Mil sueños que me despertarán

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 09 de diciembre de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

“Velvet-Transcode” de Néstor Lizalde en Etopia, el nuevo Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza.

La vida es demasiado corta para concentrarme en el pasado, prefiero mirar hacia el futuro”, aseguraba el icono del rock intelectual Lou Reed, fundador junto con John Cale de The Velvet Underground. Han pasado casi 50 años de la publicación del mítico álbum The Velvet Underground & Nico y su legado sigue proyectado en el futuro, convirtiéndose en una inagotable fuente de inspiración para músicos y artistas de todo el mundo.
Lo demuestra la instalación interactiva del creador zaragozano Néstor Lizalde, Velvet-Transcode, algo así como una mesa de remezcla donde sumergirse en las sonoridades oníricas de la inolvidable banda neoyorquina. La pieza, que actualmente se exhibe en Zaragoza, permite explorar un icono de la contracultura: el famoso disco The Velvet Underground & Nico, producido por Andy Warhol en 1967, que ha sido digitalizado en todas sus dimensiones visuales y sonoras, para ser reconstruido sobre un nuevo soporte, una máquina que le otorga nuevas capacidades ligadas al mundo digital.

En realidad no se trata de ningún oportuno intento de aprovechar el interés mediático surgido a raíz del reciente y triste fallecimiento de Lou Reed. “Se trata de una invitación a amplificar el sentido de la obra para crear un nuevo prisma de visión”, explica al Silicio Lizalde, hablando de un proyecto que tiene ya un largo recorrido. Velvet-Transcode empezó a gestarse en 2010, en el marco del Máster en Artes Visuales y Multimedia de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) y tras una primera versión, el artista ha desarrollado la instalación que se está exponiendo, renovada y actualizada, en la muestra Pasarela Media, organizada por Etopia, el nuevo Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza.

Velvet-Transcode es un dispositivo bastante alejado del tradicional formato instalativo. Se parece casi a un conjunto barroco, formado por una mesita, unos taburetes y una pequeña lámpara de pie con aire vintage, que remite a un típico ambiente interior de la década de 1960.  “Este objeto de estudio, que metafóricamente ha sido desintegrado y reconstituido como un objeto digital, se muestra ahora como un holograma que flota atrapado en el dispositivo”, explica Lizalde, para definir un sistema visual basado en la holografía, que genera en tiempo real música e imágenes. Este sistema es controlado por el público, a través de una interfaz de 49 pulsadores que permiten descomponer, modular y reorganizar el disco, de una forma variable y abstracta, recombinando más de mil archivos de audio y vídeo.
“El usuario puede explorar tanto los diferentes niveles visuales del disco como su dimensión sonora, que se visualiza sobre los pulsadores mediante formas luminosas. Cada vez que se carga una nueva pista de audio, esta modifica el resto de las pistas activas en un proceso de retroalimentación, que deriva en la mutación conjunta de las formas audiovisuales”, indica Lizalde. La principal novedad de esta versión de Velvet-Transcode reside en que los dos ordenadores, que controlan audio y vídeo, funcionando como cerebro de la obra, ahora están interconectados y pueden modularse mutuamente. “En esta versión cada pista de audio modula en tiempo real la generación gráfica que desarrollan las otras, a la vez que modula los canales de vídeo ligados a las pistas que se muestran en el dispositivo de imagen”, concluye Lizalde.

“Velvet-Transcode” de Néstor Lizalde. Detalle del dispositivo holografíco.

Velvet-Transcode se presenta en el marco de la exposición Pasarela Media, un proyecto de la Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento y de ProyectAragón para Etopia, comisariado por Mariano Salvador. La muestra, que se mantendrá abierta hasta el próximo 13 de enero, reúne artistas aragoneses que abordan la creación audiovisual a través de los nuevos medios. “La selección incluye recreaciones virtuales con claro acento divulgativo como El Foro Romano de Caesaraugusta en el Siglo II de Alfonso Sánchez y animaciones digitales con intenciones más artísticas como Nature by Numbers de Cristóbal Vila. Junto a abstracciones minimalistas de estética aleatoria como la obra del artista y músico Inane, Nuestro alrededor, se exhiben aventuras paisajísticas realizadas con técnicas estereoscópicas como Aragón 3D de Sergio de Uña y Vicenç Turmo. También hay un hueco para la intervención del espectador en la selección de contenidos. El público puede participar en un relato expansivo y transmedia como Plot 28 de Agustín Serra y Hernán Ruiz o entregarse a la vertiente más lúdica de la interactividad, como propone el equipo Arctic en La noche en vela”, explica al Silicio Mariano Salvador que, además de comisario de la muestra, es coordinador de las iniciativas y los premios Paseo Project.

“Gran Amarillo” de Enrique Radigales en el patio exterior de Etopia.

También destaca la participación de Enrique Radigales, un artista de Zaragoza con una amplia trayectoria en los nuevos medios, que exhibe en el patio exterior de Etopia, Gran Amarillo, una pieza que investiga las fisuras entre lo analógico y lo digital.
La grande mancha de color amarillo, una escultura pictórica realizada con lona de plástico que parece extenderse verticalmente, conecta idealmente el espacio físico del centro con el espacio virtual de Internet, que acoge su versión digital. La mancha virtual, que en esta ocasión estará online en la web provisional de Etopia porque el flamante centro aún no dispone de una página web propia, es una entidad cambiante que al ser intervenida con el ratón se amplía hasta ocupar toda la pantalla, mostrando el código de programación HTML utilizado.

Pasarela Media es uno de los numerosos eventos organizados para inaugurar el Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza Etopia. Además del V Congreso Iberoamericano de cultura digital que acaba de clausurarse, destaca la presencia de la exposición itinerante Desmontajes, Re/apropiaciones e Intrusiones, una producción de Acción Cultural Española y el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo (MEIAC) de Badajoz, comisariada por Gustavo Romano. Hasta finales de enero el centro acoge también Quiero un millón de amigos, un proyecto realizado con el apoyo de José Carlos Arnal, director de la Fundación Zaragoza Ciudad del Conocimiento y Juan Pradas del Ayuntamiento de Zaragoza, gestor de proyectos de Milla Digital.

Entre otras propuestas Quiero un millón de amigos, una exposición que trata de redes sociales, despliega tres trabajos de Néstor Lizalde que experimentan con la generación de formas audiovisuales a partir de estructuras en red, desde un punto de vista algo más antropológico. Francamente lograda, Gallinero es una nueva instalación protagonizada por ocho huevos que mantienen una conversación chispeante, alimentada por un software basado en un algoritmo diseñado para que puedan escucharse y responderse. Se genera así una escenografía audiovisual variable, donde cada huevo desarrolla una personalidad distinta a partir de sus propias bases de vídeo independientes y de la interacción con los demás huevos. “El resultado es un trabajo muy divertido, que simula en parte los comportamientos humanos colectivos en determinadas situaciones y genera conversaciones que a veces rozan lo surrealista”, indica el artista.

Néstor Lizalde participa en Quiero un millón de amigos también con Torre de cabezas, una escultura audiovisual que genera formas de vídeo holográficas, empleadas con intención escultórica y Boca en la red, basada en el desarrollo de un sistema de vídeo variable y no narrativo, con un cariz plástico y casi pictórico, que se genera a partir del ritmo de circulación de la información a través de Internet.

“Suelo alejarme de las formas narrativas tradicionales que han imperado a lo largo del siglo XX. Todos mis trabajos se basan en el desarrollo de sistemas audiovisuales, que emplean las estructuras de los nuevos medios para crear formas no lineales, poniendo de manifiesto las capacidades intrínsecas de estas tecnologías”, asegura Lizalde. El artista ha estado trabajando también en el desarrollo del software y la interfaz de control para poner en marcha la doble pantalla de unos 600 m2, que convierte la fachada de Etopia en un espacio para experimentar de forma creativa. Gracias a este dispositivo el Centro de Arte y Tecnología de Zaragoza entrará a formar parte de la red internacionales de pantallas interactivas en áreas urbanas, a la que ya pertenece el Medialab Prado de Madrid. “Durante el Congreso hemos lanzado esta herramienta con la intervención de diez artistas latino americanos, invitados para experimentando con esta tecnología y sus posibilidades”, concluye Lizalde.

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