Un museo de quita y pon

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 27 de febrero de 2012 – Entrada original en EL PAÍS


The MINI Museum of XXI Century Arts es un objeto único, casi un obra de arte y a la vez un museo portátil. Sus obras se pueden exhibir en casa, entre amigos, en la oficina, en una galería, en el metro, la calle o incluso no exhibirlas para nada, dejándolo en la propia mesita de noche. Única prerrogativa del MINI Museum es que para funcionar necesita un enchufe eléctrico.
El nuevo e insólito museo está abierto a las contribuciones de cualquier artista y se desplaza por el mundo en una pequeña maleta que contiene todo el equipo necesario para ponerlo en marcha: un marco digital con sus periféricos (el espacio expositivo), una llave USB (el almacén de obras) y un manual de instrucciones.

El proyecto surge de una idea del comisario y crítico italiano Domenico Quaranta, director y cofundador de LINK Center for the Arts of the Information Age, un centro de arte multifuncional que promueve la creación basada en las nuevas tecnologías. Quaranta, que fue comisario del Expanded Box de ARCO, el espacio dedicados a los nuevos medios de la feria de arte contemporáneo, ha creado esta plataforma u objetos que sea y la ha liberado en el mundo entregándola al primer artista que la ha solicitado. A partir de allí las reglas son estrictas, aunque muy flexibles. Para conseguir el MINI Museum es imprescindible ser un artista. Terminado el uso que le quiere dar, cada participante tiene que subir su contribución artística en la llave USB en dotación, de modo que la obra entre a formar parte de la colección del museo portátil. Cada “portador” del museo tiene luego que encargarse de encontrar el siguiente “receptor”, aunque contactando con el director del proyecto cualquiera puede proponerse como candidato en el caso que falten pretendientes o pedir el contacto con el actual propietario para reclamar la “dirección temporal” el museo portátil.

El proyecto, que hasta la fecha ha contado con la participación de artistas reconocidos como Paul B. Davis y Thomson & Craighead, ambos de Londres o Nick Crowe y Ian Rawlinson de Berlín, regresará a su lugar de origen, el LINK Center sólo cuando la llave USB en la que se va almacenando su colección de obras digitales, esté llena.

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