Saltando entre epitafios en el Cementerio de la Almudena

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 18 de abril de 2012 – Entrada original en EL PAÍS

El Festival EMAF (European Media Art Festival), que se inaugura hoy en Osnabrück, Alemania, cumple 25 años, lo cual no está nada mal cuando se sigue hablando de nuevos medios. Además en vez de centrarse en la previsible y melancólica retrospectiva de lo que han sido 25 años de new media art, el festival pone el listón en lo más alto abordando las expresiones más experimentales y vanguardistas de la creación contemporánea. El programa es amplio y heterogéneo y, aunque el festival con sus premios, ciclos de películas, conferencias, debates y eventos de los más variados, dura sólo cinco días, Revolve, la exposición principal se mantendrá abierta hasta el 27 de mayo.

Revolve se centra en el concepto de movimiento y, a pesar estar físicamente ubicada en Osnabrück, la ciudad fundada por Carlomagno en 780, nuestro relato empieza en Madrid y más precisamente en el Cementerio Civil de la Almudena, escenario de una de las obras más controvertidas de la exposición. Se trata de Ser y durar, una vídeo instalación del dúo madrileño Democracia, formado por Pablo España e Iván López, protagonizada por un grupo de encapuchados que saltan literalmente entre las tumbas, donde reposan algunas de las personalidades más relevantes de la historia de España, como los presidentes de la Primera República Estanislao Figueras, Pi y Margall y Nicolás Salmerón; el fundador del partido Socialista Obrero Español Pablo Iglesias, el escritor Pío Baroja, el filósofo Pedro Laín Entralgo, la dirigente comunista Dolores Ibarruri y el pedagogo Francisco Giner de los Río, entre muchos otros.

La obra inmortaliza un recorrido de parkour, el arte del desplazamiento, surgido en la década de 1980 entre las subculturas de las periferias de París, en un intento de reconquistar el espacio urbano como espacio vital. El parkour, que se inspira en tácticas de entrenamiento militar, tiene reglas precisas. Los que lo practican, denominados traceurs, tienen que moverse de la forma más fluida y eficiente posible, sin retroceder nunca enfrentándose a los obstáculos con las únicas posibilidades que ofrece su cuerpo. “Cuando los traceurs saltan sobre una barandilla o suben un edificio, son enteramente indiferentes a su función o contenido ideológico. Como en la deriva situacionista, su objetivo es crear nuevos planos de la ciudad. En el parkour todo lo que se percibe como obstáculo, puede utilizarse para crear movimiento”, explican los artistas, conocidos por sus obras comprometidas.

La obra propone un recorrido psicogeográfico del espacio, que establece una tensión entre la movilidad de la práctica del parkour y la inmovilidad de la necrópolis, a partir de la idea que “en el Cementerio Civil de la Almudena de Madrid están enterradas buena parte de las aspiraciones igualitarias y revolucionarias de la sociedad española”, en palabras de los artistas, que en este y otros proyectos apelan a la desobediencia civil para abrir nuevos espacios de soberanía popular.

(Proyecto 1812_2012. Una mirada contemporánea, en homenaje a la Constitución de La Pepa de 1812)

Los epitafios enlazados por los recorridos de los traceurs van componiendo una narración que remite a las grandes utopías, los sueños de progreso y una revolución que quedó pendiente. Y esto, aunque el traceur no parte de una memoria histórica, sino de una memoria cotidiana elaborada a partir de sus recorridos , que niega la visión ‘histórica’ de la ciudad. Finalmente, según Democracia el lema que identifica los traceurs, “Ser y Durar”, es la contraposición perfecta a una inscripción del Cementerio Civil que reza “Nada hay después de la muerte”.

Por lo demás, no crean que en el espacio físico de la exposición, en Osnabrück, el ambiente resulte aburrido. Nada que ver con las acrobacias de los recorrido de parkour, aunque el concepto de movimiento de Revolve pone en serio aprieto los visitantes en más de una ocasión.

Desde las barreras de aparcamiento de Obstruction de Gustav Hellberg, que se activan según reglas no coherentes, obligando el público a itinerarios imprevisibles, hasta los robots activistas de Nika Oblak y Primoz Novak, que se desplazan a su antojo reivindicando la lucha para una sociedad mejor.

La pareja de artistas eslovenos Nika Oblak y Primoz Novak presentan también Sisyphus Actions, una vídeo instalación neumática donde unas personas reinterpretan obsesivamente una serie de acciones surrealistas, en el intento de salir de la pantalla en la que están encerradas. Lo sorprendente es que sus tentativos de huida no sólo repercuten físicamente en los límites de su jaula audiovisual, sino que también deforman las paredes del propio monitor.

Revolve marca el regreso de Karl Heinz Jeron, el inolvidable artista alemán pionero del net.art con el colectivo Sero.org, allá por 1994. En esta ocasión Jeron presenta A mobile phone opera in four acts, una performance robótica para teléfonos móviles que interpretan un libreto, recopilado por el artista transcribiendo “las molestas conversaciones telefónicas, que debemos soportar cuando viajando en un medio público alguien llama tu vecino de asiento”.

La selección de obras de Revolve pone de manifiesto como en nuestra sociedad, subsisten una serie de malestares y cohibiciones, surgidos de un entorno socialmente libre, pero construido sobre reglas estrictas. De todas forma el estado de bienestar de la sociedad occidental está cada día más comprometido, incluso en la mismísima Alemania. Lo demuestra Trash Hits de Ulrike Gabriel, que durante dos años ha estado monitoreando cómo unos contenedores de basura iban siendo visitados cada día por un creciente numero de necesitados.

Las obras son demasiado numerosas para poderlas analizar todas en este espacio, de modo que cerramos la reseña con la nueva versión del analizador de fisionomías, Physiognomic Scrutinizer de Marnix de Nijs, un artefacto algo parecido a un escáner aeroportuario, por el que todo visitante tiene que pasar antes de acceder al espacio expositivo.

De ese modo la máquina analiza su fisonomía y la clasifica en base a un software de reconocimiento facial, que se encarga de encontrar inevitablemente algún parecido entre el visitante y los rostros conservados en una base de datos de la policía. El trabajo, que denuncia el estado de vigilancia en que estamos viviendo, se propone demostrar que las identificaciones mediante programas informáticos a fin de cuentas se basan siempre en parámetros no objetivos.

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