universo creativo que estaba naciendo alrededor de las nuevas tecnologías, que además son nuestro ámbito de trabajo, captó todo nuestro interés”, concluye Rodríguez.

“Nature morte” de Charles Sandison, Premio ARCOmadrid/BEEP de Arte Electrónico 2013.

Mientras tanto, a la espera que el próximo año se establezca un marco idóneo para presentar al público las obras de la Colección BEEP, su director Vicente Matallana insiste en el aspecto pedagógico interno, que tiene la instalación de las obras en la sede de Ticnova. “Para mí, este fue un tema muy complicado incluso de asumir, debido a que las obras no se encuentran en unas condiciones ideales de exhibición. Pero luego he comprendido el punto de vista de Andreu Rodríguez al hacer que las obras estén integradas en el entorno laboral de la empresa. En un grupo tecnológico como Ticnova es muy importante que los empleados se sientan partícipes del proyecto y de otra visión más ambiciosa, en el buen sentido, de la tecnología”, concluye Matallana.

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Montxo Algora, el hombre que vino del futuro

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 03 de febrero de 2014 – Entrada original en EL PAÍS

Montxo Algora, director de ArtFutura, revela los secretos del festival que inaugura su 24ª edición el proximo jueves en Medialab-Prado.

Cuando se habla de pioneros del arte electrónico muchos se olvidan de alguien que ha desempeñado un papel fundamental en nuestro país. Un olvido cuyas razones probablemente se encuentren en las características mismas de un personaje que se suele ver poco por España. Cada año Montxo Algora aparece casi de la nada con su creatura, el festival ArtFutura, consiguiendo generar un gran revuelo, sobre todo mediático (ArtFutura sigue siendo uno de los eventos del sector que cosecha más repercusión en los medios nacionales), para desaparecer de pronto como ha llegado. De origen madrileño, Algora vive entre Estados Unidos, Inglaterra, España y Brasil y nunca se sabe exactamente en que país del mundo organizará la próxima edición de su festival, lo cual alimenta el misterio a su alrededor. Creador de una fórmula única, que a finales de 2014 celebrará los 25 años, Algora puede presumir la paternidad de uno de los pocos productos españoles en el ámbito del arte electrónico que se ha exportado con éxito internacionalmente.

Cada edición de ArtFutura es un mundo aparte y tiene diversos momentos clave. Este año, después de su estreno el pasado mes de noviembre en Barcelona, llega a Madrid donde presentará su 24ª edición del 6 al 8 de febrero, después de un largo periplo internacional por ciudades como Tenerife, Turín (Italia), Santiago de Chile y Buenos Aires, entre otras. La gira terminará en México DF, el próximo mes de marzo.

Presentación de ArtFutura en Barcelona (1990): con Rebecca Allen y Timothy Leary a la derecha.

Surgido en los albores del arte electrónico, ArtFutura se gestó a finales de la década de 1980. La primera edición, que se inauguró en 1990, desplegó un sorprendente programa que permitió al público de Barcelona disfrutar de artistas y teóricos de la talla de Timothy Leary, Rebecca Allen o William Gibson, reconocidos pioneros de una época en la que aún no existía Internet. En ellos Algora vislumbró el germen de las vanguardias del arte electrónico y desde entonces nunca les dejó. Para ArtFutura, 1990 fue un año clave que estableció el camino a seguir, estructurando el festival entre exposiciones y presentaciones de artistas de primera fila como Stelarc, Laurie Anderson, Peter Gabriel, Zush (Evru), La Fura dels Baus, Brian Eno y David Byrne, solo para citar algunos de los muchos que animaron las ediciones de la época dorada.

Stelarc en Barcelona (ArtFutura 1993).

Desde el principio Algora impuso al festival un matiz muy especial, ajeno a modas y tendencias y alejado del conceptualismo y de los gurús de sector, renovando la red de colaboradores, a menudo que el formato evolucionaba. En 2008, esta actitud le permitió celebrar los 20 años del certamen, organizando la exposición Máquinas y Almas nada menos que en el buque insignia del arte contemporáneo español el Museo Reina Sofía de Madrid. Con obras de Daniel Canogar, John Maeda, Rafael Lozano-Hemmer, Sachiko Kodama y Chico MacMurtrie, Máquinas y Almas, realizada con la colaboración técnica de la productora madrileña LaAgencia, fue una muestra atípica e inolvidable por diversos motivos.

Tuvimos la suerte de vivir ArtFutura desde dentro en 2001 y 2002, comisariando en sendas ediciones las exposiciones Digital Jam y Web as Canvas (La Red como Lienzo) y nos dimos cuenta de que ArtFutura es el reflejo tangible de Montxo Algora y su especial vinculación con el arte basado en las nuevas tecnologías. Su fascinación por lo no convencional le empuja a involucrar el público en una experiencia sin límites de edad, tal y como lo demuestran las salas abarrotadas de público, jóvenes y no, en vibrante expectativa por encontrarse con los creadores de los efectos especiales de sus películas preferidas.

A la espera de las celebraciones para el 25º aniversario nos quedamos con la presente edición que el próximo jueves, bajo el lema Feeding the Web, desplegará gratuitamente en el Medialab-Prado de Madrid el programa audiovisual completo de ArtFutura. Este año nada de exposiciones, sino una apuesta reducida, conservadora y respetuosa de las circunstancias económicas del momento, para enfocar una edición de transición comprometida y sostenible.

Como adelanto de todo esto, el Silicio ha hablado con Montxo Algora para intentar descubrir el secreto de un festival único no solo en España.

El Arte en la Edad del Silicio. En breve ArtFutura cumplirá 25 años y continúa conservando ciertas peculiaridades que le diferencian de lo que hoy en día definimos new media art. ¿Puede que las características de ArtFutura dependan de que haya nacido en una época en la que el concepto de nuevos medios no estaba todavía definido?

Montxo Algora. Yo creo en el concepto de cultura digital. Creo que es la cultura de nuestro tiempo. Puede ser muy generalista, pero existe ciertamente una ‘sensibilidad digital’. Algo que une a varias generaciones que han contado con estas herramientas digitales para experimentar con sus vidas.
No es ni mejor ni peor. Cada tiempo tiene sus características y el nuestro viene definido por la tecnología de los unos y los ceros. Dentro de mil años, si todavía existimos como humanos, habrá otras. Sin embargo, hoy por hoy el poder procesar información y comunicarnos de una forma tan poderosa es lo que marca nuestro tiempo.
Cuando comenzamos ArtFutura estábamos al inicio de este proceso de transformación digital y ni existía la World Wide Web ni el concepto de new media. Era la época de la Realidad Virtual. Cuando algo era cool, se decía que era realidad virtual. Ahora el concepto está casi en desuso. Como el del ciberespacio y es porqué ya están asumidos. Los peces de la pecera son totalmente inconscientes del agua en la que flotan.

Montxo Algora y ArtFutura 1993: “…cuando algo era cool, se decía que era realidad virtual”.

El Arte en la Edad del Silicio. ArtFutura tiene una estrecha relación con el binomio hombre/máquina, la estética cyborg y la realidad virtual. ¿Crees que el arte basado en las nuevas tecnologías haya alimentado la fascinación por los arquetipos históricos, hibridizándose entre ciencia ficción e investigación sobre la vida?

Montxo Algora. Internet es el perfecto ejemplo de cyborg. Hemos creado un nuevo ser, mitad humanidad y mitad máquina inteligente. Y nosotros somos las extremidades de este nuevo ente y nuestros pensamientos discurren por las redes, como la sangre por nuestro cuerpo. Lo que llamamos ‘imaginario colectivo’ es más relevante ahora que nunca. Está formado por millones de imágenes y sonidos que vienen del cine, de la literatura, del arte… Y tendrán una incidencia crucial en definir nuestro futuro. Por eso el arte es tan importante. Sobre todo en un mundo que crece exponencialmente.
Desde los años 60 hay algo que se cumple regularmente: la Ley de Moore. Aproximadamente cada dos años se duplica el número de transistores de un circuito integrado y, a medida que los componentes de las plataformas con base de silicio crecen en capacidad, se vuelven más económicos, poderosos e integrados en nuestras vidas diarias.
En otras palabras, vivimos un proceso exponencial donde los microprocesadores están en todas partes, desde los juguetes de nuestros hijos a los semáforos que marcan el ritmo de las ciudades. Esto nos llevará a unos próximos 20 años vertiginosos.
Marshall McLuhan escribió que nos dirigíamos hacia el futuro a cien por hora mirando el espejo retrovisor. Bien, eso era en los 60, porque ahora vamos a mil por hora y no sólo seguimos con la nariz pegada al retrovisor, sino que vamos directos contra un muro.
El caso es que todas estas capacidades nos permitirían crear un futuro infinitamente más humano, sin pobreza, sin injusticias y enormemente creativo, pero seguimos obsesionados con el espejo retrovisor. Un espejo que nos retrotrae a ese imaginario colectivo que hemos creado a lo largo de cientos de años, basado en la codicia y plagado de imágenes violentas.
Y una de dos: o cambiamos de dirección, o acabaremos en un mundo exponencialmente más egoísta, codicioso e injusto. En definitiva, más inhumano. No precisamente el que quiero para mi hijo. Esa es la realidad, no se trata de ciencia ficción.

David Byrne (a la derecha) y el robot Julio (Hanson Robotics) en la exposición “Máquinas y Almas”. Museo Reina Sofía (2008).

El Arte en la Edad del Silicio. Has vivido una época de pioneros, en estrecho contacto con personajes de la talla de Timothy Leary, Zush, Rebecca Allen o William Gibson. Desde aquel primer ArtFutura en 1990 ¿cómo consideras que ha cambiado la seducción y la sensibilidad del público por la tecnología?

Montxo Algora. En los 90 era algo muy minoritario y experimental y ahora todo está generalizado y asumido. Recuerdo vivamente el primer ArtFutura. Todavía vivía en California y volví de una visita a Barcelona con una oferta para montar un evento sobre arte y tecnología. Tuvimos una reunión en casa de Timothy Leary en Beverly. Era un fin de semana soleado. Debía ser septiembre de 1989, el año que aparece la Realidad Virtual. Y Timothy estaba encantado de ir a Barcelona, así que comenzó a llamar por teléfono a William Gibson, a Scott Fisher, a Gullichsen… y todos se apuntaron como en una excursión de amigos. Yo, por mi parte, convencí a Rebecca Allen para que trabajara con la Fura dels Baus de Marcel.lí Antúnez, que nunca antes habían trabajado con tecnología.
Así que me trasladé a Barcelona y mantuvimos el contacto a través de cartas. Cartas de correo que tardaban diez días en llegar. No teníamos ni fax y las llamadas telefónicas internacionales eran prohibitivas. Aún recuerdo llamando, justo antes del festival, de madrugada, para que resultara más barato.
Ahora todo ha cambiado. Puedo estar en Sao Paulo chateando con alguien en México DF. O puedo subir una foto al Facebook desde Bangkok y la ven todos mis amigos de California. O puedo contestarte desde Abu Dhabi a través de un Google Doc, tal como estoy haciendo con esta entrevista, y tú visionarlo desde Barcelona en tiempo real.

El Arte en la Edad del Silicio. ArtFutura nunca ha seguido las modas. Coquetea con la vertiente comercial de los audiovisuales y 3D, pero no es abanderado de ninguna tendencia: net.art, software art, robótica u open source, que sea. En nuestra opinión ArtFutura ha sido y será siempre sinónimo de Montxo Algora…

Montxo Algora. Creo que la vida pasa muy rápida. A mí al menos se me ha pasado a toda velocidad. He intentado que sea un viaje interesante. Y todos los grandes viajes son compartidos. No puedo decir que haya sido un gran negocio, pero como viaje vital ha sido fascinante. Y hemos participado un montón de gente. Gente como José Luis de Vicente, Pau Waelder, Rebecca Allen, Vicente Matallana, Clara Doucet, Santi Fort, Xavier Berenguer, Dani Sánchez Crespo, Antonio Mayo… y un montón de colaboradores en Barcelona, Madrid, Sevilla, Buenos Aires, Montevideo… Cientos de personas sin cuya ayuda no hubiera sido posible. También un montón de espectadores, cerca de dos millones, contando las exposiciones, a los cuales espero que ArtFutura haya aportado algo en sus vidas. Me alegraría si así fuese.

Obra de Paul Friedlander en la exposición “Máquinas y Almas”. Museo Reina Sofía (2008).

El Arte en la Edad del Silicio. A pesar de no ser un referente de las vanguardias digitales, ArtFutura sigue siendo probablemente el único evento de sector totalmente Made in Spain, que se ha exportado en el extranjero, convirtiéndose en una realidad reconocida en medio mundo. ¿Cómo lo has conseguido?

Montxo Algora. ¿Que no somos vanguardia? ¡Vaya desilusión..! Tampoco es que seamos los únicos que viajan, hay otros: el Sónar, el OFFF… Aunque imagino que tampoco son vanguardia 🙂 En cualquier caso yo siempre he vivido entre varios países: Estados Unidos, Inglaterra, España, Brasil… Y ahora tenemos bastantes proyectos en los Emiratos Árabes. Siempre he tenido la actitud del superviviente. Si en un sitio no te va bien, no te quejas, te mudas.

El Arte en la Edad del Silicio. Siempre hemos encontrado muy atrevido hablar de arte del futuro. Finalmente los nuevos medios son el arte del presente, más que del futuro. ¿Puede que el nombre del festival haya aspirado a capturar sectores de público más fascinados por los efectos especiales que por el arte en sí?

Montxo Algora. ArtFutura es un buen nombre, nada más. El arte que define su tiempo siempre tiene un pie en el presente y otro en el futuro. The Shock of the New de Robert Hughes es un gran título y explica como el arte necesita de estímulos nuevos.. que es una mutación constante.
Y que el presente nos reclama constantemente nuevas formas de sentir, de confirmar que estamos vivos. Lo fascinante de Rembrandt o de Vermeer es que en un momento dado fueron presentes y rompían totalmente con el pasado inmediato. Pero ya no lo son. Y necesitamos más. Siempre más.
Es el impulso vital que nos lleva a generar nuevas formas y nuevas experiencias. Aquí y ahora. Nuestras almas anhelan nuevas formas y nuevas experiencias.

“Tecura” una instalación interactiva de Evru en la exposición “Máquinas y Almas”.

El Arte en la Edad del Silicio. Uno de los puntos de fuerza de ArtFutura ha sido llegar al público a través del entretenimiento y el disfrute de la creatividad, sin necesidad de tener conocimientos previos sobre el arte. Tiene además una enorme difusión en los medios de comunicación. ¿Qué pasa? ¿ArtFutura ha conseguido el Santo Grial o la fórmula que los museos no consiguen alcanzar?

Montxo Algora. El auténtico arte debe ser entendido. O sentido. O experimentado. No creo en el arte críptico ni en el que necesita de elementos externos para llegar a entenderse. Aunque el arte puede tener muchos niveles de comprensión y todos son válidos. Y, por supuesto, siempre que haya una persona al que una obra de arte le diga algo, esa obra cobra sentido.
Lo que a mí me llega es lo que me emociona, me hace pensar, ensancha mi visión del mundo o me hace sonreír. Y puede ser tan diverso como Miró, Vermeer, Sachiko Kodama, Duchamp, Dalí o Robert Crumb. Todos ellos me dicen cosas. Mi vida es más gracias a ellos.

El Arte en la Edad del Silicio. ¿Qué está cocinando Montxo Algora para la celebración de los 25 años de ArtFutura? ¿Algo parecido a Máquinas y Almas, la exposición conmemorativa para el 20º aniversario que tuvo lugar en el Reina Sofía?

Montxo Algora. Ya me gustaría. De momento estamos preparando un documental con José Manuel Pinillo sobre estos 25 años. El subtítulo es “La Promesa Digital” y entrevistará a una serie de gente destacada sobre lo que fue y lo que puede ser la promesa digital. De momento han hecho una lista interesante: Clay Shirky, William Gibson, Sherry Turkle, Kevin Kelly, David Byrne, Rebecca Allen, Remo Balcells
También estamos negociando en Emiratos algún evento especial. Pero son tiempos difíciles. Con una crisis financiera que, además, ha sido causada directamente por la transformación digital. Así que sigo mi regla de que hay que ajustarse a las posibilidades de tu presente. No hay otro. Cuando Dios te cierra una puerta, es que te abre una ventana. Y la vida siempre te sorprende.

El Arte en la Edad del Silicio. Ahora de veras: ¿Cómo crees que será el arte en el futuro? 😉

Montxo Algora. Ni idea.

El primer barco de Madrid zarpará desde Medialab-Prado

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 20 de enero de 2014 – Entrada original en EL PAÍS

“Polizone” una instalación interactiva de INTACT Project que vincula telemáticamente la capital con Donostia y Montreal. Foto: Maku López.

Amarrado en la Sala Alameda del Medialab-Prado, un barco muy especial levará anclas esta semana. “Estamos listo para una travesía llena de peligros pero sobretodo muy emocionante”, aseguran Sara Malinarich y Manuel Terán de INTACT Project, que coordinarán una tripulación compuesta por más de veinte artistas. Polizone es al mismo tiempo una instalación interactiva y un barco telemático, recreado hasta el mínimo detalle gracias a las nuevas tecnologías. Sus 15 metros de longitud soltarán amarras a las 19 horas del próximo miércoles 22 de enero, para navegar entre grandes pantallas en un mar de código binario, embravecido por viento y olas digitales. El público presencial podrá participar activamente en un experimento creativo, que se puede definir una acción telecompartida en tres nodos. Por ello en el Medialab de Madrid convergerán aportaciones sonoras y elementos audiovisuales, procedentes en tiempo real de las otras dos sedes del proyecto: el Centro de Arte Contemporáneo Arteleku de Donostia-San Sebastián y el laboratorio Matralab de la Concordia University de Montreal (Canadá).

Polizone es la tercera y última fase del proyecto Huésped, una apuesta muy atrevida y quizás la obra basada en técnicas de telepresencia más compleja que nunca se haya realizado. Con telepresencia nos referimos a modificaciones y manifestaciones en un espacio real que se controlan a través de la red con herramientas informáticas. Aunque sea en el ciberespacio, todo viaje que se respete comienza con una salida, así que quien quiera participar en el estreno tendrá como única oportunidad este miércoles 22 de enero aunque el Medialab-Prado ofrecerá el evento en la red a través de una retransmisión en streaming.

“Polizone”. Detalle del Faro robótico controlado desde Donostia. Fotografía: Maku López.
Todo arrancará con la entrada en escena de una performer, María Alba, que representará un viajero imaginario cargado con un maletín, algo así como un “nodo de telepresencia artística móvil”, que consta de tres placas de Arduino, cuya función será activar los demás recursos audiovisuales repartidos por la Sala Alameda. El suelo cobrará vida gracias a unas proyecciones que plasmarán las olas del mar, que serán a la vez la cubierta del barco y podrán ser observadas también desde la planta cero del Medialab-Prado, donde al mismo tiempo actuarán los músicos de En Busca Del Pasto. “Estas proyecciones se controlarán desde Donostia y darán vida a un mar interactivo que se transforma en tiempo real por efecto de un sensor biométrico que mide las pulsaciones cardíacas de un farero”, explican al Silicio, Sara Malinarich y Manuel Terán aludiendo a Jaime de los Ríos, que desde Arteleku y con la colaboración de Daniel Tirado controlará el faro. Este último es un elemento robótico dotado de un espejo que reflejará en toda la sala una proyección del artista madrileño Juan Cedenilla a.k.a Whoun. “Jaime de los Ríos tendrá una linterna de LEDs colocada en un ojo. Su rostro se proyectará en un lateral de la Sala Alameda y según mueva la luz por la pantalla, el faro se moverá de forma equivalente”, explica Malinarich para aclarar como controlarán desde Donostia el faro robótico ubicado en Madrid.

 

“Polizone”. Un mar de código binario, embravecido por viento y olas digitales. Fotografía: Maku López.

El barco de Medialab-Prado dispone también de un timón del escultor Javier Pérez Aranda, colocado en la popa y de una vela que se utilizará como pantalla para visualizar una proyección creada en tiempo real por Alexandre Berthier. Estos dos elementos serán tele-controlados desde el Matralab de Montreal por Alexandre Berthier, con la colaboración de Fred Tremblay. Los movimientos del timón harán girar físicamente la vela, sincronizando los movimientos del barco con el paisaje virtual por dónde navega.
“Al mismo tiempo desde Montreal el compositor Michal Seta enviará música en directo, cuyo nivel de intensidad sonora hará variar la fuerza de seis ventiladores, que inflarán la vela y darán velocidad al avance del barco, en relación a una proyección interactiva en 3D de Abraham Manzanares, situada en frente del Polizone”, indican Malinarich y Terán. Los temas de Michal Seta junto con la música realizada en Medialab por En Busca Del Pasto, contribuirán a controlar la velocidad de navegación. En Montreal el público será sólo espectador, mientras que en Madrid podrá participar animado por el músico brasileño Diego Ain en una jam session, que también influirá sobre la velocidad del barco.

“Polizone” en la Sala Alameda de Medialab-Prado. Infografía: ZNN de Jorge Ruiz Abánades.

En definitiva Polizone es una grande instalación telemática, donde convergen en tiempo real datos locales y remotos que van definiendo una escenografía audiovisual y sonora, a través de un complejo sistema de pantallas y elementos robóticos. Todos los dispositivos han sido diseñados y programados por Manuel Terán, fundador de INTACT Project (Interfaz para la Acción Telecompartida) con Sara Malinarich, una pareja de artistas interdisciplinarios, originarios de Chile y afincados en Madrid, que están alterando el concepto de arte interactivo y telepresencia mediante una investigación pionera: el proyecto Huésped, del que Polizone representa la tercera y última fase. Su objetivo es añadir componentes de interacción física a la telepresencia con el fin de convertirla en una experiencia multisensorial, que permita llevar a cabo acciones artísticas telecompartidas, en las que intervienen varios creadores ubicados en lugares lejanos entre ellos.

Manuel Terán y Sara Malinarich (INTACT Project) en Medialab-Prado, Madrid.

“Queremos sentar las bases de una telepresencia participativa, inmersiva e interactiva, que funciona en distintos niveles al mismo tiempo, en la que tiene especial importancia el contenido y la dramaturgia”, aseguran Malinarich y Terán. La primera fase del proyecto Huésped tuvo lugar el pasado mes de marzo entre el Centro de Arte Arteleku de Donostia y el Centro de Innovación BBVA de Madrid. En aquella ocasión se testó un sistema de control vía web con una intervención, durante la cual se manipularon y desplazaron objetos a distancia mediante los impulsos enviados a través de un casco de ondas cerebrales.
La segunda fase tomó forma en Madrid, el pasado verano, con la presentación de Overflow. Una nota de suicidio, una videoperformance que, bajo el lema “sensorización de la pantalla”, materializa el acto de provocar fuego a distancia. A partir de esta segunda fase se estableció en Madrid un nuevo nodo del proyecto, el nodo Medialab-Prado, que a través de una convocatoria abierta ha llevado a la creación de Polizone.

Huésped es un proyecto totalmente autofinanciado, que ha conseguido superar las dificultades inherentes a los proyectos colaborativos e implicar varios centros internacionales. “Esta pieza ha servido para poner en práctica un nuevo modelo de trama o guión al que llamamos dramaturgia vertical, en el que no sólo están sucediendo cosas simultáneamente, sino que interactúan entre ellas a distancia, realizando modificaciones sustanciales de los espacios. Un proceso que lleva a desentrañar una nueva clase de dialéctica, vinculada a la transformación metafórica que sufren las señales”, explican Malinarich y Terán, refiriéndose a cómo, por ejemplo, el sonido creado en la performance se transforma en viento y fuerza motriz del barco.

“Polizone” de INTACT Project se estrena el miércoles 22 en Medialab-Prado. Foto: Maku López.

Desafortunadamente este formato de obra es algo que acontece sólo en un momento determinado. Al tomar vida gracias a las aportaciones conjuntas de muchos artistas, Polizone es una experiencia que no puede ofrecerse de forma permanente durante un periodo como una instalación artística corriente. Por lo tanto se podrá disfrutar en Madrid sólo el miércoles 22, desde las 19 horas hasta el cierre del Medialab-Prado a las 21 horas. ¿Qué más podemos decir? Es un barco y quien quiere participar en el viaje tan sólo tiene que llegar antes de su salida y no hace falta sacar billete, porque el evento es gratuito hasta llenar el aforo.

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Artefactos sonoros y sonidos de vanguardia desde México DF

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 12 de diciembre de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

Los “Magnetófonos” de Iván Puig, unos de los artefactos sonoros que se presentarán en los jardines del CNART (México DF).

Puede que en las últimas décadas la investigación sobre instrumentos musicales se haya estancado, para centrarse en el desarrollo científico y tecnológico, pero esto no significa que no se estén creando nuevos artefactos sonoros, sobretodo en ámbito artístico. Lo demuestra el evento que tendrá lugar este sábado día 14 de diciembre, en México DF. De las 13 a las 17 horas en los jardines del Centro Nacional de las Artes (CNART) se celebrará la primera edición de FACTO, un Festival de Artefactos Sonoros, concebido por el artista y comisario mexicano Arcángel Constantini, que se enmarca en el Festival Luces de Invierno, organizado por el Consejo Nacional por la Cultura y las Artes (CONACULTA) y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA).
Se trata una ocasión única para que nuestros lectores en el DF conozcan el trabajo de 15 artistas, estrechamente vinculados con la tecnología, que presentarán al público sus instrumentos sonoros, experimentarán con ellos y realizarán una jam session colectiva.

Performance de Arcángel Constantini con el “8 X 8 Ω 1 bit”.

“Se establecerán 15 espacios y desde cada uno de ellos se emitirán sonidos amplificados simultáneamente, generando un flujo sonoro que inundará los jardines del Centro Nacional de las Artes”, explica Constantini al Silicio. El artista comisario ha diseñado un programa planteado como una improvisación musical, donde el público está invitado a deambular entre en los jardines del CNART, disfrutando de las tesituras sonoras y descubriendo lo último en tecnología de vanguardia.

Las piezas de los 15 artistas bien representan la exuberante creatividad de la escena contemporánea latino americana, que desde hace unos años se está imponiendo sobre la creación electrónica occidental con obras muy originales y bien resueltas desde el punto de vista formal y tecnológico. En particular el panorama mexicano destaca por obras de corte low tech, con dispositivos que no desprecian el uso de componentes talladas en madera. Estas piezas, que parecen surgidas de un laboratorio artesanal de antaño, representan una respuesta alternativa a una década de instrumentos casi industriales, como los que se realizan en muchos laboratorios artísticos occidentales, que en nuestra opinión se han estancado demasiado en el paradigma formal del open source.

Un ejemplo de todo esto son los Magnetófonos de madera, que su creador Iván Puig define unos “instrumentos de exploración sonora y a la vez una serie en proceso”, que emplean como materia prima las cintas magnéticas de viejos estudios de grabación. “Los fragmentos de cinta son colocados en los artefactos de manera aleatoria. En la recuperación de sonidos desechados, se deconstruyen segmentos de historia audible. El reciclaje generado indaga en los procesos cognitivos sonoros y su permanencia en la memoria”, indica Puig, cuyo trabajo se centra en reciclar y alargar la vida de los objetos obsoletos, inventando otras formas posibles. “Me gusta que la gente se sonría cuando la pieza detona en su interior. Me gusta pensar que el arte tiene una fuerza transformadora, política y creativa, con resultados concretos y tangibles y también con efectos sublimes y sutiles”, explica Puig que conocimos en las páginas del Silicio con SEFT-1, una extraordinaria Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada, realizada en colaboración con Andrés Padilla Domene.

“ÜberSonic” de Leslie García, un artefacto sonoro que permite interactuar con formas intangibles.

Tiene un corte artesanal también ÜberSonic de Leslie García, otra creadora que reseñamos anteriormente en el Silicio por sus experimentaciones sonoras con las plantas. “ÜberSonic es una serie de piezas open-hardware, que utilizan señales residuales de radio frecuencia para producir procesos de síntesis de sonido. La intención principal es desarrollar unas esculturas sonoras capaces de comunicarse como una red, utilizando la información física proveniente de distintos sensores”, explica García para describir un proceso que materializa los señales residuales, imperceptibles para nuestros sentidos y permite interactuar con formas intangibles.
Leslie García presentará en los jardines del CNART también Kupa, una investigación en proceso realizada en colaboración con Cinthia Mendoça, que aborda la transformación de la actividad bioeléctrica cerebral y sus posibles materializaciones.

8 X 8 Ω / 1 bit. Un artefacto sonoro electromagnético de Arcángel Constantini.

No necesita presentación Arcángel Constantini, creador multimedia y comisario, del que a menudo hablamos en el Silicio. Punta de diamante de toda una generación de artistas mexicanos y pionero de la escena internacional del arte electrónico, Constantini participa en el festival con 8 X 8 Ω / 1 bit, por definición un “hacking electromagnético”. Se trata de un dispositivo electrónico único, que utiliza ocho bobinas con micro controladores programados con un bit, un valor binario que controla el voltaje que circula en el dispositivo. Los sonidos que esta obra produce, se generan a través de la conversión de la corriente eléctrica a través del fenómeno de la inducción electromagnética.

Imposible describir aquí todos los artefactos sonoros que se presentarán el sábado en el DF. La única solución es acercarse a los jardines del CNART (o a las webs de los artistas) para disfrutar de una tarde única en compañía de Leslie García, Iván Puig, Marcela Armas, Yair López, Hugo Solís García, Gilberto Esparza, Yurián Zerón, Víctor Hugo Rodríguez, Bárbara Lázara, Juan Pablo Villegas, Juan Jose Rivas, Taniel Morales, Iván Abreu, Daniel Lara Ballesteros y Arcángel Constantini.

Nosotros cerramos nuestra panorámica con Gilberto Esparza, cuya obra investiga las relaciones entre tecnología y naturaleza. Este artista mexicano utiliza la biotecnología y la robótica para crear piezas que exploran el impacto de la tecnología en diversos aspectos de la vida cotidiana. En los jardines de CNART presentará BioSoNor, el segundo prototipo de un instrumento musical, que funciona alimentado por la actividad eléctrica de unos microorganismos.

“Cada uno de los participantes ha estado desarrollando una práctica artística significativa, en la que constantemente se vinculan los procesos de la tecnología con las poéticas del arte, produciendo artefactos sonoros, que dialogan con distintos modelos de producción”, concluye Constantini.