Pintando con los dedos

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 05 de abril de 2012 – Entrada original en EL PAÍS

No hace falta ser un experto de arte. Cualquiera que haya visto Noche Estrellada (Starry Night) de Vincent van Gogh, aunque sólo en una reproducción, se ha dado cuenta del dinamismo de las pinceladas, que parecen cobrar vida bajo los ojos del espectador. La mayoría tan sólo se imagina el movimiento, pero el artista e ingeniero griego Petros Vrellis ha ido más allá, convirtiendo la obra que forma parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), en una pintura interactiva.

Utilizando OpenFrameworks, Vrellis ha creado una visualización interactiva, que el espectador puede activar arrastrando con sus dedos las pinceladas de van Gogh, reproducidas en una pantalla táctil, que reacciona creando movimientos fluidos y elegantes. Vrellis ha tardado más de seis meses para crear lo que define un “algoritmo líquido”, capaz de responder a la intervención del usuario generando remolinos de colores, que una vez pasada la interacción regresan a su estado original.

“El resultado depende en partes iguales de la programación y el proceso de calibración de todos los parámetros, para respetar y no traicionar la obra original”, asegura Vrellis, que en vez de artista prefiere definirse un “inventor de juguetes”. “Para mi lo más importante es encontrar nuevas formas de jugar y cuando utilizo el verbo jugar me refiero a experimentar rompiendo reglas y códigos preestablecidos”, asegura el creador.

Esta semana Petros Vrellis acaba de lanzar también la versión para iPad, que se puede descargar a través de App Store por el módico precio de 1,99 euro. Muy pronto estará disponible también la versión para Android.

La animación de Starry Night genera un efecto hipnótico y fascinante, que según el feedback recibido por el artista funciona como relajante natural, aunque la obra original fue pintada en 1889, un año antes del suicidio del artista. El maestro holandés la creó inspirado por el cielo estrellado que observaba durante las noches desde la ventana de su habitación en el sanatorio de Saint-Rémy-de-Provence, donde se recluyó hacia el final de su vida.

En el movimiento reside la fuerza de la obra original. Lo único que he hecho ha sido visualizar este evidente flujo. Estoy convencido de que esta era la intención de Van Gogh y prácticamente todos los que han visto el cuadro, en el MOMA o en un viejo libro de historia del arte, deben haber percibido este movimiento”, concluye Vrellis.
Nunca sabremos cómo habría reaccionado van Gogh delante de esta noche interactiva, pero sin duda no le habría dejado indiferente.

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