¿A qué saben las nubes en Madrid?

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 07 de abril de 2014 – Entrada original en EL PAÍS

“Smog Tasting” de The Center for Genomic Gastronomy, una siniestra colección de merengues con sabor a aire contaminado.

¿Quién se comería una clara de huevo montada a punto nieve con sabor a contaminación atmosférica? ¿Quién tendría el valor de probar una salsa, si supiera que ha sido creada a partir de una mutación genética inducida por radiaciones? Sin embargo se trata de alimentos que incautamente comemos cada día. Lo asegura The Center for Genomic Gastronomy, un colectivo artístico que investiga el uso de las biotecnologías en el campo de la alimentación. Algunos de sus proyectos más recientes se exhiben en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid, en el marco de Premios VIDA 15.0, una muestra que celebra los 15 años del certamen homónimo (VIDA), el prestigioso concurso internacional de proyectos artísticos, realizados con tecnologías y conceptos de vida artificial, concebido en 1998 por el artista Rafael Lozano-Hemmer y organizado por Fundación Telefónica.

The Center for Genomic Gastronomy es un proyecto sobre gastronomía genómica iniciado en 2011, que pretende ayudar a comprender mejor la alimentación en el contexto de la cultura actual, las nuevas tecnologías de la vida y la ecología”, explican sus fundadores Cat Kramer y Zack Denfeld. Sus iniciativas alternan presentaciones, talleres para todos los públicos e instalaciones artísticas, cuyo común denominador es la voluntad de hablar de gastronomía desde una perspectiva creativa. Sus actuaciones más celebradas suelen ser las exposiciones comestibles y unas sorprendentes experiencias gastronómicas que combinan la degustación de smog de diversas ciudades con la preparación de sushi fluorescente.

Zack Denfeld y Cat Kramer, fundadores de The Center for Genomic Gastronomy.

Smog Tasting utiliza claras de huevo montadas a punto de nieve y enriquecidas con los humos de la contaminación urbana, para dar forma a una siniestra colección de merengues con sabor a aire contaminado de diferentes lugares del mundo. “Las espumas de huevo se componen hasta un 90% de aire y la preparación hace que las partículas atmosféricas como los metales pesados y compuestos orgánicos volátiles, queden atrapados en la masa”, explican Kramer y Denfeld. Una de sus máximas aspiraciones es tomar una instantánea de la calidad del aire en cualquier lugar para servirla a los políticos o dueños de negocios como prueba de la calidad del aire en su área.

Sus presentaciones públicas sueles ser verdaderas puestas en escena, donde los comensales disfrutan de una experiencia culinaria alternativa y educativa, a través de una exposición comestible que denuncia las peligrosas manipulaciones de lo que estamos comiendo cada día.
Hay platos históricos como el Vegan Ortolan, una versión libre de animales del Ortolan, quizás uno de los platos más crueles que se hayan inventado, que se come con una servilleta sobre la cabeza, para ocultar el rostro de la mirada de Dios mientras se saborea el pobre pajarito. Este antiguo plato francés, celebrado en la película danesa El Festín de Babette y actualmente prohibido, tiene como desafortunada victima la Emberiza hortulana, un pequeño pájaro cantor engordado a la fuerza.
Vegetarian Bouillabaisse es una sopa de pescado que se inspira en el Fish Tomato, una variedad de tomate transgénico resistente al frio, producido por la compañía DNA Plant Technology, combinando su ADN con los genes de un lenguado americano (Pseudopleuronectes americanus), que afortunadamente nunca se llegó a comercializar.

En cambio Glowing Sushi es un plato que otorga un uso inesperado al primer animal genéticamente modificado que se puede comprar en el mercado. El proyecto, que denuncia la introducción de elementos genéticamente modificados en la vida cotidiana, es protagonizado por el GloFish®, un pez cebra fluorescente, patentado por Yorktown Technologies, que pese a no haber sido creado para uso alimentar, está disponible para ser vendido como mascota. “Si desea conseguir un sushi que brille en la oscuridad, tendrá que congelar el GloFish®, sino al cocinarlo perderá sus características”, explican Cat Kramer y Zack Denfeld, animando los lectores a realizar en su casa el sushi fluorescente con el GloFish®.

El menú se completa con aromas y condimentos, como la salsa de barbacoa Cobalt 60 Sauce, realizada a partir de mutaciones surgidas exponiendo los vegetales a las radiaciones. “Se trata de una tecnología agrícola que ha proliferado en todo el mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Durante más de 60 años, los científicos de los seis continentes han expuesto plantas y semillas a la radiación y a los productos químicos, con el fin de inducir mutaciones aleatorias y encontrar atributos deseables para mejorar una cepa original”, indican los artistas denunciando que hasta ahora han sido registradas más de 2.500 variedades de cultivos mutantes.

En la misma línea de Cobalt 60 Sauce, el Mutagenic Mist es una instalación que expone el espectador a una emisión de vapor aromático con forma de nube nuclear, para recordar a los visitantes que uno de los aromas de menta más célebres del mundo, el Todd’s Mitcham Peppermint, ha sido realizado en la década de 1970 y comercializado a partir de la selección de una planta de menta “mejorada” con radiaciones

Los vídeos de las acciones de The Center for Genomic Gastronomy, galardonado con el Premio Especial del Público en la última edición del los premios VIDA, se podrán ver hasta el 20 de abril en la muestra Premios VIDA 15.0.
El Premio Especial del Público, estrenado en la última edición del certamen, ha sido otorgado por el público con una votación llevada a cabo a través de la página de Facebook del concurso. “Estas nuevas iniciativas demuestran la voluntad de abrir los premios a las dinámicas actuales involucrando las redes sociales”, concluye Mónica Bello, directora de VIDA.

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Una colección de arte electrónico en el despacho

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 10 de febrero de 2014 – Entrada original en EL PAÍS

“Expanded Eye” de Anaïsa Franco, premio ARCOMadrid/BEEP de Arte Electrónico 2011.

Quizás no todos sepan que probablemente la más importante colección de arte electrónico de España se encuentra en Cataluña y precisamente en las oficinas de la sede central del grupo empresarial Ticnova de Reus (Tarragona). La Colección BEEP, que reúne obras de artistas tan destacados como Eduardo Kac, José Manuel Berenguer o Marcela Armas, está dirigida por Vicente Matallana, fundador de la productora madrileña LaAgencia y su patrocinador es el empresario Andreu Rodríguez, presidente de Ticnova. Hace casi diez años que Rodríguez lleva forjando su colección a través del galardón ARCOmadrid/BEEP de Arte Electrónico, un premio de adquisición, dotado con 15.000 euros, que este año celebra su novena edición en la feria ARCOmadrid (del 16 al 23 de febrero).

“Nuestra implicación con el arte digital tuvo un punto de no retorno cuando creamos junto con Arco el premio adquisición ARCOMadrid/BEEP”, explica al Silicio, Rodríguez. En estos años su iniciativa, pionera en España, ha dado lugar a uno de los premios más destacados del circuito internacional, que además constituye una importante oportunidad para una generación de artistas y un sector que todavía queda al margen de los verdaderos intereses del mercado del arte. Al galardón pueden optar todas las obras que se exponen en el marco de ARCOmadrid y que implican el uso de nuevas tecnologías o arte electrónico de forma significativa, lo cual favorece la presencia de este tipo de obras en la feria madrileña. A pesar de que muchos tachan el evento de conservador, apuntando a la ausencia de arte digital y electrónico, no deja de sorprender que en la pasada edición el jurado tuvo que elegir el ganador entre más de 80 candidaturas.

Actualmente las obras de la Colección BEEP se exponen en la sede central del grupo empresarial Ticnova de Reus aunque desafortunadamente el espacio no está acondicionado para recibir visitantes. “La colección está abierta al público en la medida en que lo está una empresa privada”, confirma al Silicio, Vicente Matallana asegurando también que el próximo año y con motivo del 10º aniversario se desarrollará un plan para instalar todas las obras y realizar visitas guiadas del fondo. “Esto es un gran reto ya que no todas las piezas son fáciles de instalar e integrar en el espacio de la empresa”, asegura Matallana. Se refiere a instalaciones como Brainloop de Janez Janaša y Independent Robotic Community de Ricardo Iglesias y Gerard Kogler, aunque destaca que ahora mismo se pueden ver cinco obras maestras del arte electrónico: The Ekmrz Triology de Ubermorgen, Fascinum de Christophe Bruno, Nature Morte de Charles Sandison, Expanded Eye de Anaïsa Franco y The Perpetual Storytelling Apparatus de Julius Von Bismark y Benjamin Maus.

“Time Capsule” de Eduardo Kac, Premio ARCOmadrid/BEEP 2006.

La historia de la Colección BEEP empezó en 2006 cuando Eduardo Kac ganó la primera edición del premio con Time Capsule. “Es una instalación que reúne fotografías, radiografías y vídeos de cuando el artista brasileño se implantó quirúrgicamente un microchip en la pierna”, recuerda Rodríguez, hablando de la memoria histórica de aquella acción, pionera en el campo del bioarte. Time Capsule tomó forma en noviembre de 1997 en el centro cultural Casa das Rosas de São Paulo (Brasil) donde en directo, emitido por televisión y por Internet, Kac se implantó en una pierna un microchip digital. El artista, que todavía conserva el artefacto en su cuerpo, se convirtió así en el primer ser humano portador de un implante electrónico que contiene parte de su memoria histórica y fotografías que documentan la vida de su familia en la Europa de los años previos a 1939.

La última obra, galardonada en la edición 2013 de la feria ARCOmadrid, fue Nature morte, una lograda reinterpretación de una vanitas barroca desde la mirada de las nuevas tecnologías, firmada por el artista escocés Charles Sandison. Nature morte, presentada por la Galería Max Estrella de Madrid, forma parte de un conjunto de piezas que reflexionan sobre el lenguaje como producto de la evolución. Convencido de que el idioma es nuestra interfaz con la realidad, Sandison trabaja con programas informáticos, creados por él mismo y controlados por algoritmos de dinámica molecular, que generan palabras y las dotan de vida. En el caso de la obra premiada, el artista utiliza un cuarteto de Byron, que hace referencia al carpe diem, el disfrute del instante, en una escultura audiovisual generativa, y por lo tanto siempre distinta, que incluye elementos de la literatura, el romanticismo y la textualidad, además de una profunda reflexión sobre los nuevos medios.

Premio ARCOmadrid BEEP 2008, “Luci” de José Manuel Berenguer en la expo “banquete_08” LABoral. Foto: Marcos Morilla.

Evidentemente estamos hablando de obras que representan una viva imagen de la escena electrónica contemporánea, así que en base a los criterios de adquisición estipulados tienen que ser cedidas cuando son requeridas para alguna exposición internacional. “Nos piden préstamos continuamente. Por ejemplo, Luci del catalán José Manuel Berenguer es una pieza muy solicitada”, admite Rodríguez, que ha decidido dar mayor impulso a su proyecto creando la New Art Foundation, una fundación dedicada al arte tecnológico. La iniciativa, aún más valiosa por el momento de crisis en que se produce, tiene el respaldo del Colegio Oficial de Ingenieros Informáticos de Cataluña, las universidades Oberta de Cataluña, Politécnica de Cataluña y Ramón Llull, además del laboratorio de investigación ASCAMM de Barcelona.

“Más que nunca necesitamos que en Cataluña surjan iniciativas con vocación de convertirse en referentes internacionales”, asegura Rodríguez destacando como la Fundación concentrará su campo de actuación en el fomento de la creatividad y la producción de obras, así como en la investigación y difusión de las problemáticas y peculiaridades del arte tecnológico. “Además la Fundación se encargará de facilitar los contactos y las infraestructuras para que el área económica y de desarrollo pueda llevar a cabo sus objetivos, garantizando la sostenibilidad del proyecto a través de la exhibición de obras y contribuyendo a la creación de un mercado”, continúa el empresario, que descubrió su pasión por el arte gracias a su esposa, la artista multidisciplinar francesa Marie-France Veyrat. “Nos acercamos a la creación a partir de nuestro entorno más próximo y empezamos a adquirir obras abstractas, sobretodo de artistas catalanes. Sin embargo, muy rápidamente el universo creativo que estaba naciendo alrededor de las nuevas tecnologías, que además son nuestro ámbito de trabajo, captó todo nuestro interés”, concluye Rodríguez.

“Nature morte” de Charles Sandison, Premio ARCOmadrid/BEEP de Arte Electrónico 2013.

Mientras tanto, a la espera que el próximo año se establezca un marco idóneo para presentar al público las obras de la Colección BEEP, su director Vicente Matallana insiste en el aspecto pedagógico interno, que tiene la instalación de las obras en la sede de Ticnova. “Para mí, este fue un tema muy complicado incluso de asumir, debido a que las obras no se encuentran en unas condiciones ideales de exhibición. Pero luego he comprendido el punto de vista de Andreu Rodríguez al hacer que las obras estén integradas en el entorno laboral de la empresa. En un grupo tecnológico como Ticnova es muy importante que los empleados se sientan partícipes del proyecto y de otra visión más ambiciosa, en el buen sentido, de la tecnología”, concluye Matallana.

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Artefactos sonoros y sonidos de vanguardia desde México DF

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 12 de diciembre de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

Los “Magnetófonos” de Iván Puig, unos de los artefactos sonoros que se presentarán en los jardines del CNART (México DF).

Puede que en las últimas décadas la investigación sobre instrumentos musicales se haya estancado, para centrarse en el desarrollo científico y tecnológico, pero esto no significa que no se estén creando nuevos artefactos sonoros, sobretodo en ámbito artístico. Lo demuestra el evento que tendrá lugar este sábado día 14 de diciembre, en México DF. De las 13 a las 17 horas en los jardines del Centro Nacional de las Artes (CNART) se celebrará la primera edición de FACTO, un Festival de Artefactos Sonoros, concebido por el artista y comisario mexicano Arcángel Constantini, que se enmarca en el Festival Luces de Invierno, organizado por el Consejo Nacional por la Cultura y las Artes (CONACULTA) y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA).
Se trata una ocasión única para que nuestros lectores en el DF conozcan el trabajo de 15 artistas, estrechamente vinculados con la tecnología, que presentarán al público sus instrumentos sonoros, experimentarán con ellos y realizarán una jam session colectiva.

Performance de Arcángel Constantini con el “8 X 8 Ω 1 bit”.

“Se establecerán 15 espacios y desde cada uno de ellos se emitirán sonidos amplificados simultáneamente, generando un flujo sonoro que inundará los jardines del Centro Nacional de las Artes”, explica Constantini al Silicio. El artista comisario ha diseñado un programa planteado como una improvisación musical, donde el público está invitado a deambular entre en los jardines del CNART, disfrutando de las tesituras sonoras y descubriendo lo último en tecnología de vanguardia.

Las piezas de los 15 artistas bien representan la exuberante creatividad de la escena contemporánea latino americana, que desde hace unos años se está imponiendo sobre la creación electrónica occidental con obras muy originales y bien resueltas desde el punto de vista formal y tecnológico. En particular el panorama mexicano destaca por obras de corte low tech, con dispositivos que no desprecian el uso de componentes talladas en madera. Estas piezas, que parecen surgidas de un laboratorio artesanal de antaño, representan una respuesta alternativa a una década de instrumentos casi industriales, como los que se realizan en muchos laboratorios artísticos occidentales, que en nuestra opinión se han estancado demasiado en el paradigma formal del open source.

Un ejemplo de todo esto son los Magnetófonos de madera, que su creador Iván Puig define unos “instrumentos de exploración sonora y a la vez una serie en proceso”, que emplean como materia prima las cintas magnéticas de viejos estudios de grabación. “Los fragmentos de cinta son colocados en los artefactos de manera aleatoria. En la recuperación de sonidos desechados, se deconstruyen segmentos de historia audible. El reciclaje generado indaga en los procesos cognitivos sonoros y su permanencia en la memoria”, indica Puig, cuyo trabajo se centra en reciclar y alargar la vida de los objetos obsoletos, inventando otras formas posibles. “Me gusta que la gente se sonría cuando la pieza detona en su interior. Me gusta pensar que el arte tiene una fuerza transformadora, política y creativa, con resultados concretos y tangibles y también con efectos sublimes y sutiles”, explica Puig que conocimos en las páginas del Silicio con SEFT-1, una extraordinaria Sonda de Exploración Ferroviaria Tripulada, realizada en colaboración con Andrés Padilla Domene.

“ÜberSonic” de Leslie García, un artefacto sonoro que permite interactuar con formas intangibles.

Tiene un corte artesanal también ÜberSonic de Leslie García, otra creadora que reseñamos anteriormente en el Silicio por sus experimentaciones sonoras con las plantas. “ÜberSonic es una serie de piezas open-hardware, que utilizan señales residuales de radio frecuencia para producir procesos de síntesis de sonido. La intención principal es desarrollar unas esculturas sonoras capaces de comunicarse como una red, utilizando la información física proveniente de distintos sensores”, explica García para describir un proceso que materializa los señales residuales, imperceptibles para nuestros sentidos y permite interactuar con formas intangibles.
Leslie García presentará en los jardines del CNART también Kupa, una investigación en proceso realizada en colaboración con Cinthia Mendoça, que aborda la transformación de la actividad bioeléctrica cerebral y sus posibles materializaciones.

8 X 8 Ω / 1 bit. Un artefacto sonoro electromagnético de Arcángel Constantini.

No necesita presentación Arcángel Constantini, creador multimedia y comisario, del que a menudo hablamos en el Silicio. Punta de diamante de toda una generación de artistas mexicanos y pionero de la escena internacional del arte electrónico, Constantini participa en el festival con 8 X 8 Ω / 1 bit, por definición un “hacking electromagnético”. Se trata de un dispositivo electrónico único, que utiliza ocho bobinas con micro controladores programados con un bit, un valor binario que controla el voltaje que circula en el dispositivo. Los sonidos que esta obra produce, se generan a través de la conversión de la corriente eléctrica a través del fenómeno de la inducción electromagnética.

Imposible describir aquí todos los artefactos sonoros que se presentarán el sábado en el DF. La única solución es acercarse a los jardines del CNART (o a las webs de los artistas) para disfrutar de una tarde única en compañía de Leslie García, Iván Puig, Marcela Armas, Yair López, Hugo Solís García, Gilberto Esparza, Yurián Zerón, Víctor Hugo Rodríguez, Bárbara Lázara, Juan Pablo Villegas, Juan Jose Rivas, Taniel Morales, Iván Abreu, Daniel Lara Ballesteros y Arcángel Constantini.

Nosotros cerramos nuestra panorámica con Gilberto Esparza, cuya obra investiga las relaciones entre tecnología y naturaleza. Este artista mexicano utiliza la biotecnología y la robótica para crear piezas que exploran el impacto de la tecnología en diversos aspectos de la vida cotidiana. En los jardines de CNART presentará BioSoNor, el segundo prototipo de un instrumento musical, que funciona alimentado por la actividad eléctrica de unos microorganismos.

“Cada uno de los participantes ha estado desarrollando una práctica artística significativa, en la que constantemente se vinculan los procesos de la tecnología con las poéticas del arte, produciendo artefactos sonoros, que dialogan con distintos modelos de producción”, concluye Constantini.

De una colilla al retrato de su propietario

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 21 de noviembre de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

En Stranger Visions la artista Heather Dewey-Hagborg utiliza saliva y restos de ADN para conseguir el retrato de su propietario.

Llegar a dar forma a un rostro a partir de unos restos de ADN sería admisible en un episodio de CSI o Bones, pero en la realidad sigue siendo ciencia ficción. ¿Hasta cuándo? Hemos hablado con Heather Dewey-Hagborg, una artista que plantea un proyecto de investigación a partir del material genético extraído de restos cotidianos, como un chicle mascado o una colilla en el suelo, para luego reconstruir el aspecto del individuo que los ha desechados.
Stranger Visions, que se está exponiendo en la UTS Gallery de Sydney (Australia) en el marco de Trace Recordings, una interesante exposición dedicada a los sistemas de control, en España acaba de ganar una de las menciones de honor en los premios VIDA, el prestigioso concurso internacional de arte y vida artificial organizado por Fundación Telefónica, que reconoce los mejores proyectos artísticos realizados con conceptos y técnicas de vida artificial.

Estamos rodeados de restos biológicos humanos y esta información es cada día más valiosa, porque aunque muchas empresas como 23andMe estén secuenciando los genomas de sus clientes para anticipar posibles enfermedades, se están también creando bases de datos de ADN y esto en el futuro significará conocer todo de una persona. Clonar y suplantar la identidad de alguien, aunque siga siendo un escenario de ciencia ficción, empieza a ser una realidad”, asegura al Silicio Heather Dewey-Hagborg.

Para denunciar todo esto Dewey-Hagborg parte del análisis del ADN encontrado en las calles para crear unos retratos que materializa en forma de rostros y luego imprime en 3D gracias a un programa específico (Morphace) desarrollado por el departamento de Computer Science de la Universidad de Basel (Suiza). Estas identidades luego se presentan como una instalación artística y se exponen juntos con las ‘pruebas forenses’ y una detallada información sobre el lugar y el día que han sido halladas.

Nadie se ha reconocido todavía”, admite Dewey-Hagborg, refiriéndose a las reconstrucciones realizadas a partir de restos biológicos de personas que se podían identificar. “En realidad, estos retratos materializan una suerte de semejanza general o semejanza familiar más que una representación exacta. Tendrán rasgos y ascendencia similares, pero podrían parecerse más a un hipotético primo que a la viva imagen de la propia persona”, explica la artista, aludiendo a toda una serie de factores que concurren en definitiva a determinar el fenotipo de un individuo, es decir la expresión de su genotipo en función de las condiciones ambientales.
“La razón de todo esto es múltiple, pero el motivo principal es que la investigación sobre la morfología facial se encuentra todavía en etapas muy tempranas”, continúa Dewey-Hagborg, asegurándonos que hoy en día es aun prácticamente imposible reconstruir un rostro únicamente a partir de la información genética.

Para llevar a cabo su investigación, la artista sigue un riguroso proceso basado en el análisis de algunas componentes del fenotipo que pueden ser extrapoladas de la secuenciación del ADN y todo el proceso tiene lugar en el Genspace, un laboratorio de Biología Molecular DIY y sin ánimo de lucro, situado en Brooklyn. Con el apoyo de los investigadores del centro, la artista extrae el ADN amplificando ciertas regiones a través de una técnica denominada Reacción en cadena de la polimerasa (PCR), que permite estudiar los Polimorfismos de un solo nucleótido (SNPs), que varían de persona en persona codificando rasgos genéticos.
“Luego analizo toda esta información a través de un programa informático que he realizado con el objetivo de conseguir un modelo 3D de un rostro moldeado en relación a su género y a los respectivos rasgos como color de ojos, pelo, piel o presencia de pecas”, indica la artista que lleva a cabo su análisis basándose en los principios de la antropología forense.

En la realidad, actualmente la investigación forense del ADN permite definir algunas características del individuo. Esta tecnología emergente está actualmente disponible en forma de kits sólo para la policía y cuerpos del Estado, como el kit HIrisPlex que se utiliza para determinar el color del cabello y de los ojos. “Sin embargo este tipo de análisis levanta también numerosas preocupaciones bioéticas, que van desde la privacidad de la información hasta el desarrollo de las bases de datos. Mi principal desconfianza hacia esta tecnología es el potencial que esconde y su capacidad para definir nuevos perfiles raciales”, explica Dewey-Hagborg.

“…pero aquí estamos, perdiendo pelos, uñas, piel y dejando saliva detrás de nosotros todo el tiempo, sin pensar en ello como información…” (Heather Dewey-Hagbor)

“En primer lugar es importante recordar que todo esto es arte. Stranger Visions es una provocación diseñada para estimular el diálogo cultural sobre la vigilancia y la genética forense. Estamos preocupados por la actitud de los jóvenes, su indiferencia al compartir sus datos personales con todo el mundo, pero aquí estamos, perdiendo pelos, uñas, piel y dejando saliva detrás de nosotros todo el tiempo, sin pensar en ello como información”, concluye la artista asegurando que Stranger Visions es un trabajo en progreso cuyos códigos y desarrollos se están difundiendo públicamente en Github.

El arte electrónico se da cita en Buenos Aires

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 07 de noviembre de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

“Cámara Gesell” de Ricardo Iglesias, un panóptico de observación en Buenos Aires.

Desde mañana y hasta el lunes Buenos Aires se convierte en el epicentro de la escena digital y electrónica, por lo que dedicamos este texto a nuestros lectores argentinos y a los numerosos artistas que nos siguen desde el otro lado del Atlántico. Por quinto año consecutivo, bajo el lema Metáforas de la Supervivencia, FASE 5 llenará todos los espacios del Centro Cultural Recoleta con una amplia selección de obras nacionales e internacionales, que ponen de manifiesto las nuevas tendencias de las artes visuales, a través de instalaciones interactivas, videoarte, robótica, realidad aumentada y videojuegos.

Comisariado por la histórica artista y teórica argentina Graciela Taquini, FASE se estructura alrededor de un equipo de profesionales y comisarios, cuyas propuestas proceden de las producciones de instituciones educativas y artísticas -públicas y privadas, nacionales y extranjeras- colectivos de artistas independientes y galerías de arte. Las obras que se exhiben repartidas por los distintos espacios del Centro Cultural Recoleta, ofrecen una panorámica de la creatividad de un continente, que actualmente es sin duda alguna unos de los grandes protagonistas de la escena new media internacional.

Los muñecos con sensores y cámaras de vigilancia de “Cámara Gesell”. Ricardo Iglesias.

Queremos empezar nuestro recorrido con Cámara Gesell, una instalación del artista madrileño afincado en Barcelona, Ricardo Iglesias, producida en colaboración con la Universidad de Barcelona y la Universidad Maimónides de Buenos Aires. Tal y como su nombre indica, la pieza se inspira en la cámara de Gesell, una habitación acondicionada para permitir la observación de personas, transformada por el artista en un espacio aséptico, que recuerda un cuarto para niños, lleno de juguetes, donde conviven diez criaturas-objetos. Se trata de unos muñecos, tejidos a ganchillo, que llevan escondidos en su interior sensores y cámaras de vigilancia. “Las criaturas están conectadas entre sí y se activan en presencia del público. Si todas están conectadas a la vez por un tiempo mayor de 10 minutos, salta una alarma en plan laboratorio científico, con luz y sonido, que avisa la gente que debe abandonar la sala”, explica Iglesias, que trabaja como docente en la Universidad de Barcelona y como artista lleva años investigando los sistemas de vigilancia.

La pieza se parece mucho a un panóptico de observación y el público, además de poder entrar en la sala, dispone de una amplia ventana para observar desde fuera el interior del espacio. Detrás de la sala hay una pequeña habitación de control, llena de monitors que retransmiten en tiempo real la información proporcionada por los muñecos. “La instalación se centra en la investigación de mecanismos y experiencias que posibiliten nuevas comunicaciones entre usuarios y máquinas, basándose en relaciones de equilibrio/desequilibrio, control, vigilancia, interacción y comunicación”, explica Iglesias, asegurando que pronto será posible observar el espacio también desde Internet.

Detalle de la instalación “Esquizoterritorios” de Cristián Espinoza.

“Las obras que se presentan promueven la utilización de la tecnología como un instrumento conceptual, con el objetivo de poner en evidencia la fragilidad en los entornos de la naturaleza y el arte”, indica Graciela Taquini, comisaria general de FASE 5.
Entre las propuestas, que plasman el estrecho vínculo ente la naturaleza, el medio ambiente y el medio biológico, destaca Esquizoterritorios del chileno Cristián Espinoza, una especulación sobre la supervivencia de la vida y Perejil buscando el sol, una fascinante instalación robótica del mexicano Gilberto Esparza, que se presentará con el apoyo de la Embajada de México. La protagonista de esta pieza es una plantita de perejil “cuya necesidad de adaptarse al entorno urbano en condiciones de poca luz solar ha forzado a modificar su naturaleza”, explica Esparza para describir un organismo híbrido entre vegetal y máquina, que utiliza la energía solar para desplazarse y escapar constantemente de la sombra.

Este acercamiento a la tierra se hace aún más patente en Saudade do Mar, una pieza de Federico Joselevich Puiggrós y Julia Vallejo Puszkin, que recibió una mención de honor en la segunda bienal Kosice de Arte y Tecnología y se presenta en FASE 5 con el comisariado de Objeto-a, uno de los raros espacios privados dedicado a la producción y promoción de eventos transdisciplinarios en torno al arte, la tecnología y la ciencia.

Detalle de “Saudade do Mar” de Federico Joselevich Puiggrós y Julia Vallejo Puszkin.

Saudade do Mar es una instalación interactiva que se pregunta por la relación del hombre con el mar, a partir del momento en que su nuevo hábitat es la ciudad hidroespacial. La obra plantea de forma metafórica la situación del hombre enfrentado a la ausencia del mar y los sentimientos de nostalgia y expectativa que esto le provoca”, explica al Silicio, Federico Joselevich.

La instalación se presenta como una pecera llena de agua, cuyos movimientos recuerdan el oleaje del mar y están provocados por unas corrientes de aire, que se controlan con unos pulsadores. Asimismo el aire genera uno sonidos, amplificados a través de grandes conchas o caracoles de mar, que crean el entorno sonoro de la pieza. Cercana a la ciencia ficción, la obra postula la presencia de una ciudad hidroespacial, inspirada en Las Ciudades Invisibles de Italo Calvino, donde la experiencia del mar queda sólo como un recuerdo lejano. “Planteamos preguntas como: ¿Podremos rememorar el océano de nuestra Tierra, cuando empezamos a acercarnos al océano de entre las galaxias? o ¿Sería el mar una ficción? Saudade do Mar juega con esa falta: por un lado la crea y por otro intenta remediarla”, concluye el artista, que se dio a conocer en España a principio de la década pasada como fundador del colectivo Area3.

El grupo GRUPO @Agua_Y_Aceite, formado por los argentinos Daniel Alvarez Olmedo, Diego Diez y Guido Villar, presenta dos instalaciones realizadas en el marco del Laboratorio de Producción Medialab CCEBA, en colaboración con biólogos y bioquímicos del Laboratorio de Bioarte Universidad Maimónides.

“Generación de conciencia I” una instalación robótica de Daniel Alvarez Olmedo, Diego Diez y Guido Villar.

Generación de conciencia I es una instalación robótica que, a partir de una base de datos sobre la tasa de mortalidad en Argentina, se convierte en un entorno vivo parecido a un contenedor de suero de hospital, donde el flujo del goteo es proporcional a las variaciones de la tasa de mortalidad. En el interior del contenedor unas bacterias se aglutinan alrededor de las gotas que caen para devorarlas en un proceso que se visualiza en vídeo en una pantalla.
“No sabemos si la obra generará conciencia en los espectadores y en cambio sabemos que no va a solucionar la problemática actual de la salud en nuestro país ni en el mundo, pero nos permite expresar situaciones generales y personales con una mirada crítica”, explica Daniel Alvarez Olmedo. El artista e investigador apunta también que el espectador podrá interactuar y experimentar con la obra por medio de un sistema de vibración, que se sujeta como un brazalete a la muñeca y le permite percibir el ritmo de la instalación robótica procesando los datos de la tasa de mortalidad de la población, cada mil habitantes una vibración.

Detalle de “Generación de conciencia I”. @Agua_Y_Aceite_ (Daniel Alvarez Olmedo, Diego Diez y Guido Villar).

Generación de conciencia II continúa en la misma línea de crítica social sobre la salud, pero es una vídeo instalación interactiva. A diferencia de la instalación robótica, en la cual los datos modifican elementos físicos, este trabajo convierte los datos en formas visuales, proyectándolos sobre un objeto circular de acrílico, en relación con la presencia del espectador. “El concepto que abordamos en este proyecto está relacionado con la desigualdad social existente”, concluye Alvarez Olmedo.

Se presentará con una performance, Diversidad, una instalación interactiva en proceso, creada por los argentinos Marina Zerbarini, Daniel Alvarez Olmedo, Carina Ferrari, Celeste Sánchez Sáenz de Tejada, Mariana Gramajo, Valentín De Marco, Ciro Múseres y Ana Laura Cantera.
La pieza, compuesta por tres objetos mecánicos/digitales, plantea un recorrido espacial y distintos niveles de interacción con los espectadores, obligados a interactuar para que la obra exista. Estos tienen que elegir un bloque de tierra e introducirlo en los objetos mecánicos/digitales. La acción erosiva que se genera, transforma los bloques en un material polvoriento que acaba depositándose en el suelo, donde es arrastrado y mezclado con otros materiales por el movimiento del público en el espacio expositivo.

“El sentido de la acción es puramente conceptual y metafórico”, explica al Silicio, Ciro Múseres, uno de los autores. “Los objetos mecánicos/digitales trabajan erosionando la tierra que pero no desaparece. Se mezcla, pero no pierde su identidad. Los materiales diversos se juntan y coexisten generando nuevas formas culturales. El trabajo plantea reflexionar sobre la manera en que se entrelazan los lenguajes naturales, formales y artísticos y como las distintas identidades culturales confluyen y conviven en las sociedades modernas”, concluye el artista.

Detalle de “Diversidad” de Marina Zerbarini, Daniel Alvarez Olmedo, Carina Ferrari, Celeste Sánchez Sáenz de Tejada, Mariana Gramajo, Valentín De Marco, Ciro Múseres y Ana Laura Cantera.

Las propuestas de FASE 5, demasiadas para destacarlas de forma exhaustiva en este espacio, van desde una exposición dedicada a la obra del pionero y visionario Víctor Grippo, comisariada por Graciela Taquini a las propuestas audiovisuales de Fase.mov, un espacio de proyección de vídeos a cargo de Andrés Denegri. La programación cuenta también con espectáculos y performances como Heroína de Constanza Piña. Realizada en colaboración con la embajada de Chile en Buenos Aires, la acción consiste en el diseño e implementación de una serie de dispositivos, realizados a partir de materiales textiles y electrónicos, que utilizan como soporte el cuerpo humano.

La performance “Heroína” de Constanza Piña en “Conexões Globais”, Porto Alegre, Brasil. Foto: Flávio Dutra

Hasta el día 11 de noviembre FASE 5 buscará respuestas, tanto teóricas como prácticas, a preguntas tipo ¿Qué proponen las instituciones y los actores culturales?, ¿Qué piensan los artistas ante el desafío de la fragilidad de los entornos?, ¿Cuáles son los cambios posibles que puede aportar la práctica artística trascendiendo los resultados convencionales, económicos y políticos?
Organizado bajo el auspicio del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, el evento involucra, además del Centro Cultural Recoleta, distintos espacios de la ciudad como el Centro Cultural San Martín y también del limítrofe Uruguay, como el Espacio de Arte Contemporáneo (EAC) de Montevideo.