Las nuevas narrativas de las cámaras de vigilancia

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 01 de julio de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

Detalle de “Discursos para el final de los tiempos” de Mario Santamaria.

“Hoy me dirijo a vosotros, no como presidente de los Estados Unidos, sino como un miembro más de la humanidad. Nos enfrentamos al más grave de los desafíos de la historia, la Biblia llama a este día Armageddon, el fin de todas las cosas”. Con esta siniestra advertencia, que subraya una secuencia de imágenes de estaciones astronómicas y radares apuntando hacia el espacio, comienza Discursos para el final de los tiempos (DFT). Por si no fueran suficientes los inquietantes subtítulos, un sonido alarmante parecido a una escucha muy amplificada, acompaña unos planos que pronto el usuario identifica como imágenes en movimiento. La atmósfera de expectación junto con la duda de estar viendo una transmisión en tiempo real, genera la sensación de que está a punto de suceder algo muy malo.

Sin embargo no hay motivo para el pánico, no se trata del anuncio de algún tipo de cataclismo, sino de la última obra para Internet de Mario Santamaria, un artista originario de Burgos, afincado en Barcelona. Él la define una pieza de net.cinema, una película experimental online, disponible en sesiones continuas las 24 horas del día y los siete días de la semana, con la peculiaridad que las secuencias que se proyectan, acompañadas por la banda sonora del fonógrafo Edu Comelles, nunca son las mismas y nunca se volverán a repetir.

Como sugieren los contenidos textuales y el propio título Discursos para el final de los tiempos (DFT), se trata de una pieza audiovisual centrada en una hipotética inminente destrucción de la humanidad por parte de una amenaza exterior. La obra utiliza entera y exclusivamente material de apropiación, empezando por los textos que pertenecen a célebres películas del cine estadounidense de catástrofes. Así como el fragmento citado al principio, extrapolado de Armageddon (1998), todos son partes de discursos de “presidentes cinematográficos” comunicando el posible final de nuestra civilización.

Capturas desde “Discursos para el final de los tiempos” de Mario Santamaria.

Quizás Santamaria se pueda definir el artista que todo lo ve y todo lo controla, ya que también este trabajo, como los anteriores Ctrl [Lag], Collage City y Streaming Actions, se centra en el uso y el funcionamiento de los sistemas de vigilancia y los circuitos cerrados de televisión (CCTV). Precisamente por eso las imágenes de Discursos para el final de los tiempos no se repiten nunca, porque la obra se construye juntando 17 planos fijos de otras tantas cámaras abiertas de observación científica, localizadas en diferentes lugares del mundo. Este inquietante carrusel de webcams en tiempo real, pone en escena una representación sobre el fin del mundo, que paradójicamente no tiene final “algo así como un homenaje al sin fin de las películas del creador granadino Val del Omar”, explica Santamaria al Silicio.

Los textos que marcan los tiempos narrativos ofrecen también una reflexión sobre la manipulación cotidiana de los medios de comunicación. “Un guionista de cine y un asesor de comunicación política confeccionan y estructuran narraciones que funcionan de manera similar”, explica el artista. “Una política sintética, sentimental y mediática es, como no podría ser de otra manera, cinematográfica. Basta con recordar algunos de los recientes discursos sobre la crisis pronunciados por nuestros políticos”.

“Protocols. Comentarios a la ciudad pantalla” de Santamaria y Cerezo en Stripart.

Sin embargo Santamaria quiere quitarle hierro al asunto del Apocalipsis y prefiere citar el filósofo esloveno Slavoj Žižek, quien afirma “es más fácil imaginar el fin del mundo, que una alternativa al sistema social y de producción en el que vivimos”. Tampoco quiere olvidar la persistente amenaza a la intimidad, representada por los sistemas de vigilancia, que se han ido convirtiendo en los verdaderos protagonistas de sus obras. “La vigilancia no remedia la catástrofe, la representa. El control está ahí para garantizar una normativa, un estado de las cosas, un orden social. Las imágenes de vídeo-vigilancia no tienen nada de neutral, aunque a veces lo parezca. Su forma de producción las condiciona. La TV instruye a los tele-videntes con imágenes que difunden el miedo y legitiman el control. El miedo es el mensaje”, concluye Santamaria citando el título del homónimo trabajo de Juan José Martín Andrés.

Santamaria está ahora trabajando en Protocols, una proyección monocanal, que combina texto e imágenes en tiempo real, desarrollada en colaboración con Azahara Cerezo. La obra salida del programa de creación artística de la Sala d’Art Jove de Barcelona, a partir del 6 de julio se presentará en la XVIII Muestra de Arte Joven – Stripart en el barrio Horta-Guinardó de la capital catalana.

“Evidence Locker” de Jill Magid en Aksioma Project Space, Ljubliana (Eslovenia).

Si la semana pasada tratamos las formas de creación a partir de contenidos extrapolados de la plataforma YouTube, hoy queremos fijar la mirada en algunos proyectos que también surgen de la red, aunque se nutren de imágenes y contenidos procedentes de las grabaciones de las cámaras de vigilancia.

Otro interesante ejemplo es Evidence Locker de la artista y escritora estadounidense Jill Magid, que se expone hasta el 5 de julio, en Aksioma Project Space, un centro de arte independiente de Ljubljana en Eslovenia, fundado por el artista Janez Janša. En Evidence Locker, que es al mismo tiempo una vídeo instalación y una performance que tuvo lugar a lo largo de un mes en las calles de Liverpool, Magid plasma una reflexión sobre los sistemas de vigilancia y las cámaras CCTV. El proyecto, que se realizó en colaboración con el Liverpool’s City Watch, surgió a partir de una especie de juego en el que la artista involucró los servicios de vigilancia, haciéndose pasar por una investigadora y pidiendo que las siguieran a través de las cámaras de la ciudad, vestida con un abrigo rojo. Aprovechando un fallo burocrático de estos sistemas, cuyas grabaciones en el Reino Unido tienen que ser borradas al cabo de un mes si no se verifica ningún incidente, Magid consiguió salvar las imágenes grabadas.

Jill Magid. “Evidence Locker” mixed media installation en Aksioma Project Space. Foto: Janez Janša.

El incidente en realidad fue creado por la propia artista, que aprovechando los parámetros insuficientemente definidos de la ley británica, consiguió que las grabaciones no se borraran, estableciendo una relación de complicidad con las autoridades a las que envió repetidas cartas de amor, suplantando de forma rayana a lo absurdo, la fría relación que normalmente se establece entre el ciudadano y los sistemas de control. Estas cartas, que se pueden leer y recibir dándose de alta en la web de Evidence Locker, la hicieron tan popular que finalmente pudo obtener también las grabaciones originales para dar forma a su proyecto artístico.
Además de la instalación con sus respectivos vídeos, grabados por las cámaras de vigilancia de Liverpool, el proyecto comprende el libro One Cycle of Memory in the City of L.

Detalle de “2.4Ghz from Surveillance to Broadcast” de Benjamin Gaulon.

Cerramos el tema con 2.4Ghz from Surveillance to Broadcast del artista francés Benjamin Gaulon, más conocido como Recyclism, por su trabajo como hacker de soportes digitales e ingeniero del reciclaje, interesado en fenómenos como la obsolescencia y la exploración del détournement.

Con su proyecto 2.4Ghz, Gaulon da vida a una suerte de guerrilla urbana, que se materializa a través de un extraño aparato, muy parecido a un televisor artesanal que el artista va colocando en las aceras más transitadas de las ciudades de media Europa. En la pantalla de este instrumento, que es al mismo tiempo un receptor y un transmisor de señales de vídeos inalámbricos, van materializándose las imágenes que proceden de transmisiones desprotegidas de videocámaras domésticas. “El proyecto 2.4Ghz está equipado de un dispositivo muy común en nuestras casas, ya que suele ser utilizado por los padres para monitorear el sueño y la actividad de sus hijos” explica Gaulon. “Estos dispositivos son cada día más comunes y baratos, pero tienen fallos y los usuarios no saben que en la mayoría de los casos están emitiendo sus imágenes privadas sin protección alguna y que un receptor como el 2.4Ghz o similares podría materializarlas delante de ojos indiscretos”.

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