Luchando contra el mobbing artístico

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 23 de mayo de 2012 – Entrada original en EL PAÍS

Hace poco titulamos El arte digital no nació huérfano la reseña del último libro de José Ramón Alcalá. Ahora, después de haber leído el flamante Prácticas artísticas e Internet en las época de las redes sociales de Juan Martín Prada podemos afirmar que finalmente el net.art tiene padres.

El libro, que a partir de la próxima semana estará disponible también en versión digital, ha sido publicado por la editorial Akal, en la colección Arte Contemporáneo. En un ámbito aún insuficientemente tratado por la historiografía, el libro de Prada constituye una lucida revisión de la historia del net.art desde su génesis hasta nuestros días, aprovechando la eclosión del fenómeno de las redes sociales para hacer también un análisis sociológico y humanístico de estas plataformas y sus relaciones con la creatividad artística online.

Juan Martín Prada ha escrito un texto que tiene el valor añadido de ofrecer un excursus histórico de la creatividad digital, a través de un minucioso examen de sus connotaciones y tendencias, vinculándolas con lo que ha sido la historia del arte más tradicional. Estos vínculos pasan por artistas reconocidos como Vito Acconci, Chris Burden, Bill Viola, Joan Fontcuberta y Hans Haacke, solo para citar algunos y sobretodo por la contextualización de la creatividad digital en relación a las palabras de pensadores y filósofos como Guy Debord, Henri Lefebvre, Walter Benjamin, Jean Baudrillard y Pierre Lévy, entre otros.
Un planteamiento que demuestra, además de un profundo conocimiento del tema, también el cariño de Prada hacia un ámbito creativo infravalorado, que los sectores más tradicionales del arte, muy cerrados y endogámicos, suelen mirar con cierta desconfianza y en el mejor de los casos con un interés superficial y anecdótico. Una actitud que nos gustaría definir como una nueva variedad de ‘mobbing del sector del arte’, formado por un tropel de comisarios, directores de museos y críticos, cuya escasa capacidad de reacción parece reflejar la esperanza de que un día todo este mundo hecho de códigos, pantallas, webs e interactividad, acabe desapareciendo de una vez y deje de hacer ruido.

Un deseo a todas luces imposible, ya que Internet y las nuevas tecnología han irrumpido en el mundo del arte para quedarse, tal y como demuestra su inclusión en los procesos de creación de un numero cada vez mayor de artistas, que proceden de todas las disciplinas, de la pintura al video pasando por la performance. Su definitiva aceptación se verificará naturalmente, a través del cambio generacional que se cumplirá cuando los actuales gestores del arte serán suplantados por la nueva generación de comisarios, directores, críticos y pensadores que, como Juan Martín Prada, llevan ya casi veinte años conviviendo con las expresiones más rompedoras y vanguardistas del arte contemporáneo.

En la actualidad Prada es profesor titular en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación de la Universidad de Cádiz y desde el 2007 es director externo de la plataforma Inclusiva-net del Medialab-Prado de Madrid. En el libro, su enfoque didáctico se refleja en la voluntad de poner de manifiesto la evolución histórica que vincula el net.art con las obras que se conservan en los museos, y también en su lucida insistencia sobre la necesidad de exponer el net.art en los museos como cualquier otra forma de arte. Por fin se destierra la vieja y falsa afirmación ‘el net.art está en Internet así que no hace falta exhibirlo en el museo’, a menudo utilizada como coartada para el desconocimiento, y se reconoce el museo como el lugar idóneo para exhibir net.art.
No hay que olvidar que, paralelamente a la formación de una nueva generación de críticos, existe también un nuevo público, formado por nativos digitales. Estos jóvenes, que han crecido con las nuevas tecnologías, serán los espectadores usuarios 2.0 de mañana y están acostumbrado a ensanchar su percepción y a responder instantáneamente a todo tipo de dudas con dispositivos digitales, así que no se conformarán con una contemplación tradicional.

Lo que de forma más apropiada podríamos calificar como ‘arte’ en el contexto de la Web 2.0 es, en definitiva, lo que más nos haría creer en la multitud interconectada, es sus posibilidades para el ejercicio de esa disensión frente al mundo tal cual es y que siempre ha sido la base motivacional de todo acto artístico: se hace arte porque el mundo no nos es suficiente”, aclara Prada en un libro que, a pesar de anunciarse como un análisis de lo que ha sido la creatividad online en la época de la redes sociales, se acerca en realidad a toda la historia del net.art.
Aunque en un primer momento parece que Prada parte de la posición, en nuestra opinión criticable, de querer dividir esta historia en dos partes: una primera época, el periodo heroico del net.art y una segunda época, centrada en la creatividad 2.0 y las redes sociales, resulta pronto evidente como en realidad es sólo un recurso formal para enfocar la publicación hacia la moda del momento, es decir el fenómeno 2.0.

En nuestra opinión aún es pronto para dividir el net.art en épocas, en cambio -como emerge del análisis histórico de Prada a través de obras, artistas y tendencias- estamos convencidos de que el arte del que habla es en muchos casos el directo precursor de las redes sociales y sus dinámicas.

Las plataformas con las que vivimos actualmente y que definen entornos sociales y de ‘multitudes interconectadas’ como Facebook, Twitter, YouTube, etc., son simplemente herramientas populares cuyo concepto ideológico en realidad fue teorizado por los net.artistas con muchos años de antelación. Desde su génesis el net.art ha puesto las bases para la participación colectiva y la creación compartida. Mucho antes de las redes sociales, trabajos pioneros de artistas como Antoni Muntadas, Andy Deck, Antoni Abad, Douglas Davis, Ken Goldberg, Roberto Aguirrezabala y otros muchos creadores que trabajaron con la red, pusieron los cimientos de una red abierta, creativa, interactiva y participativa.

Las redes sociales han venido después y ahora más que nunca se han convertido en plataformas para la experimentación. Con la web 2.0 y sus redes, la creatividad se ha ampliado y ha permitido la eclosión de lo que Prada define “la creatividad amateur”, que en la actualidad muchos artistas aprovechan a su vez para sus trabajos. Es el caso de las remezclas y las obras recientes de artistas como Jodi o Eva y Franco Mattes.

En nuestra opinión las plataformas sociales son simplemente una mala interpretación de lo que han promulgado los net.artistas con sus primeras obras participativas. Tal y como explica Prada, si en la década de 1990 el lema dominante era “navegar y perderse en la red”, ahora a pesar de todo lo democrático de la web 2.0 y de tener la sensación de ser más libres y activos que nunca, a través de los perfiles sociales, estamos asistiendo a un empobrecimiento creativo y formal. Plataformas como Facebook y Twitter han favorecido la decadencia de la experiencia de la “navegación”, que ha sido sustituida por la permanencia en páginas estáticas a través de las cuales son filtrados los contenidos de la red. Los usuarios se han convertido en proveedores de contenidos para entornos corporativos vacíos, que se están alimentando de los reflejos de sus vidas privadas.

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