Un artista de ciencia ficción

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 25 de marzo de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

Detalles del instrumental de “Different Ways to Infinity” de Félix Luque.

Una computadora, que ha adquirido un cierto grado de inteligencia y empieza a sublevarse. Un gran dodecaedro, a primera vista tan sólo una escultura, que parece tener vida propia y un laboratorio científico, que a través de sus instalaciones aparenta establecer un diálogo entre la física cuántica, la teoría del caos y el significado de infinito. Parecen elementos sacados de la trama de una novela de ciencia ficción, en el más puro estilo Bradbury, pero estamos hablando de arte digital y de un creador español, Félix Luque Sánchez, que está consolidando cada vez más su presencia en los escenarios internacionales.

Originario de Oviedo y afincado en Bruselas, Félix Luque ha desarrollado una línea de investigación artística muy personal, que plasma en grandes instalaciones, caracterizadas por una estética cercana al mundo de la ciencia ficción. Se trata de obras, que despliegan una peculiar narrativa, equilibrando distintos recursos desde objetos esculturales y vídeos hasta herramientas tecnológicas. “Cada elemento es como si fuera una pincelada de una historia que permite al público conectar con ellos de forma consciente o inconsciente, según su cultura cinematográfica y literaria”, explica Luque, que cuenta -en todas sus creaciones- con la colaboración de Iñigo Bilbao, un artista asturiano, especializado en animaciones 3D y diseño industrial.

El elemento escultórico formado por dodecaedros de “Different Ways to Infinity”.

Félix Luque acaba de presentar una nueva pieza, Different Ways to Infinity (DWI), que se ha estrenado en la exposición Natures Artificielles, en el marco del festival VIA de Maubeuge en Francia. DWI, que seguirá itinerando en el país trasalpino durante el mes de abril en el festival Exit de Creteil y desde mayo en Lille, es una instalación que se estructura como un imaginario laboratorio científico, formado por tres ámbitos. En los dos primeros se encuentran una serie de impresiones digitales y animaciones 3D, que reproducen extraños experimentos físicos y un instrumental, parecido a un sintetizador, cuyas señales se visualizan a través de un osciloscopio y se difunden por unos altavoces. Inspirado en la teoría del caos y los experimentos del físico y matemático holandés Hendrik Lorentz, el sintetizador genera formas fractales que se visualizan en unos monitors, controladas por potenciómetros capaces de modificar sus parámetros de modulación en tiempo real.
El tercer elemento está formado por una gran escultura, compuesta por unos dodecaedros, cuyas formas geométricas sugieren las potencialidades para expandirse de manera infinita hasta llenar todo el espacio a su disposición, como si se tratara de una entidad autónoma. El público descubrirá que esta entidad, a primera vista inerme, está dotada de actitudes y comportamientos, como la capacidad de generar pautas lumínicas, en respuesta a la presencia de los visitantes. Todo el conjunto desarrolla unas narrativas inusuales, que transcienden lo real para explorar e investigar entre magia y ciencia, en un juego de interacción con el público.

El elemento escultórico de Different Ways to Infinity tiene un estrecho vinculo formal con Chapter I: The Discovery, una de las primeras piezas de Félix Luque, que en 2009 se exhibió en LABoral Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón.
Enigmático e inquietante como el monolito de 2001. Una odisea del espacio del cineasta Stanley Kubrick, el protagonista de Chapter I: The Discovery es una escultura geométrica brillante y opalescente, un objeto no identificado también con forma de dodecaedro, cuya silenciosa presencia y los regulares destellos que emite sugieren de forma inequívoca un origen alienígeno.

“Chapter I: The Discovery” el enigmatico dodecaedro alienígeno de Félix Luque.

También la puesta en escena de Chapter I: The Discovery cuenta con distintos espacios y una serie de vídeos que escenifican el momento del descubrimiento del misterioso dodecaedro, inmortalizado en lugares ficticios de la Tierra, mientras reproduce incasablemente las mismas pautas de luces, como en un estado de permanente espera.
Una actitud, que acaba siendo alterada por la presencia de los humanos, ya que cuando alguien se acerca a la escultura, ésta reacciona emitiendo unos códigos de luz y sonido como si quisiera establecer algún tipo de comunicación.

“Mi propósito es emplear el potencial simbólico de esta figura para que mentalmente, consciente o inconscientemente, se asocie con imágenes de esta subcultura popular”, indica Luque, haciendo referencia al dodecaedro en relación al imaginario de la ciencia ficción, desde Moebius, Philip K. Dick o Arthur C. Clarke. El artista destaca también como la simbología del dodecaedro se refleja en el arte y la cultura en general, desde las teorías sobre la génesis del cosmos de los pitagóricos y el Renacimiento, cuando artistas y científicos se interesaron ampliamente por los sólidos platónicos y por el dodecaedro en particular, como demuestran los célebres dibujos de Leonardo da Vinci.

Después de recibir una Mención de honor en los Prix del Ars Electronica Festival de 2010, por Chapter I: The Discovery, Luque continúa sus investigaciones sobre la inteligencia artificial de las máquinas con Nihil Ex Nihilo, una instalación que el pasado mes de noviembre fue galardonada con el Technological Art Award 2012, en la cuarta edición del la bienal Update de Gante en Bélgica.

“The Dialogue” uno de los espacios de la Instalación “Nihil Ex Nihilo”.

Nihil Ex Nihilo profundiza en el desarrollo de espacios híbridos estructurados alrededor de elementos instalativos y narrativos, que requieren la participación del público, invitado a experimentar con la percepción de la obra en diferentes escenarios. Nihil Ex Nihilo se desarrolla alrededor de una idea básica. ¿Qué sucedería si un ordenador, que forma parte de una red global de máquinas alienadas a una entidad maestra, adquiere un cierto grado de inteligencia y empieza a sublevarse?
A través de diferentes soportes entre audiovisuales, elementos esculturales y animaciones en 3D, esta instalación cuenta la historia de SN W8931CGX66E, un ordenador como muchos otros, cuyas tareas se enmarcan en una esfera de trabajo empresarial. Como muchas otras maquinas infectadas SN W8931CGX66E se ha convertido en un zombi controlado por terceros, que le obligan a llevar a cabo, involuntariamente,  actividades ilegales y ciber crímenes. Todo esto hasta el día en que, a raíz de una alteración electrónica, el ordenador explotado toma un cierto grado de conciencia y empieza a desarrollar una suerte de inteligencia artificial, que dará un vuelco a su vida.

Este recorrido narrativo se puede experimentar en tres distintos espacios. The Transformation, pone en escena a través de una documentación audiovisual el momento de la mutación de SN W8931CGX66E, que le llevará a transformarse desde su matriz original a una forma semi-neuronal. The Dialogue se articula en unas grandes pantallas digitales, donde fragmentos de texto, que se desplazan rápidamente, materializan el flujo de datos que se origina entre la entidad pensante y otros equipos de la red. El intercambio de mensajes entre ellos se puede ver y escuchar en tiempo real en este espacio. The Monologue, el último elemento de esta instalación, consiste en la grabación sonora de un monólogo de SN W8931CGX66E. Escuchándolo es posible percibir como la máquina descarrila progresivamente hacia una suerte de delirio. “Mi instalación es una narración entrecortada de ese proceso de transformación y mi enfoque desarrolla la fase de delirio en la que entraría una máquina sujeta a tal proceso”, explica Luque y añade “En mi proyecto me centro en las redes de spam y los botnets. Me interesa porque es un caso paradójico: como idea de ciencia ficción resulta aterradora, pero en nuestra realidad cotidiana se traduce en una incursión en nuestra intimidad que no pasa de ser anecdótica”.

Encontramos muy fascinante la aproximación de Félix Luque, que mezcla arte y nuevas tecnologías con el mundo de la ciencia ficción. Un mestizaje que surge principalmente de su interés por este ámbito, en el que confluyen disciplinas muy distintas desde la literatura y los comics hasta las producciones cinematográficas. “La relación entre arte que utiliza tecnología y la ciencia ficción me ha parecido siempre muy natural y lógica”, nos explica Luque. “Es un terreno en el que me siento cómodo para desarrollar todas las cuestiones que me interesan artísticamente. En realidad siempre me ha sorprendido que esta conexión no haya sido explorada más a menudo de forma explícita por más artistas. Para mí una de las razones es que a menudo el arte digital peca de ‘demostrativo’ en su relación con la tecnología, que emplea”, concluye el artista.

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