El extractor de pensamientos enquistados

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 19 de marzo de 2012 – Entrada original en EL PAÍS

¿Cómo no sorprenderse y lanzarse a experimentar unas máquinas con nombres tan sugerentes como Extractor de las angustias de cuando se va el sol, Resignificador de años perdidos o Transcodificador de estados de ánimo no definidos? ¿Quién no necesitaría un Extractor de pensamientos enquistados? Estos inventos de nomenclatura imposible son sólo algunos ejemplos de las piezas que componen Los Aparatos, la más reciente instalación interactiva de los artistas argentinos Federico Joselevich y Julia Vallejo.

Fascinantes, extraños y lúdicos, estos artefactos mezclan de forma ecléctica e imprevisible materiales y soluciones modernas, utilizando el absurdo para producir un efecto metafórico y naturalmente se prestan a interactuar con todo el que se deje “intervenir”. Los Aparatos de Joselevich tienen un aire vintage, que les hace parecer máquinas del siglo XIX, recién salidas de un cuento de H. G. Wells y no tienen nada que ver con tantas herramientas que circulan en la red, propaganda de una cultura que se define Steampunk, inspirada en la estética victoriana.

Se trata de un conjunto de piezas, que construyen metáforas de soluciones para sufrimientos habituales en nuestra vida cotidiana, exploran emociones compartidas, momentos difíciles y lugares comunes de las dificultades de la vida contemporánea. En práctica Los Aparatos son diez objetos/prototipos, que simulan un funcionamiento químico/orgánico y permiten la interacción del visitante, que puede aportar diferentes elementos a la propia instalación o mantenerse en el papel más contemplativo del espectador. A través de la tecnología, el uso del humor y recursos muy variados (químicos, físicos, literarios, filosóficos, psicológicos y mecánicos), modernos y antiguos, de soporte digital o en papel, Los Aparatos materializan la crítica de Joselevicha un sistema donde la felicidad y el bienestar se convierten en bienes de consumo, alcanzables a su vez a través de objetos de consumo masivos”.
Entre los artefactos hay algunos que utilizan Internet como proveedor de información, de datos, situándose así en el meollo de la problemática del net.art. Otros emplean sensores de presencia, termómetros, cámaras y micrófonos para modificar su funcionamiento. El visitante es pasivo con algunos y activo con otros.

Hay aparatos que reflexionan sobre evidencias antropológicas, que hemos olvidado en un mundo donde las tecnologías han transformado demasiado rápidamente nuestros estilos de vidas. Es el caso del Extractor de las Angustias de cuando se va el Sol, un remedio para una molestia emotiva, que se remonta a los orígenes de los mitos más antiguos del hombre primitivo, el primer agricultor, que se enfrentaba a esta terrible y cotidiana angustia, esa incertidumbre mortal: ¿volverá el sol? Un síndrome que la vida moderna ha dejado escondido, pero que no por eso resulta menos agresivo. “Confundido, el hombre moderno cree sufrir de stress, desórdenes de la atención o ataques de pánico y se entrega al consumo desorbitado de psicofármacos que a gatas pueden restituir las formas”, alerta Joselevich, que tras haber vivido muchos años en Barcelona ha vuelto a Buenos Aires y al inconfundible acento porteño.

Otros inventos pueden ser muy útiles como el Triturador de Sentimientos de Culpa, aunque va utilizado con mucho cuidado, ya que una eliminación excesiva de la culpabilidad podría convertirse en incapacidad temporal o definitiva para experimentarla, “caso éste último de consecuencias imprevisibles y aterradoras”, asegura el artista. Para enfrentarnos a los tiempos inciertos que nos esperan Joselevich aconseja un Traje cubre cuerpos para tiempos difíciles, que entre las demás herramientas incluye un filtro de opiniones ajenas, de modo que el usuario escuche sólo aquellas opiniones que quiere y/o necesite oír.

A la espera de poder experimentar en España todas estas máquinas, Los Aparatos, que fue galardonado -y por tanto realizado- gracias a la convocatoria de producción del Medialab del Centro Cultural de Cultura de España en Buenos Aires (CCEBA), se exhibe hasta el 7 de abril en el Museo Provincial de Bellas Artes Timoteo Navarro de San Miguel Tucumán (Argentina). A finales de marzo Joselevich impartirá un taller sobre el tema en iFoundry, una incubadora del College de Engineering de la Universidad de Illinois, dedicada a la transformación de la enseñanza de la ingeniería para adecuarla a los retos y oportunidades de la contemporaneidad.

Admitimos tener cierta debilidad por la producción artística de Federico Joselevich, con quien ya colaboramos en Barcelona, cuando formaba parte del colectivo area3 y juntos producimos la instalación World Wall Painters, para la exposición Web as Canvas/La Red como Lienzo en el marco del festival Art Futura 2002.
Con Los Aparatos Joselevich deja el diseño y la estética más pop de area3, para volver al papel de artista artesano del siglo XXI, con un trabajo basado en la tecnología, pero con artefactos construidos como piezas únicas. Máquinas que hubieran hecho la felicidad de John Harvey Kellogg, que además de inventar los célebres copos de maíz homónimos, fue un medico partidario de la dieta vegetariana y de los métodos holísticos que aplicaba en el extravagante balneario de Battle Creek a primeros del siglo XX. Joselevich, cual “artista obrero”, se pone una bata blanca e introduce el público en el universo de las máquinas, guiándole y intentando curarle del malestar que provoca la sociedad contemporánea.

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