Mi vida como Tamagotchi

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 07 de abril de 2012 – Entrada original en EL PAÍS

“Acabo de terminar mi encierro en esta habitación hikikomori y tengo la sensación de haber gastado una enorme cantidad de tiempo en una caverna de Platón con paredes color melocotón”. Lo afirmó la artista australiana de origen asiático Eugenia Lim al salir de la habitación, creada para este propósito en la galería West Space de Melbourne (Australia), donde ha permanecido encerrada durante una semana (Encierro digital o en cama con Eugenia: El Arte en la Edad del Silicio, 22 de marzo de 2012). A través de esta performance-experimento, denominada Stay Home Sakoku: The Hikikomori Project, la artista se propuso reproducir la situación que viven centenares de jóvenes japoneses, encerrados voluntariamente en sus cuartos, con la única compañía de su ordenador, por periodos que pueden prolongarse durante meses. El hikikomori, que literalmente significa apartarse, es un trastorno psico-sociológico característico de la sociedad japonesa, aunque está llegando también al mundo occidental.

“No pretendo hablar en nombre del fenómeno del hikikomori en Japón, me doy cuenta de ser una extranjera que vive y trabaja en un contexto cultural y geográfico muy diferente. Sin embargo creo que hay aspectos del hikikomori, que se están convirtiendo en una tendencia mundial y que necesitan ser examinados. ¿Qué significa para nuestros cuerpos y mentes, nuestra creciente dependencia de los dispositivos digitales en los ámbitos de trabajo, ocio y relaciones sociales? Viviendo virtualmente a través de la página web, he percibido este  impacto muy profundamente,”, aseguró Lim, que como los jóvenes japoneses, ha rechazado cualquier contacto que no fuera virtual, delegando su supervivencia, como si fuera un Tamagotchi humano, a amigos y espectadores desconocidos, que se han encargado de proporcionarle bebidas y alimentos.

Mi contacto con las personas a través de la web ha sido mucho más positiva de lo previsto. No tenía ni idea de quién o si alguien estaría interesado en una artista que se había encerrado durante una semana en una galería. Sin embargo mucha gente ha facilitado el desarrollo del proyecto en el mundo físico, alimentándome y proporcionándome agua. También me ha gratamente sorprendido que muchos extranjeros se han tomado un tiempo para hablar conmigo tanto de temas triviales y cotidianos como de asuntos más profundos, desde la política o la crisis económica hasta el significado del arte o mis razones para realizar el proyecto. También tuve el privilegio de descubrir nueva música, filosofía y películas (así como un montón de basura!), gracias a las sugerencias de las personas con las que he estado conversando. Es realmente asombroso y satisfactorio la cantidad de gente que ha decidido hablar e interesarse por las motivaciones de alguien que no conocen de nada”, indicó la artista, cuya trayectoria se ha desarrollado sobretodo en el ámbito del videoarte y las instalaciones.

“Lo que me ha empujado a realizar esta performance, reduciendo el contacto con el público exclusivamente a la dimensión virtual, ha sido la necesidad de desafiarme a mí misma, para ver cómo viviría una situación en la que estaría completamente sola, pero bajo la vigilancia de millares de ojos anónimos y a la vez conectada con desconocidos de todo el mundo, sin importar su ubicación física”, añade Lim. A lo largo de sus días de reclusión, la artista ha reflexionado mucho, sobre la que considera la pregunta central del proyecto, es decir ¿las nuevas tecnología nos liberan o nos convierten en esclavos de nuestras propias herramientas?
“Durante estos días para mi los mundos online y offline, es decir virtual y físico, se han fusionado y el tiempo no se ha medido en minutos y horas, sino que ha sido marcado por la duración de las canciones en mi lista de reproducción en YouTube o por el tiempo de las conversaciones mantenidas través del chat “ explicó Lim, asegurando que al vivir encerrada en esta habitación hikikomori, utilizando exclusivamente herramientas digitales, se dio cuenta de hasta que punto depende de ellas.

“En el mundo virtual y en menor medida en el mundo exterior, veo que la Red y todo lo que representa es a la vez una bendición y una maldición, porque en cierto modo, aunque contiene todo el conocimiento, nunca proporciona todas las respuestas”, indicó. Además de estar expuesta a las miradas del público remoto de Internet, la artista pudo ser espiada por los visitantes de la galería de Melbourne, donde estaba ubicada la habitación escenario, a través de un agujero en una de las paredes, que reforzaba el aspecto voyeurista o exhibicionista, según se mire, de la acción. “Aún no se cómo me sentiré tras transcurrir estos días protegida en mi cueva. Me gustaría seguir trabajando en esta línea, desarrollando proyectos análogos en otros contextos culturales, tal vez en un espacio público, porque estoy convencida que la tensión entre lo privado y lo público es una de las partes más importantes de este proyecto”.

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Encierro digital o en cama con Eugenia (22 Mar 2012)

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