El precio de las palabras

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 28 de febrero de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

A menudo mal utilizadas, desacreditadas y subestimadas, pero también sobrevaloradas y falsamente aduladas, las palabras, en estos tiempos de redes sociales y emoticones, no parecen estar viviendo su mejor momento. Desde la forma de encasillar las relaciones en los perfiles de Facebook, que se pueden liquidar con un simple “es complicado” hasta las homeopáticas potencialidades de los mensajes de Twitter, la variedad lingüística se está enfrentando a un inédito empobrecimiento, que aún no está bien claro si se puede atribuir a una especie de neo-analfabetismo digital funcional, en una era en la que los nativos digitales están más atraídos por las emociones en 140 caracteres, que por los libros.

A partir de estas reflexiones y de la voluntad de redescubrir el valor intrínseco de las palabras, surge Word Market, un proyecto artístico en Internet de Belén Gache, una escritora hispano-argentina afincada en Madrid, que desde 1996 se dedica a la creación de literatura hipermedia y poesía conceptual.
Bajo el lema “¡No se quede atrás. Aumente su riqueza lingüística¡” y “¡Conviértase en el dueño de sus propias palabras!”, Word Market se presenta como un portal de Internet dedicado a la compra-venta de palabras, operación para la cual se necesita una divisa especialmente acuñada: el Wollar.

El proyecto, que por el momento es sólo en inglés, invita el usuario a convertirse en coleccionista o especulador de palabras, realizando compra-ventas de términos cuyo valor pueden fluctuar con el tiempo y en relación a la demanda y las tendencias del mercado. Evidentemente se trata de un proyecto irónico y creativo, enfocado hacia la reflexión sobre el uso de las palabras y no tiene nada que ver con un portal comercial. El mismo Wollar es una moneda ficticia, inventada para manejar las inversiones en el portal, que no comporta ningún coste real para los participantes. El único problema, como en el mundo real, es gestionar mal el presupuesto inicial y quedarse pronto sin blanca.

Para convertirse en broker de las palabras, tan sólo hace falta darse de alta a través de un sencillo formulario, concebido principalmente para que el usuario disponga de un perfil personal con el cual relacionarse con los demás marchantes de palabras. Para empezar cada agente dispone de 10.000 Wollars, que le permiten realizar sus transacciones, a partir de un listado de los términos más cotizados en el mercado. Cada palabra tiene su valor y hay que reflexionar bien sobre la inversión y si esta puede resultar provechosa a largo plazo. Una buena opción es comenzar invirtiendo los 10.000 Wollars en palabras que todavía no tengan dueño. Realizadas las adquisiciones principales, es posible negociar con otros usuarios la compra de palabras que tengan un especial interés por ejemplo en el ámbito de una colección. Sin embargo comprar palabras de otros, significa también tener que invertir más presupuesto y arriesgarse a  que el término con el tiempo haya perdido valor.
El valor de las palabras se determina mediante un algoritmo que tiene en cuenta el tipo de terminología, el numero de letras que contiene y cuál es el trend (tendencia) en el momento de su adquisición. Dado que este último dato cambia constantemente, también el valor de las palabras, como cualquier otro título, registra fluctuaciones continuas, lo cual permite al usuario que así lo quiera, especular con su precio, beneficiándose con las operaciones.

Red Spider, propietario de la palabra “Art” y el certificado de propiedad personalizado (Word Market).

Al comprar una palabra, Word Market envía al cliente un certificado de propiedad personalizado y también la que denomina ‘una página de advertencia’, que se puede utilizar para avisar a los demás que dicho término posee ya un propietario y por ende, su uso está prohibido. Además Word Market ha habilitado un servicio que permite enviar palabras a terceros, como si se tratara de obsequios.

“En tiempos de creciente privatización de los espacios públicos y de profusión de leyes de copyright, Word Market permite operar y beneficiarse con las palabras y sus valores fluctuantes. Las posibilidades de que el lenguaje se privatice por completo no son lejanas. Ser el dueño efectivo de las propias palabras implica evitar pagarle a un tercero para utilizarlas. Reserve sus palabras antes de que otro lo haga”, aconseja Belén Gache, que ha realizado el proyecto por encargo de la productora independiente Turbulence de Nueva York y el apoyo del National Endowment for the Arts.

Belén Gache, que espera poder desarrollar este proyecto también en castellano, es novelista e investigadora de formas literarias experimentales y expandidas y sus obras forman parte de un ámbito que se suele definir literatura hipermedia. Entre sus ciber-poesías destacan los Wordtoys, que retoman las estrategias de escritura de las vanguardias y neo-vanguardias como aleatoriedad, reescrituras, combinatorias y détournements, entre otras técnicas. Sus trabajos se han expuesto en muestras y eventos internacionales, como el Festival FILE (Sao Paulo, Brasil), el Museo Tamayo (México DF), Cyberpoem (Barcelona), Cosmopoética (Córdoba, España), la Bienal de Porto Alegre (Brasil) y E-Poetry 2011 (Nueva York). También es co-directora del sitio argentino Fin del Mundo, una de las primeras plataformas en español para la circulación del net.art.

El certificado de propiedad personalizado para “Peace” comprada por El Arte en la Edad del Silicio.

Para concluir buceando entre las ofertas del ‘mercado terminológico’ no deja de sorprender que las palabras God, Friendship y Mother tengan muy poco valor y el El Arte en la Edad del Silicio pudo comprar por menos de un décimo del presupuesto inicial palabras tan populares como Devil, Flower y Honest. “Hay quienes se la pasan comprando y vendiendo palabras, como meros especuladores. Otros las coleccionan y no quieren venderlas, por más que les hagan ofertas interesantes. Las pujas generalmente tienen lugar para las palabras de moda. Sin embargo, a veces, hay quien compra una palabra en especial sólo para especular y subir su precio”, indica Gache.

You, Opium, Monk y Red resultan ser algunas de las palabras más cotizadas de la semana, en cambio debido a la inflación el popular Love ha llegado a minimos históricos como Peace, que hemos comprado por tan sólo 10 Wollars, aunque no está nada claro si se trata de una adquisición romántica o una buena inversión con la que se podrá especular en el futuro. Finalmente en los últimos días, como era de esperar, el precio de la palabra Pope (Papa) se ha disparado, aunque sigue siendo un título que manejar con mucho cuidado y aún más a la espera del inminente cónclave.

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