Una cuestión de empatía

Por: Roberta Bosco y Stefano Caldana | 30 de enero de 2012 – Entrada original en EL PAÍS

En una gran sala vacía y pintada de blanco del Museum of Contemporary Art de Sydney se despliega una larga hilera de flexometros pegados a la pared. De pronto, cuando alguien entra, la instalación cobra vida y los metros se activan, deslizándose por el muro, bajo la mirada asombrada del visitante que cruza el amplio espacio. Si éste permanece demasiado en la sala, las cintas métricas no pueden dejar de crecer y finalmente, por su propio peso y longitud, acaban desmoronándose ruidosamente en el suelo. Tras la catarsis, con un silbido casi imperceptible, los metros vuelven a su estado original, enrollados en sus cajitas a la espera de las próximas visitas. La instalación resulta fascinante por su poético aire low tech, combinado con sofisticados recursos sonoros y tecnológicos, que le permiten calcular cada hora el tiempo total transcurrido en el espacio por la suma de todos los visitantes.

La obra, titulada Tape Recorders, es una comisión del Museo de Arte Contemporáneo de Sydney para Recorders, la exposición monográfica de Rafael Lozano-Hemmer, abierta hasta mediados de febrero. No es la única pieza que el principal centro australiano ha encargado al artista nacido en México y nacionalizado español, que vive en Montreal (Canadá), cuando no viaja por el mundo con sus obras. El otro encargo, Voice Array, consiste en una larga estaca resplandeciente, también pegada a una pared, que el visitante activa hablando a través de un viejo intercomunicador. Automáticamente su voz se convierte en un patrón único de destellos luminosos que se van sumando, pero no mezclando, a las 288 contribuciones anteriores, generando un hipnótico desplazamiento sonoro y luminoso en el espacio.

Fiel a su pasión por Internet, el artista ha creado una página web, concebida especialmente para la muestra, que permite realizar una visita virtual más que satisfactoria, considerado que se encuentra al otro lado del mundo. Vídeos, fotos y explicaciones acompañan las obras que marcan la trayectoria de Lozano-Hemmer, un artista capaz de crear instalaciones gigantescas de gran presupuesto y resultado espectacular, pensadas por espacios públicos e interacciones multitudinarias, que permiten a miles de personas convertirse en artista por un día, así como piezas de dimensiones más reducidas, concebidas para sus numerosos coleccionistas y las galerías que le representan: Max Estrella en Madrid, OMR en Ciudad México y bitforms en Nueva York. Cuando es necesario también sabe hacer intervenciones minimalistas de bajo presupuesto y tecnología de resistencia como 33 Preguntas por Minuto, que creó para la Bienal de La Habana de 2000, un evento en el que volverá a participar en mayo.

Sea como sea, lo que caracteriza todas las obras de Lozano-Hemmer, protagonista del primer pabellón de México en la Bienal de Venecia 2007, es la posibilidad de participación e intervención del público, que siempre, de una forma u otra, presencialmente o a través de Internet, tiene que involucrarse directamente en las piezas. Con mirarlas no es suficiente, hay que entenderlas, experimentarlas, tocarlas… a veces es casi como un juego, otras implica reflexiones más profundas, pero no hay nunca el regocijo del tecnócrata, las interfaces son intuitivas y brillantes, interesantes para un experto y de fácil comprensión para un novato.
Muchos de sus primeros trabajos, aquellos que le dieron a conocer, se inscriben en lo que él mismo definió como “arquitectura relacional”, un término acuñado para denominar eventos interactivos a gran escala, capaces de transformar edificios emblemáticos, áreas urbanas e incluso zonas rurales, mediante interfaces tecnológicas, cuyo verdadero sentido está en la interacción entre la obra y el público. Inolvidable su instalación Alzado Vectorial, que se estrenó en Ciudad de México la noche del cambio del milenio y luego se expuso en numerosas ciudades, incluida Vitoria para la inauguración del museo de arte contemporáneo Artium. La pieza consta de 18 cañones de luz robóticos, mastodontes poderosos, fácilmente controlables a través de Internet, para crear con un programa de realidad virtual, gigantescas esculturas de luz en el cielo.

Además de visitar la exposición de Sydney en la red, en España ahora mismo se puede ver una obra de Lozano-Hemmer, Frecuencia y volumen, en el centro Arts Santa Mònica de Barcelona, en el marco de  Campos invisibles. Geografías de las ondas radio, una exposición (abierta hasta el 4 de marzo) que reúne proyectos que intentan visualizar aquella infraestructura invisible denominada espectro electromagnético. Gracias a Frecuencia y volumen, cualquier persona puede convertirse en una antena humana y usar su cuerpo para sintonizar cadenas de radio. Para hacerlo necesita tan sólo caminar en la sala oscura, donde la sombra que produce su cuerpo le permite captar cualquier frecuencia y también subir o bajar el volumen de la emisión. La cosa se pone interesante cuando en la sala entran varias personas a la vez y el babélico concierto que generan, ofrece una idea del enjambre de ondas que nos rodea.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s