Encierro digital o en cama con Eugenia

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 22 de marzo de 2012 – Entrada original en EL PAÍS

¿Es posible que las nuevas tecnologías en vez de liberarnos nos estén convirtiendo en prisioneros de nuestras propias herramientas? A esta y otras preguntas sobre la relación entre los seres humanos e Internet, intentará responder la artista australiana Eugenia Lim a través de una performance extrema, que comienza hoy.

La acción consiste en encerrarse por una semana en una habitación de cinco metros por cinco, especialmente construida para este propósito en la galería West Space de Melbourne en Australia. De ese modo, el espacio de la galería se convertirá en un escenario, muy parecido a la habitación de una adolescente, donde Eugenia Lim se recluirá voluntaria e ininterrumpidamente desde las seis de la tarde (las 8 de la mañana de hoy, hora española), hasta el próximo jueves 29. Durante este periodo los únicos contactos que la artista podrá mantener serán con el público a través de Internet.
La iniciativa, titulada Stay Home Sakoku: The Hikikomori Project, se inspira en el fenómeno japonés del hikikomori, que significa literalmente apartarse e indica un trastorno sociológico típico de Japón, síntoma de un fuerte desequilibrio psíquico. Este síndrome, que afecta sobretodo a los adolescentes, les empuja a encerrarse en sus habitaciones para temporadas que pueden prolongarse durante años, rechazando cualquier tipo de contacto que no sea virtual. El fenómeno, por el momento ajeno a la sociedad occidental, no tiene nada que ver con la costumbre de encerrarse en la habitación para escuchar música, chatear con los amigos o navegar por la red de nuestros jóvenes.

El hikikomori y sus motivaciones más profundas han obsesionado Eugenia Lim hasta el punto que ha querido experimentarlo en primera persona, aunque sólo sea por una semana. El objetivo de la artista es reproducir la sensación de aislamiento, para intentar entender cómo puede afectar una persona que la experimenta voluntariamente durante un largo periodo. “Esta sensación de aislamiento tiene similitudes con los conflictos de Australia, un país contradictorio, verdaderamente multicultural y, al mismo tiempo, afligido por el pánico del puerto de frontera, una relación irresuelta con los pueblos indígenas y los conatos de racismo”, asegura Lim, que tiene orígenes orientales, aunque no es japonesa. El término Sakoku del título, literalmente ‘país en cadenas’, remite a un hecho histórico, que se remonta al periodo incluido entre 1633 y 1853, cuando Japón era un país cerrado, bajo la Ley Sakoku, que condenaba a la pena de muerte cualquier persona que entrara o saliera del país.
El fenómeno del hikikomori refleja el interés por los tabúes y las identidades marginales de Eugenia Lim, una vídeo artista que trabaja también con fotografía e instalación, combinando disciplinas distintas, para reflexionar sobre temas relacionados con la identidad, los estereotipos culturales y las razas. “Estoy convencida de que este fenómeno se está difundiendo lenta y sigilosamente en la vida de todos nosotros. Cada día somos más dependientes de la tecnología y las aplicaciones de la web 2.0, que casi inadvertidamente nos están convirtiendo en una nueva especie de reclusos, encerrados en nuestros aparatos y conectados digitalmente con el resto del mundo” afirma la artista.

Durante todo el periodo de la introvertida performance, la vida cotidiana de Lim podrá ser escrutada en tiempo real, gracias a la retransmisión en streaming desde la página web de Stay Home Sakoku: The Hikikomori Project. También se podrá chatear en directo con la artista, que estará a disposición del público varias horas cada día y también relatará su experiencia en un blog, donde se propone reflexionar “sobre el significado de tener una vida digital”. Por su precisa voluntad, el streaming no será de vídeo, si no a través de imágenes que se actualizarán cada 15 segundos. “Es una forma de subrayar que, más allá de la aproximación de corte voyeurista por un lado y exhibicionista por el otro, quiero establecer con el público un contacto directo y una relación de debate e interacción recíproca”, explica Lim. Aunque los visitantes de la galería la podrán ver en vivo, expuesta como una obra más, sus contactos con el mundo exterior, se realizarán siempre y solo a través de Internet. Lim no podrá abandonar el escenario, ni recibir visitas y llevará consigo una serie de objetos de primera necesidad, que detallará al comienzo de la performance en la web del proyecto. Para subsistir tendrá sólo agua y para alimentarse dependerá de la generosidad del público. A partir del viernes 30, cuando la artista dejará su encierro voluntario, el espacio se convertirá en una instalación que se podrá visitar hasta el 14 de abril.

La performance de Eugenia Lim se inscribe en una tendencia bien radicada en Internet desde sus inicios, que combina las prerrogativas del voyeurismo en directo con la reflexión sobre los cambios generados por la irrupción de las nuevas tecnologías en las relaciones interpersonales y afectivas. La más célebre pionera de esta corriente del accionismo online fue Jenni Ringley, más conocida como JenniCam, que en 1996, empezó a retransmitir su vida en Internet las 24 horas del día y no paró hasta 2003. Aunque a Ringley no la animaba ninguna veleidad artística, su experiencia se convirtió en una de las piedras miliares del camino del arte en Internet y como tal participó en numerosas exposiciones.

Entre los muchos proyectos artísticos realmente interesantes que la siguieron, queremos destacar Domestic tension. La web recoge la experiencia del artista iraquí Wafaa Bilal, que en 2007 se encerró durante un mes en una galería de Chicago bajo el fuego de los internautas, que le podían disparar con una pistola robótica cargada con bolas de pintura. “Quiero escenificar el drama de la población civil, indefensa, a la espera de convertirse en el próximo blanco de un misil tripulado a distancia. Sin embargo, quiero plasmar el sufrimiento sin hacer hincapié en las emociones más dramáticas, sino involucrando la gente en una especie de juego familiarmente peligroso”, nos explicó Bilal en aquella ocasión.

También merece una mención la más reciente cronológicamente, The artist is present, la performance, concebida en 2010 para la retrospectiva homónima, que Marina Abramovic retransmitió en directo a través de Internet durante más de dos meses, desde el MoMA de Nueva York. Para realizarla Abramovic permaneció sentada, en completo silencio, en una sala del museo, exactamente 716 horas, a disposición de los visitantes, que podían tomar asiento delante de ella y acompañarla el tiempo que quisieran (compatiblemente con la presión de la larga cola que se formó cada día de la acción). Abramovic, internacionalmente reconocida por sus trabajos de larga duración sobre la identidad, las relaciones interpersonales y las conexiones entre el tiempo artístico y el tiempo cronológico, hizo gala de una imperturbabilidad rayana a lo extraterrestre, aguantando seráfica las miradas de los presentes, así como del público remoto que siguió la acción desde medio mundo.

TEMAS RELACIONADOS:
Abramovic: 716 horas ante una cámara (1 abril 2010)
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