No solo de cine

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 13 de febrero de 2012 – Entrada original en EL PAÍS

Que la industria cinematográfica esté sucumbiendo bajo el alud de contenidos proporcionados por las plataformas digitales, no es una novedad, pero sobretodo es un tema que va mucho más allá de la supuesta amenaza constituida por los internautas que hacen uso de la redes P2P.

Resulta por tanto sorprendente que, por primera vez, este sector se haya abierto al lenguaje digital, aunque todo sea dicho, la apertura viene de uno de sus eventos más independientes, el Sundance Film Festival, fundado por el comprometido actor Robert Redford. En su 12ª edición la prestigiosa manifestación ha introducido en su programa las nuevas tecnologías, con New Frontier, una exposición centrada en trabajos interactivos, a mitad entre cine y videojuego, que materializan la convergencia de cine, arte y nuevas tecnologías. La muestra, que reúne instalaciones multimedia, performances y debates, se mantendrá abierta en el Salt Lake City Art Center, hasta el 19 de mayo, mucho después de la clausura del festival.
En mayoría se exhiben obras vinculadas al contexto cinematográfico o relacionadas con problemáticas generadas por las nuevas tecnologías. A menudo son interactivas, pero debido a su vertiente instalativa están pensadas para ser experimentadas in situ y no mediante una conexión remota, a través de Internet.

Entre los proyectos nos ha gustado especialmente whiteonwhite: algorithmicnoir, una película noir experimental de Eve Sussman y el colectivo Rufus Corporation, conocidos por haber convertido en vídeo Las Meninas de Velázquez. El filme, que se proyectará también en febrero en la próxima Berlinale, se genera en tiempo real con una narrativa construida con 3.000 fragmentos visuales, 80 archivos vocales y 150 secuencias sonoras, manipuladas y controladas por un ordenador definido una “serendipity machine”.

La selección de obras rinde homenaje también al artista y docente italiano Paolo Pedercini, internacionalmente conocido por su proyecto Molleindustria y sus “juegos radicales”. Sus proyectos se hunden en las llagas de nuestra sociedad y, bajo el disfraz del entretenimiento, ponen de manifiesto situaciones controvertidas, dobles realidades y la hipocresía dominante.

En la muestra se exponen cinco de sus juegos más célebres como Oiligarchy, una reflexión sobre la corrupción y las guerras generadas por la industria del petróleo, y McDonald’s Video Game, una cruda parodia sobre la cadena de producción, oculta detrás de una de las más célebres multinacionales de la alimentación. También destaca el reciente Phone Story, una aplicación que ha sido censurada y retirada por el App Store, porque revela los entresijos y las facetas ilegales que se esconden detrás de las industrias de las telefonía móvil y denuncia la explotación laboral de los menores que trabajan en Congo extrayendo coltán, un mineral indispensable para la fabricación de componentes electrónicas de los teléfonos móviles.

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