Un puente interactivo entre Ámsterdam y la Bienal de Venecia

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 03 de junio de 2013 – Entrada original en EL PAÍS


Adoptar las posturas de esculturas célebres para convertirse en una obra de arte, conducir un coche a toda velocidad por la edad del oro del arte flamenco, estirar los brazos hasta darle la mano a un vecino de Ámsterdam o simplemente bailar.
Son algunas de las acciones que permite realizar The Bridge, un proyecto que forma parte de la presencia holandesa en la Bienal de Venecia, concebido y comisariado por Dropstuff, una plataforma dedicada a las artes digitales e interactivas, en espacios públicos.

Algunas obras interactivas de Dropstuff.nl en la Riva degli Schiavoni de Venecia.

Recorriendo el camino que desde la Plaza San Marco de Venecia conduce hacia el Arsenale y los Giardini, punto neurálgico de la Bienal, es imposible no ver la enorme pantalla de Dropstuff, colocada en la célebre Riva degli Schiavoni, entre el mar y la mirada del paseante.
Es la tercera edición que esta plataforma alternativa participa en los eventos colaterales de la Bienal con un programa dirigido a visibilizar la creatividad  experimental holandesa. The Bridge, el proyecto que presentan en esta edición, reúne ocho juegos interactivos, realizados por cuatro artistas y otros tantos estudiantes, creados con el objetivo de conectar a través de la tecnología y la creatividad lúdica Ámsterdam y Venecia.

Durante dos semanas (es decir hasta el 10 de junio), la pantalla veneciana estará conectada durante diez horas cada día con una pantalla idéntica, situada cerca del estanque de Museumplein (la plaza de los Museos) de Ámsterdam. Ambas están divididas en dos partes, que reflejan lo que pasa en cada ciudad, de modo que los transeúntes en Venecia y Ámsterdam pueden verse y jugar juntos.
“En la edición anterior realizamos un proyecto de realidad aumentada, sin embargo nos dimos cuenta de que a la gente le costaba bastante interactuar por este medio y además no siempre tenía los teléfonos preparados para hacerlo. Este año hemos elegido trabajar con Kinect, una plataforma más accesible a la interacción de un público más amplio”, explica René van Engelenburg, director de Dropstuff, indicando que la decisión de cambiar herramienta fue impulsada por la voluntad de involucrar cada vez más personas y no sólo las élites y además conseguir “que pierdan el miedo a la participación”. La tecnología Kinect es ampliamente utilizada en las nuevas generaciones de videojuegos para interactuar con los elementos de la pantalla tan sólo con los movimientos del cuerpo.

“Instant Sculpture Garden” de Sander Veenhof en una fria y lluviosa Bienal de Venecia.

Los proyectos, tanto de los artistas como de los estudiantes, fueron elegidos a través de una convocatoria abierta y realizados especialmente para la Bienal.
¿Quieres convertirte en una obra famosa: el Discóbolo, el Pensador o incluso la Estatua de la Libertad? Entonces lo tuyo es Instant Sculpture Garden, un juego de Sander Veenhof, que permite al usuario medirse con su capacidad física de representación artística, porque sólo si adopta la posición correcta, el programa la reconoce congelándola y introduciéndola en un jardín de esculturas virtuales. “He creado este juego como una forma para experimentar y sentir la escultura con todo el cuerpo, precisamente porque Kinect es una herramienta que controlas usando todo tu cuerpo”, explica Sander, que también participó hace dos años en el proyecto de realidad aumentada.

Gracias a Heinze Havinga, Rachel Kremer y Willem van Vliet, el mítico Grand Tour, más que un viaje un ritual de paso de la juventud a la madurez de las élites europeas del siglo XVIII, se convierte en una alocada carrera de coche, en la que un usuario en Holanda y otro en Italia, conducen juntos desde Ámsterdam hasta Venecia in un panorama surrealista poblado de obras maestras.

Detalle de “Stretching it”, el puente humano de Stijn Kuipers, Sebastian Michailidis y Priscilla Haring.

Stretching it de Kuipers, Michailidis y Haring obliga los usuarios de las dos ciudades a estirarse literalmente hasta deformar sus cuerpos para tocarse las manos. La distancia alcanzada viene contabilizada y sumada a la distancia total hasta formar un ‘real puente virtual’ entre Italia y Holanda. Finalmente Component pone a prueba la capacidad de colaboración de los jugadores, que deben adoptar exactamente la misma postura y sólo cuando lo logran, la máquina capta una foto que viene convertida en una pintura de una extraña colección.

“Rendez-vous” de Julien Ranzijn, Jason Schot, Ruben Bernhardt, Suzanne Bon, Joost van ‘t Hoff, Fabian Heeres y Denise Gahler de la Escuela de Artes de Utrecht.

Entre los juegos creados por los estudiantes, destaca Rendez-vous cuyo objetivo es hacer que la gente consiga un notable nivel de empatía bailando juntas y coordinando sus movimientos de forma virtual. También merece una mención Cabinet of curiosity de Vera Tan Hoveling de la Academia Rietveld, que se inspira en los circos de monstruos humanos del siglo XIX, para crear una especia de enlace físico entre los dos usuarios convertidos gemelos siameses virtuales.

A diferencia de la pantalla de Venecia, que se desmontará una vez finalizado el proyecto, la de Ámsterdam, que forma parte de la red permanente establecida por Dropstuff, permanecerá activa. Actualmente la red se compone de seis pantallas interconectadas, situadas en el espacio público de otras tantas ciudades holandesas: Ámsterdam, La Haya, Eindhoven, Amersfoort, Breda y Utrech. Además acaban de instalar una nueva en la estación de trenes del aeropuerto Schiphol de Ámsterdam.

“La red forma parte de un proyecto dirigido a relanzar infraestructuras culturales alternativas en los espacios públicos”, explica René van Engelenburg, que cuida de la programación de las pantallas exactamente como si fueran centros de arte. Normalmente las pantallas se controlan a través de teléfonos inteligentes, que permiten a los usuarios acceder a obras de arte, juegos creativos y eventos especiales como The Bridge.  “Nos gusta pensar en Dropstuff como un museo sin paredes. Nos mantenemos abiertos a las propuestas de artistas, críticos, estudiantes y público en general, pero antes de aceptarlas y programarlas las estudiamos, nos se trata de discriminación, sino de querer mantener un determinado nivel de calidad, lo cual además impulsa la presentación de trabajos de buen nivel”, añade van Engelenburg, que quiere ampliar Dropstuff a otras ciudades de Europa, empezando por Amberes en Bélgica.

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