Vicente Matallana, el lado inescrutable del arte electrónico

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 21 de enero de 2013 – Entrada original en EL PAÍS

El arte electrónico ha ido difuminando cada vez más los perfiles de autoría y a menudo los artista comparten el proceso creativo con un entramado de programadores y promotores culturales, que no siempre aparecen en los créditos de las obras. Vicente Matallana (Madrid, 1967) es uno de ellos y sin duda alguna se puede considerar el más internacional de nuestros agitadores culturales, una figura en la que se combinan aspectos y tareas propias del productor musical o teatral, del promotor de iniciativas y también del comisario de arte. Matallana es todo esto y a la vez mucho más, algo así como el lado oculto e inescrutable de la escena electrónica en España.

Fundador de la productora independiente LaAgencia e impulsor desde 1998 de las iniciativas más vanguardistas en el marco de la feria de arte contemporáneo ARCOmadrid, en 2012 ha sido fichado como director técnico del Kunsthal Aarhus, el centro de arte de la homónima ciudad danesa. Además tiene un oscuro pasado vinculado con el todavía misterioso colectivo Hell.com, fundado en 1995 por el artista Kenneth Aronson, dueño de uno de los dominios más codiciados de la red que en 1999 llegó a ser cotizado un millón de dólares y que finalmente vendió en 2009 por una cifra todavía desconocida.

Aprovechando que acaba de abrirse la convocatoria de la octava edición del Premio ARCOmadrid/BEEP de Arte Electrónico, un premio adquisición cuyas obras pasan a formar parte de la Colección BEEP, dirigida por Matallana, queremos destacar momentos especialmente interesantes de su pasado y adelantar proyectos futuros con una entrevista/relato, donde se revelan algunas anécdotas que nunca han sido recogidas antes por escrito.

El Arte en la Edad del Silicio. ¿Cómo te acercaste al arte electrónico? ¿Cuál ha sido tu primer contacto con esta escena y sus protagonistas?

Vicente Matallana. Mi primer acercamiento al arte vinculado con la ciencia, la tecnología, la cibernética y las matemáticas, fue gracias al artista Waldo Balart y sus obras basadas en sistemas cromáticos y matrices matemáticas, que me pusieron en contacto con las experiencias del Centro de Cálculo de Madrid. Es decir, mi primer acercamiento vino a través del movimiento constructivista, a finales de la década de 1980, con artistas como Elena Asins de la que recuerdo perfectamente el Cabezón (uno de los primeros Macintosh) que utilizaba. No tenía ni disco duro, era externo!
Pero realmente me involucré a través del grupo Libres para Siempre, con los que -hacia 1994- compartía estudio y oficina, así que de forma más casual que deliberada empecé a producir y gestionar su obra. Los primeros trabajos para con Libres para Siempre para el festival Art Futura, marcaron el verdadero inicio de mi actividad profesional en este campo… vaya que me liaron, eran los tiempos de los ordenadores 486.

El Arte en la Edad del Silicio. Tu trayectoria está desde siempre unida a LaAgencia. ¿Cuando empezó a tomar forma LaAgencia?

Vicente Matallana. En 1996 Sonia Álvarez y yo empezamos a trabajar juntos básicamente produciendo obras de Libres Para Siempre. En 1998, debido a un encargo de Fundación Telefónica, nos dimos cuenta de que debíamos regularnos como empresa ante el volumen de trabajo y proyectos que manejábamos, por lo que fundamos LaAgencia. Dos años después Sonia la dejó para dedicarse a sus dos preciosas y traviesas hijas y a otros proyectos de gestión cultural con gran éxito. LaAgencia surgió para la gestión, producción y desarrollo del arte en su intersección con la ciencia y la tecnología, tanto con un carácter investigador y experimental, como con un marcado carácter económico. Me explico, la viabilidad económica de este campo del arte es un tema difícil, delicado y básico, y siempre ha sido el campo de trabajo privilegiado por LaAgencia. Somos el lado oscuro, quien negocia con el capital.

La actividad negociadora de Matallana en el ámbito de la producción y gestión de proyectos, se equilibró con una vertiente creativa, que se plasmó en una larga etapa junto con el colectivo Hell.com. Un grupo de artistas de la escena del arte en la red que entre 1994 y 2009 se ha caracterizado más bien por la oscuridad y el secretismo de sus iniciativas, encerrados en una críptica web a la que no se podía acceder. Una comunidad, en la que los mismos artistas se conocían por apodos (Ube, era el de Vicente Matallana), formada por nombres muy conocidos de la escena electrónica y digital como Audria Harvey y Michael Samyn de Entropy8Zuper. A lo largo de los años esta actitud ha generado un cierto interés sobre el colectivo, molestias por parte de otros grupos artísticos y tensiones en el mismo seno de Hell. De esta época, en la que todavía los artistas del medio digital se enfrentaban en la red a golpes de código malicioso, se remontan los ataque informáticos de AntiOrp y los italianos 0100101110101101.org. Estos últimos, en 1999, aprovechando un acceso por invitación restringido a los subscriptores de Rhizome, para ver una presentación de obras en Hell.com, se colaron en el sitio e intentaron realizar una copia que al día de hoy, parece ser lo único que queda del tan codiciado Hell, exceptuando lo que se puede ver en Archive.org.

El Arte en la Edad del Silicio. ¿Quieres contarnos algo sobre tu etapa Hell.com? ¿Cuando estrechaste vínculos con este grupo de artistas?

Vicente Matallana (Ube). ¿Hell, qué Hell? ¿De qué me está usted hablando? (risas). En 1998 cuando hicimos la exposición Existencias Agotadas entramos casualmente en contacto con Hell. Posteriormente yo fui invitado a ser miembro del grupo y desde LaAgencia organizamos el único evento en vivo del colectivo. Fu en el Festival de Benicassim de 2001, y conseguimos reunir a unos 30 artistas de 12 países, para poner en marcha un laboratorio durante 15 días y al final un evento en directo de 72 horas no-stop, retransmitido en directo desde Benicassim a la Bienal de Los Ángeles. Todo lo demás es parte del misterio, el mito, la leyenda. One (Kenneth Aronson), el creador de Hell.com, lo único que nos pidió a todos, fue mantener para siempre el misterio. He de decir que hemos rechazado varias propuestas de retrospectivas y cosas así.

Recuerdo con especial cariño un día hacia 1999 en el que tras pedir los permisos correspondientes al grupo quedé en nuestras oficinas con José Luís Brea [inolvidable historiador y crítico de arte y pionero de los nuevos medios en España, prematuramente fallecido en 2010], a las diez de la noche, para enseñarle el interior de Hell, todo lo desvelable. José Luís se quedó hasta las tres de la mañana, viendo e intentando comprender el funcionamiento y las sinergias y yo sufriendo sus crípticas preguntas… yo soy un técnico no un teórico, le decía… y José Luís cumplió con el acuerdo de confidencialidad sobre lo que había visto hasta el final; es difícil no echarle de menos.

Eso sí, aprovecho este medio para decir, con todo mi cariño a Franco y Eva Mattes, que lo de 0100101110101101.org fue un simple bluff, en cambio AntiOrp fue otro tema…

El Arte en la Edad del Silicio. Hell.com nació como un grupo de artistas cerrados en sí mismo, casi autista en su relación con el público. ¿Qué representaba esta actitud y qué cambió para que de pronto cada artistas empezara su trayectoria en solitario y… en abierto, hecho que probablemente coincidió con el final de Hell.

Vicente Matallana (Ube). Hell fue un cuestionamiento absoluto y continuo al establishment del arte. No se sabía y nunca fue hecha pública la lista de los miembros y tampoco no se conocía su actividad, excluyendo un par de ventanas en la web de Rhizome para enseñar un par de proyectos. Creamos la primera obra pay per view de la historia (skinonskinonskin de Entropy8Zuper) cuestionando el mercado y  proponiendo nuevas fórmulas de financiación. Aunque en el grupo había comisarios y de muy alto nivel, se cuestionó todo el proceso curatorial, se reivindico el anonimato en favor de la obra… bueno, que se yo, Hell no estaba en contra de nada, pero sí que abrió la puerta a una nueva era en el arte gracias al cuestionamiento. La lista de miembros, como decía, era confidencial y así lo será siempre, pero no había sólo artistas, también abogados, historiadores, productores… Yo creo que en el momento más álgido llegamos a ser unos 250 miembros de una treintena de países.

En un momento dado consideramos que Hell.com había completado su función por lo que acordamos la disolución del grupo; quizás lo que nos marcó a todos fue el fin del net.art como proyecto de investigación. Gran parte de los miembros estamos unidos por una fuerte amistad, también tuvimos nuestras peleas internas, como es fácil imaginar, así como proyectos comunes que hemos seguido realizando. Recientemente he estado en Bangkok con, llamémosle Mr. X, para poner en marcha un potente proyecto de investigación, I+D+i+A.

El Arte en la Edad del Silicio. Crees que el arte electrónico llegará a los museos y a la primera división de la escena contemporánea con el inevitable cambio generacional, cuando una nueva generación de comisarios y demás agentes del arte suplantará la que sigue anclada a parámetros estéticos y artísticos anticuados. ¿Tendrán el arte electrónico y el new media art un papel relevante en los espacios expositivos y en las colecciones del futuro?

Vicente Matallana. Por favor, es el Arte del siglo XXI! Creo que era Heidegger quien decía que la cibernética es la metafísica de la era atómica. Aquí la cuestión es saber si va a haber colecciones o museos en el futuro. Para mi sigue siendo un misterio como puede hacer Manolo Borja el increíble trabajo que está haciendo en el Museo Reina Sofía con los crueles recortes que soporta.

Por supuesto, en el siglo XXI, la tecnología estará presente, lo que hay que ver si como herramienta o como reflexión; para la vieja escuela el techne era una realidad que como decía Heidegger sólo podía ser desvelada y relevada a través del arte. No obstante el carácter creativo experimental se mantiene  e incluso se incrementa cada vez de forma más radical y el arte en su intersección con la ciencia y la tecnología cada vez es más considerado como paradigma alternativo viable por la comunidad científico tecnológica.

El Arte en la Edad del Silicio. En los últimos tiempos se está notando un estancamiento de la escena digital en España. Muchos buenos artistas, investigadores y comisarios se están orientando hacia el extranjero. Escribimos mucho sobre españoles, pero los que están trabajando a menudo lo hacen en otros países. ¿Qué es lo que falta en España para apoyar esta escena?

Vicente Matallana. Lo que falta es la prometida Ley de Mecenazgo. Es indignante que después de que Wert la anunciara esta no se lleve a cabo. El boicoteo por una parte del gobierno a la ley nos lleva al caos. Es muy importante reseñar de que no estamos solo hablando del arte y la cultura, sino que hablamos del plan general de I+D+i que sin esta ley carece de fondos para ser ejecutado. Es el caos, estamos ante el más puro ‘pan para hoy y hambre para mañana’. Las generaciones futuras no nos lo perdonarán.

Nosotros estamos en contacto con la Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, para buscar formas de colaboración que beneficien a toda la comunidad, pero sin una ley de mecenazgo estamos construyendo castillos en el aire. Hay voluntad y mucha por parte de la Secretaría de Estado, pero mantener los programas esenciales de investigación devora todo su presupuesto. La actitud del Ministerio de Hacienda es patética, incomprensible y cruel. Reitero, las futuras generaciones no nos lo perdonarán. Parece que la apuesta es volver a ser un país de sol y pandereta.

Actualmente el 90% del trabajo de LaAgencia se desarrolla fuera de España y yo, de hecho, he aceptado la co-dirección de un centro de arte en Aarhus, Dinamarca. La huida de cerebros es obvia… Por lo memos en lo que respecta al poco cerebro que yo pueda tener.

Por otro lado un ejemplo de buenas prácticas es el de la The New Art Foundation generada privadamente para el apoyo a este campo que lleva parada un año esperando la prometida Ley de Mecenazgo. Al fin hemos decidido ponerla a andar en este semestre por desesperación, pero por no contar con la ley tantas veces prometida su actividad se verá reducida. Esto demuestra que la promesa de la ley nos ha hecho más débiles y con menos capacidad de actuación. Yo estoy verdaderamente indignado, señor Montoro.

In 2048: Studio Works instalación de Erkki Kurenniemi en Kunsthal Aarhus

El Arte en la Edad del Silicio. Cuéntanos algo sobre tu última etapa en Kunsthal Aarhus y de qué va la nueva exposición que se acaba de inaugurar…

Vicente Matallana. En Kunsthal Aarhus mi papel es el de director técnico, es decir me ocupo de la estrategia financiera, producción y diseño de actividades de investigación, divulgación y difusión. Creo que fue en 2006, cuando en un jurado conocí Joasia Krysa [curadora adjunta de la última Documenta 13 de Kassel] con la que inicié una gran amistad y colaboración de trabajo con proyectos como After the net y Sueños de Silicio, una muestra encargada por el Ministerio de Ciencia e Innovación en la pasada legislatura. El año pasado Joasia me ofreció proponer nuestra candidatura conjunta al comité del centro de arte Kunsthal Aarhus. La propuesta de nuestra dirección bicéfala, ella la artística y yo la técnica, con un programa profundamente experimental, social y radical, gustó y ganamos el concurso. El 11 de enero inauguramos nuestra primera exposición Certain peculiar things and ideas, often failed (or, on humans, machines and running algorithms), Ciertas cosas e ideas peculiares, a menudo falaces (o a propósito de humanos, máquinas y algoritmos que corren). Permíteme aclarar que yo soy un técnico no un teórico, es una visión completamente distópica sobre los sueños de la tecnología. Desde el principio acordamos crear un plan de trabajo basado en lo sistémico derivado de la idea de cibernética de segundo orden de Heinz von Foerster, un marco teórico que siempre hemos reivindicado desde LaAgencia.

Maquina Stella de Marcela Armas. Premio ARCO/BEEP 2012

Sin duda alguna, una de las vertientes profesionales más conocidas de Vicente Matallana es su colaboración con la feria de arte contemporaneo más importante de España, ARCOmadrid, donde lleva muchos años trabajando para impulsar el arte electrónico a través de distintas iniciativas y proyectos (Net Space@ARCO, Black Box@ARCO, Expanded Box@ARCO, etc.). La más reciente es la etapa ARCOmadrid/BEEP, una iniciativa apoyada por Epson y promovida por el emprendedor de Reus Andreu Rodríguez, consejero delegado de la cadena de informática BEEP, creadora de un premio adquisición dotado de 15.000 euros, que se otorga anualmente a una obra presente en ARCOmadrid. El galardón, que contribuye a fomentar la presencia del arte electrónico y digital en la feria más importante de España, va enriqueciendo anualmente la Colección BEEP, dirigida por el propio Matallana, que rúne obras de algunos de los artistas más destacados de la escena digital como Eduardo Kac y José Manuel Berenguer, junto con los talentos emergentes más prometedores como la mexicana Marcela Armas y la brasileña Anaisa Franco.

El Arte en la Edad del Silicio. ¿Quieres contarnos cuando empezó tu relación con ARCO, las etapas fundamentales de tu trabajo en la feria y la génesis del Premio ARCOmadrid/BEEP de arte electrónico?

Vicente Matallana. En 1998 Sanitas nos llamó para gestionar su colección de arte electrónico, que otorgaba el que fue el primer premio de Arte Electrónico en ARCO. Se realizó una comida del equipo de Sanitas y Rosina Gómez Baeza, entonces directora de ARCO y con esa increíble curiosidad, tanto por las cosas como por las personas de Rosina, a la salida de la comida me convocó a una reunión para ver las formas que podíamos encontrar para colaborar juntos. El primer proyecto que hicimos fue una WebTV con Terra y ahí empezó una larga amistad, que he mantenido con Lourdes Fernández, la directora siguiente y Carlos Urroz, el director actual, que han derivado en 14 ediciones de ARCO, con la de este año.

Quiero resaltar el papel tan fundamental que tuvo ARCOmadrid en el desarrollo, la difusión y la divulgación del arte, la ciencia y la tecnología. Desde el año 1998 hasta la edición 2011, ARCO mantuvo una sección de arte electrónico, pasando por diferentes formatos según evolucionaba el medio. Finalmente tras la edición de 2011 se consideró que la sección había cumplido sus objetivos y que el arte vinculado a la ciencia y la tecnología ya estaba plenamente integrado tanto en el mercado como en la sociedad. Valga de ejemplo que en la edición pasada, al premio BEEP de arte electrónico se presentaron más de 200 obras. Han sido años claves para conseguir, no el reconocimiento, sino el conocimiento de la comunidad artística. Complementariamente a ello se han y siguen realizando foros y debates y en la últimas 14 ediciones hemos conseguido organizar premios específicos para esta rama del arte, de los cuales ha surgido el premio adquisición ARCO/BEEP, que ha generado la colección privada más importante de España, poniendo de manifiesto además el apoyo de la industria a nuestro campo.

Luci de José Manuel Berenguer. Premio ARCO/BEEP 2008

El Arte en la Edad del Silicio. ¿Cuántos años llevas comisariando el premio ARCO-BEEP de Arte Electrónico y dirigiendo la relativa colección de arte electrónico?

Vicente Matallana. Ocho ediciones, parece increíble! La colección BEEP es realmente un magnífico retrato del medio y su evolución histórica. Tengo que señalar la colaboración de Epson en todos estos proyectos y también en el desarrollo de un banco de material a disposición de artistas, centros, festivales, etc… gracias al cual se han podido realizar/patrocinar más de 50 proyectos en los últimos cuatro años. Es un gran esfuerzo, realmente más altruista que otra cosa, de estas dos grandes compañías.

El Arte en la Edad del Silicio. ¿Qué salida puede tener está colección? ¿Tenéis algún plan para darle mayor visibilidad?

Vicente Matallana. Nos piden muchos préstamos y hay obras que no dejan de viajar como Luci (José Manuel Berenguer). Andreu Rodríguez, consejero delegado de BEEP-Ticnova, como dije una vez más que un patrocinador es un cómplice, en el sentido más rotundo de la palabra. La colección es muy delicada y muchas de las piezas se exhiben habitualmente integradas en las oficinas de Ticnova en Reus. La idea de Andreu es que los empleados estén rodeados de un ambiente en el cual la tecnología no sea un mero producto sino que sea una parte amena de sus vidas. Las obras representan ese otro lado en el que buscamos aquella idea utópica de los pioneros de esta industria: cambiar el mundo.

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