Descuartizando vacas en tiempo real

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 31 de marzo de 2012 – Entrada original en EL PAÍS

No se sabe que es lo que ha empujado el célebre artista británico Damien Hirst a instalar dos webcam que trasmiten a lo largo de las 24 horas del día, todo lo que pasa en su estudio de Londres. Quizás se trata de un sincero tentativo de acercarse a las nuevas tecnologías desde una actitud vivencial o simplemente de una estrategia para otorgar una nueva vida virtual a sí mismo y a las criaturas artísticas en formaldehído, que le dieron a conocer. Unas obras cuyos génesis parece remontarse a su juventud, cuando trabajó una temporada en una morgue, desarrollando un interés que años después plasmaría en sus polémicos tiburones descuartizados.

La web transmite en tiempo real las capturas de las dos cámaras, ubicadas en el espacio vital y profesional de Hirst y se mantienen en función, cuando el estudio está abierto. La primera ofrece una toma horizontal de la sala y la segunda una vista desde arriba del espacio. Sin embargo, hasta el momento las cámaras no han captado ninguna vista de Damien Hirst ni de sus conocidas vacas o tiburones descuartizados, sino tan sólo sus colaboradores trabajando asiduamente en la realización de su próxima obra, una extraña mesa decorada con motivos caleidoscópicos.

Nacido en Bristol en 1965, Hirst se hizo famoso en la década de 1990, a través de una exposición organizada por el marchante, coleccionista y empresario publicitario Charles Saatchi, que dio inicio al movimiento internacionalmente conocido como Young British Artists. Actualmente es considerado el artista de su generación más cotizado, aunque ha habido varias polémicas sobre supuestas operaciones económicas para hinchar el precio de sus obras.

Por lo que se refiere a esta iniciativa, no se trata de un proyecto artístico sobre nuevos medios, sino tan sólo de una herramienta  aplicada a un contexto artístico tradicional, un ejercicio voyeruistico alrededor de uno de los personajes más polémicos del mundo del arte actual. El voyeurismo virtual se ha convertido en una práctica, cada día más de moda, que abarca desde proyectos artísticos de corte intelectual a iniciativas publicitarias puras y duras. Es el caso de las oficinas de la empresa basca Kukuxumusu, que han traslado sus instalaciones por los próximos dos meses en la galería de arte Moisés Pérez de Albéniz en Pamplona. El trabajo de los 22 empleados, así como sus charlas y reflexiones, se podrán observar y escuchar en tiempo real desde tres cámaras, que retransmiten desde la web de la galería. La iniciativa, bautizada Kukuxumusu Relocated, es el proyecto más reciente de Mikel Urmeneta, empresario y diseñador, que define el evento, “un ejercicio radical de transparencia de empresa”.

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