Una road movie muy interactiva

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 22 de noviembre de 2012 – Entrada original en EL PAÍS


Miguel de Unamuno dijo “Se viaja no para buscar el destino sino para huir de donde se parte”. Y para reconfirmarlo hay cada vez más artistas españoles obligados a buscar en otro país los medios para realizar sus obras, con la esperanza de encontrar un camino que pueda un día llevarles de vuelta.
Como hemos relatado en tantos artículos del Silicio, también la valenciana Ángeles Ciscar (Enlace perdido, sólo en Archive.org) es un ejemplo más de una artista que ha encontrado cobijo al otro lado del Atlántico, para desarrollar su nuevo trabajo Bildungsroman, una instalación interactiva precisamente sobre el tema de los viajes, que se expone en el Centro Cultural de España en México DF, en la Quinta Muestra de Arte Iberoamericano.

A mitad entre una road movie y el teatro de objetos, Bildungsroman se parece mucho a un simulacro de viaje, que evoca los tradicionales efectos cinematográficos de cuando, en una escena grabada en el interior de un coche, las ventanillas transmiten la sensación de movimiento, aunque el coche no haya salido nunca del estudio. En lugar de acoplar a la escena una secuencia filmada, Bildungsroman funciona gracias a la fusión de diferentes técnicas con el objetivo de generar un vídeo, que atrapa el rostro de los espectadores y los mezcla con unos efectos visuales de corte artesanal, accionados en tiempo real por la propia Ciscar, grabados en directo y proyectados junto con la imagen del público.

Un hardware y un software especialmente desarrollados para la pieza, permiten realizar la mezcla de las dos cámaras en riguroso directo. Una de estas cámaras capta los bustos de dos espectadores que se convierten en protagonistas de la película proyectada en una de las paredes de la estancia. El primer plano y los fondos de escena también son realizados en directo delante del público por la artista manipulando un gran número de artilugios, maquetas, siluetas y efectos de luz inspirados en los parámetros narrativos del cómic, que son grabados por la segunda cámara.

“Los recursos que empleo para crear estos paisajes contrastan fuertemente con el mundo tecnológico. El papel, el cartón y la madera son los materiales usados. Recursos que remiten al teatro y van creando la ilusión delante de las cámaras. La ficción surge de la fusión de la plástica con el teatro de objetos y la tecnología”, explica Ciscar, que ha estructurado la película en cuatro episodios que corresponden a otras tantas diferentes etapas del viaje. En todas ellas los protagonistas se desplazan en diversos medios de transporte y atraviesan distintos paisajes. Mientras recorren kilómetros y kilómetros la pareja va manteniendo un diálogo que se puede leer en la proyección en el interior de unos globos de texto, que flotan sobre sus cabezas. “Hablan y hablan pero parecen no escucharse, ambos se preguntan en definitiva cuál es el sentido del viaje”, concluye Ciscar que se ha inspirado en el concepto de viaje iniciatico, al que remite la palabra Bildungsroman, “un término alemán, que acuñó el filólogo Johann Carl Simon Morgenstern en 1820 y literalmente significa novela de aprendizaje o formación. Ya en el siglo XX es adoptado por el cine dando lugar al género de la road movie. En las películas de carretera iniciaticas, en la tradición del Bildungsroman, el viaje revela al héroe algo sobre sí mismo en lugar de sobre el lugar al que ha llegado”.

La intervención de Ciscar en la escena se ha limitado a los primero cuatro días, luego la instalación sigue funcionando gracias a un hardware que acciona la interactividad. Se trata de un cojín, colocado sobre las sillas, donde se sientan los espectadores, que están situadas en frente de la cámara.
“El cojín está hecho con tela conductiva y está conectado a un microprocesador Arduino, que emite señal al ordenador, de forma que el software sabe cuándo hay público sentado en las sillas y es entonces cuando los globos de texto aparecen sobre sus cabezas sumándose al resto de la imagen. Si sólo hay una persona sentada sólo aparecerá un globo, de manera que hace un monólogo mientras que si son dos mantienen un diálogo”, explica la artista.

Una banda sonora compuesta por Ernesto Muñoz, Oscar Núñez y Salvador Bello acompaña todo el trayecto, mientras Juan Galindo Muñiz y Julio Ernesto Zaldivar Herrea se han ocupado del desarrollo del hardware, Adrián Segovia Nessen del diseño del software y Iker Vicente y Humberto Galicia de la construcción de soportes para maquetas.
La instalación que seguirá funcionando hasta el 3 de marzo, se realizó con el apoyo del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes a través de la convocatoria 2012 del Programa de Residencias Artísticas para Creadores de Ibero América y de Haití y ha sido producida en el Centro Multimedia del Centro Nacional de las Artes de Ciudad de México.

Ángeles Ciscar (Enlace perdido, sólo en Archive.org) tiene una trayectoria, que combina arte escénico y nuevas tecnologías. Su trabajo involucra el género de la performance, el vídeo, las instalaciones y el arte interactivo. En sus proyectos se apropia de dispositivos espaciales tradicionales para dotarlos de tecnología interactiva, invitando de esta forma el público a participar en procesos sólo aparentemente conocidos. En sus trabajos destaca un especial interés por subvertir la lógica temporal y espacial de la percepción, ofreciendo así narrativas alternativas y libres.

El año pasado presentó Cámara Oscura en Mercat de les Flors de Barcelona, una vídeo instalación creada con la participación de Hansel Nezza. Alrededor de una enorme mesa-pantalla sumida en un lugar oscuro, el público iba descubriendo la presencia de unos personajes, que parecían emerger de una gran nube que ocupaba todo el espacio de la pantalla. Bajando y subiendo la mesa, el público podía despejar la nube de algunas áreas de la pantalla-mesa e ir descubriendo poco a poco los personajes que esta escondía.

Moviendo la mesa era posible controlar las secuencias de vídeo, siguiendo así un recorrido narrativo. Sin embargo, a pesar de que los personajes parecían estar aislados, era posible descubrir una relación entre ellos, que daba lugar a un juego cautivador en el que el público estaba invitado a crear su propia historia.
“En Cámara Oscura el espectador reproduce a través de un juego los mecanismos de construcción de realidad. Es una invitación a crear su propia narración sobre el mundo que está observando y sobre todo a entender que hay múltiples narraciones”, concluye Ciscar.

(Fotos y vídeo de Bildungsroman © de Murofilms).

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